miércoles, 13 de noviembre de 2013

Autogol




Desde el mismo 9 de noviembre, día en que los Camisas Rojas –versión tropical de las SA hitlerianas- y “el pueblo” ejecutaron los saqueos ordenados por el “presidente”, comenzaron a aparecer en Internet las evidencias de que la maniobra constituía un teatro dirigido a varios fines: entorpecer la “Marcha Autoconvocada”, crear el caos inductor de guerra civil como último recurso para salvar la revolución, generar la conmoción civil que justifique la Habilitante y un estado de excepción para consolidar la dictadura, recuperar algo de la perdida popularidad del régimen, proporcionarles a las huestes fieles las dádivas que la carencia de dinero ya no permite para la campaña electoral, y crear la ilusión de que existe un gobierno preocupado por el bienestar popular.


Así, vimos fotos de Chávez y miembros de su familia abrazados con los dueños de las primeras tiendas saqueadas y denunciadas por Maduro. Los árabes dueños de DAKA e Ivoo –de quienes se afirma tienen vínculos con Hezbolá- sonrientes con jerarcas del régimen. “Empresarios” que según citan algunas fuentes, saltaron a las ligas de los megadólares y gigafortunas a partir de su apoyo al gobierno durante el paro de 2003.


Fotos de abrazos no significan gran cosa, claro está. Pero otros hechos se conjugan. El abogado Carlos Ramírez López, quien se caracteriza por hacer denuncias muy bien sustentadas y fidedignas, señaló en Twitter que los “turcos” propietarios de DAKA, Nasri, Ivoo y otras, son apadrinados por socios en la jerarquía del gobierno. A Nasri la vincula con García Carneiro. A DAKA con Acosta Carlez inicialmente y la familia Chávez-Arreaza, luego. 


Denunció Ramírez –como también ya lo han hecho periodistas de investigación y tuiteros de a pie- que los empresarios recibían dólares preferenciales a Bs 4,30 por los que tenían que pagar una comisión de Bs 12 adicionales a funcionarios de CADIVI. Entre mayo y diciembre de 2012 nada más, más de $200 millones fueron otorgados a DAKA y compañías relacionadas. Esto ya eleva el costo del dólar a Bs16,30 por unidad. Según las mismas fuentes, al Indepabis se le pagaba por las cajeras principales en efectivo. Escriben los empleados de estas tiendas en un blog que abrieron al efecto tiempo atrás, que eran frecuentes las visitas de altos funcionarios del régimen a sus locales.

Afirma el abogado que el matrimonio de los Yussef (DAKA) con el gobierno duró hasta hace unos meses, cuando Falles, uno de los hermanos, pidió rebaja sobre el porcentaje de comisión o mordida de los revolucionarios. 


Sin aminorar la gravedad de la corrupción y el fraude al país que las denuncias señalan, es necesario insistir en que esto no es lo más relevante. Sean socios o no, amigos o enemigos, es muy evidente que la forma de manejar las violaciones de estos “empresarios” no es ordenando el saqueo de sus tiendas, ofreciendo a la turba la potestad de hacerse justicia y tomar la Ley en propia mano. Para estos efectos existen los órganos competentes: Indepabis, CADIVI, SENIAT, Fiscalía, Poder Judicial y cuerpos de seguridad del Estado. Arrogarle ese derecho al “pueblo” es bárbaro y criminal.


No menos importante es que el hecho de que un gobierno, luego de 11 años de conducta especulativa delictual de estos comerciantes, es que viene a descubrir que había irregularidades en su giro. ¡Tomó más de una década a los órganos del gobierno percatarse de que las tiendas vendían a 10 veces el monto del dólar preferencial! ¿Será que los funcionarios de Indepabis, SENIAT, CADIVI. Guardia Nacional, etcétera no usan calculadoras? ¿Será que las calculadoras de los funcionarios del régimen solo sirven para calcular la "merecida" mordida revolucionaria?


Hablemos claro, un gobierno que “descubre” al cabo de 11 años que lo estaban engañando está alegando su propia torpeza o está confesando su propia corrupción. No cabe otra interpretación.

La reacción de muchos no se hizo esperar. En las redes sociales comenzaron las peticiones de que el régimen publique las listas de los beneficiados con los dólares preferenciales. En la Asamblea Nacional –mientras en una extraña coincidencia se quemaban los archivos del Ministerio de Comercio en Parque Central- la oposición exigió a la bancada del PSUV que produzca tales listas. La respuesta fue el silencio acompañado de miradas al techo. La razón es sencilla: la lista es precisamente de los socios, testaferros, parientes y amigos boliburgueses de la jerarquía del partido. Es autoincriminatoria.


Para continuar con el acto dos de la obra de teatro, el ilegítimo cucuteño –autor de la frase “que los anaqueles queden vacíos”- negó haber ordenado los saqueos. Ahora ordenó reprimirlos. La misma Guardia Nacional que el 9 de noviembre cargaba con plasmas y blue rays, ahora capturaba a los saqueadores. Y algo muy grave y potencialmente trágico: Nicolás ordenó al “pueblo” capturar a los saqueadores e impedir los saqueos. Nuevamente instruyó a los civiles a tomar la Ley en sus manos asignándoles funciones que corresponden a los órganos el Estado. Evidentemente intenta propiciar el enfrentamiento y la guerra entre hermanos.


Pero el pueblo no es pendejo. Pude constatar en la calle, en conversaciones escuchadas a taxistas y aun obreros, que tienen claro que los llamados empresarios corruptos son socios o testaferros de los propios gobernantes. Un humilde taxista dijo: “creen que uno es tonto, todo el mundo sabe que DAKA es de Diosdado”. De manera que aunque algunos se tragaron el cuento forjado en Cuba para Nicolás, una buena parte de la población ya está harta de los intentos de engaño de la dictadura. En este sentido, la burda maniobra de Nicolás se tornó en un boomerang.


En una economía en la que muchos alimentos sufrieron un incremento de 400% en el precio, como es el caso de los huevos, en la que escasea la leche para los niños, el régimen ordena “hacer justicia” saqueando televisores. Otra incoherencia que demuestra la intención funesta detrás de la criminal orden.


Pero a la maniobra ordenada por los cubanos –réplica exacta de la que le recetaron a Mugabe en Zinbabwe en 2007 y que llevó a ese país un cataclismo económico el año siguiente- para intentar salvar el pellejo y su dominio colonial, se le ven las costuras del fraude al pueblo a kilómetros. Y este pueblo, como me afirmaron dos obreros, está cansado de ser engañado. La reacción de indignación popular ante este nuevo desmán –por lo demás muy torpe- de la dictadura chavocastrista, prueba que somos testigos de otro autogol de un régimen desesperado.




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe


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