viernes, 25 de octubre de 2013

Suprema Felicidad





No se puede negar que si algo ha tenido la revolución bolivariana son sus manifestaciones de preocupación por el bienestar del pueblo. Como todo político que se respete en la historia, los revolucionarios, comenzando por el Comandante Amoroso, han vociferado la defensa de la felicidad de ese pueblo ante sus enemigos, como la oligarquía, la burguesía, los gringos, los judíos, el capitalismo y el imperialismo (el yankee, esto es, ya que el chino y el cubano son muy beneficiosos). ¡Hasta han ofrecido –en su mejor interés- ponerlo “rodilla en tierra” y comenzar una guerra civil si ese pueblo es “derrotado” electoralmente por quienes amenazan ese bienestar! (¿?). Para institucionalizar la defensa de ese bienestar, el Galáctico mandó a incluir el derecho a la felicidad en su Constitución de 1999. 


De esta manera, el régimen instituyó una retahíla de misiones para llevarle bienestar a su pueblo. Desde la Misión Robinson para enseñarlo a leer y escribir (pero no lo suficiente como para que deje de votar por él), hasta la Misión Vivienda para proporcionarle techo (que este techo sea de mala calidad y condicionado al voto favorable, bajo contrato que nunca otorga plena propiedad, no desvirtúa ese amor por los más necesitados), pasando por la Misión Patria Segura que ha costado la vida de algunos inocentes (que en puridad de principios no son pueblo ya que pueblo sólo son los más pobres o la boligarquía roja). Por supuesto, el hecho de que todas esas misiones no constituyen más que limosnas con bienes que por pleno derecho ya le pertenecen como venezolanos, y de que solo sirven para apaciguarlo mientras la élite -que con ellas obtiene su voto- asalta las Arcas del Estado, no le resta mérito a ese gesto altruista de la revolución.


En esa eterna búsqueda del bienestar de los venezolanos, y para que no quede ninguna duda al respecto, ayer Nicolás Maduro anunció la creación del Viceministerio para la Suprema Felicidad del Pueblo. ¡¿Quién dijo que la felicidad no se decreta?!


Sentimos profundo agradecimiento hacia el gobierno nacional por la creación de este despacho. Es la demostración inequívoca del amor que tiene a su pueblo el régimen. Alguna medida tenía que tomar para contrarrestar las plagas que azotan y amenazan la existencia del pueblo venezolano. Y la tomó.


¿Cómo podía un régimen humanista pasar por alto el padecimiento de un pueblo que no consigue ni harina, ni leche para sus hijos, ni medicinas para la gripe o el cáncer, ¡ni papel tualé!? (Vamos a estar claros, quizás sea posible ser feliz sin comida pero sin papel tualé, ¡jamás!). ¿Cómo podía gobernar tranquilo un socialista sabiendo que su pueblo tiene que pagar Bs 105 por el mismo cartón de huevos que hace siete meses costaba Bs 30? ¿Cómo podían ser insensibles unos gobernantes ante el asesinato de 65 venezolanos todos los días? ¿Cómo quedarse con los brazos cruzados viendo el dolor de las madres, hermanos y amigos de 200 mil venezolanos asesinados en estos 14 años de revolución? ¿Cómo no hacer algo cuando tantos compatriotas están siendo carcomidos por el cáncer sin poder encontrar las salvadoras drogas antineoplásicas? ¿Cómo puede tener tranquilidad un gobernante sabiendo que sus presos políticos y sus familias sufren? ¿Cómo permanecer inmóvil viendo a una población aterrada por la debacle económica y política que lo está arropando? Había que hacer algo, y lo hizo.






Un gobernante responsable desea la suprema felicidad para todo su pueblo, no solamente para unos privilegiados. Era lo más natural que después de haberla proporcionado para algunos que salieron de la más infeliz pobreza, esta felicidad se democratizara. No sería justo que solamente las familias Chávez, Cabello, Ramírez, Andrade, Istúriz, Saab, El Aissami, Isea,  Carreño, Flores, Maduro, Jaua, y unas 500 más de boliburgueses, tuvieran acceso a esta suprema felicidad gracias a sus riquezas, en especial, sin haber trabajado jamás. ¿Acaso es justo que mientras María Gabriela se pasea por los más opulentos centros comerciales del Imperialismo luchando denodadamente contra el capitalismo el pueblo sea infeliz? ¿Se justifica que mientras Rosa Virginia se sacrifica en su lucha socialista viviendo en La Casona atendida por servidumbre pagada por el Estado haya tantos hacinados en refugios? ¿Era aceptable que mientras Jorge Rodríguez por fin pudo comprarse su apartamento de $2 millones en Altamira y ahorrar lo suficiente para guardar unos churupos en Panamá otros vivan en la calle? ¿Acaso solamente Cilia Flores merecía salir del barrio para ahora tener mansiones hasta en Florida? ¿Se podía permitir el privilegio de pasar de no tener vivienda a poseer dos mansiones solamente a Tibisay Lucena? ¿No merece todo venezolano la felicidad de Aristóbulo Istúriz que logró salir con su salario de servidor público de una humilde pocilga en la Avenida Panteón para tener varias residencias y un hermoso yate? ¿No debería ser el derecho de todo venezolano realizar el sueño dorado de Diosdado Cabello que evolucionó en pocos años desde guardia de seguridad en una empresa de seguros a ser uno de los hombres más ricos del país con su paso por la Administración Pública? Pues no, no debe haber privilegiados; no le negamos derecho a los jefes revolucionarios a tenerla, pero todos los venezolanos merecen la misma “suprema felicidad” como recompensa a sus esfuerzos de superación personal.


Claro que habrá algunos escollos bloqueando el camino hacia esa felicidad suprema. La falta de dinero no es el menos importante. Ingresos insuficientes, las reservas esfumadas, el peligro de default por la incapacidad de pagar compromisos vencidos, el peso de una deuda externa de $250.000 millones, el colapso de la infraestructura, y la desaparición del aparato productivo son algunos de estos obstáculos. 




Mas es posible que mientras se superen esos obstáculos, el Viceministerio de la Suprema Felicidad logre proporcionarle alguna felicidad a su pueblo, proveyéndole gratuitamente dosis diarias de antidepresivos a cada venezolano. Y siempre estará el recurso de que con la autoridad dada por la Ley Habilitante, se decrete el fusilamiento de todo aquel que en este paraíso revolucionario socialista sea incapaz de encontrar la “Suprema Felicidad”.





Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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