miércoles, 9 de octubre de 2013

Patética amenaza





La risa se encontraba con las lágrimas, aunque la ocasión llamaba solo al llanto si las amenazas del indocumentado que solicitaba poderes especiales en una Ley Habilitante llegaren a cumplirse. Pero era inevitable cuando el pobre iletrado leía un discurso escrito muy probablemente por sus enemigos que deseaban exponerlo al ridículo, dañar aún más su imagen mostrándolo como un analfabeta funcional a quien se le enredaba la lengua al pronunciar palabras y nombres de autores de obras que nunca había leído y que jamás había visto antes.




Vamos a estar claros. Es imposible no convulsionar de la risa al ver a un ser que parece un personaje encarnado por el gran Rafael Guinand en uno de sus sainetes, pretendiendo cultura citando hemorrágicamente en cada línea del discurso a pensadores, siendo incapaz siquiera de pronunciar sus nombres: “Benton Bret” es Bertold Bretch; las letras no me permiten reproducir los sonidos que emitió cuando no logró proferir el segundo apellido de Mario Briceño Iragorri; y a Jaques Derrida, en una especie de parto oral, lo llamó “Yaks Derrwidát” (aproximadamente, pues era casi imposible entenderlo). Aquí celebró que la bancada opositora soltara la carcajada (no dudo que alguno que otro rojo no lograra contenerse y lo hiciera también), para disimular su torpeza. 


Fue un caso de brote colectivo de eso que llamamos “pena ajena” en todo el país. Es muy posible que la embriaguez causada por riqueza y poder no haya anestesiado a secuaces y parientes impidiéndoles sentir la vergüenza que todos sentimos, aun tratándose de un dictador cucuteño impuesto por fraude y fuerza. ¡Pobre Venezuela!


Y no fue solamente con los nombres de autores que se le trababa la lengua cuando por primera vez en su vida leía las palabras que encontraba en el malévolo (sobre todo con él) discurso. Al intentar hacer gala de conocimientos de la Historia de Venezuela, nombró a una Compañía “Güipuzcuana” (con una “ü” con diéresis y sin “o”, wuipuzcuana) en lugar de Guipuzcoana. La lista de sus errores de dicción es interminable.


Demostrando que logró evadir la escuela toda su vida y que jamás se graduó de bachiller, en vez decir “cito”, cada vez que sus ojos tropezaban una cita textual, avisaba: “Abro comillas (...) Cierro comillas”. ¡Hasta los puntos y comas los anunciaba como si estuviera dictando un telegrama! Claro está, varias veces aclaró que el discurso lo había escrito él y que su redacción le había tomado un mes… (Risas de conmiseración).


Sin duda imitaba a su comandante eterno cuyo talento era muy superior. Al comandante le gustaba memorizar citas de autores no leídos que le escribían sus asesores para aparentar conocimiento. Aunque su lectura –era patente- se reducía a alguno que otro panfleto, agendas y almanaques, a algún best seller como el “Oráculo del Guerrero”, y quizás algún libro de un comunista trasnochado; era un artista memorizando. Jamás se equivocaba en el contenido de las mismas aunque no las entendiera, y raramente erraba en su dicción sobrecorregida. Pero el eterno era bachiller graduado en liceos construidos por adecos y copeyanos, y había pasado por la Academia Militar de la “Cuarta” República. 


Es evidente que hubo o maldad en la redacción del discurso, o mucha brutalidad por parte de los autores, o sencillamente, como mencionara, fue obra de sus enemigos. El haberlo sometido a la ordalía de leerlo es algo que no se le hace a un amigo, y menos a alguien a quien se le quiere mostrar como apto gobernante ante un país. La retahíla de errores, la incapacidad de pronunciar  palabras que no pertenecen a su cotidianidad, revelan que, o existía el ánimo de dañarlo con esa tortura de leer lo ilegible para él, o hubo absoluta torpeza de los escritores que quizás pensaron en lucirse con palabras domingueras y citas de intelectuales, y no en la lesión que causarían a la imagen del ignorante cantinflérico. ¿Los habrá contratado Diosdado Cabello? ¿Los habrá infiltrado la MUD? Quizás fue obra de J. J. Rendón…




Pero apartándonos de la forma que en este caso es importante, examinemos algo del fondo que a todas luces es más preocupante:

La solicitud de poderes especiales por Ley Habilitante, junto a ciertos hechos coetáneos, reveló el plan de acelerar el proceso de profundización del comunismo en Venezuela, de la represión cruenta a cualquier resistencia, y de consolidación de la dictadura por la fuerza, bajo la excusa de la lucha contra la corrupción. Por ejemplo, junto a los anuncios hechos en la AN, se supo que Nelson Merentes, integrante del equipo económico durante casi toda la dictadura, matemático con poca o nula formación en Economía y Finanzas partidario de la libertad de mercado y de cierto grado de apertura capitalista, quizás “a la china”, fue expulsado del gabinete ministerial y sustituido en el cargo por Rafael Ramírez, cuyo único mérito es haber aniquilado a PDVSA; compañía que ahora produce dos tercios del petróleo que producía cuando él asumió su dirección hace más de una década y un tercio de lo que debería producir de acuerdo a los planes de expansión del propio régimen;  y que hasta gasolina ahora debe importar. Ramírez pasa a manejar las finanzas del país siendo un ingeniero sin formación en esta área, cuyos conocimientos de la materia se reducen a calcular el porcentaje de su mordida en los contratos del Estado y a la selección del banco suizo más idóneo para esconder sus churupos habidos en la lucha revolucionaria por el pueblo.


El ilegítimo indocumentado calificó de “temprana” la lucha que decreta contra la corrupción, a pesar de que se anuncia 15 años después de haber llegado al poder (recordemos que la lucha anticorrupción fue la bandera del difunto para ganar en 1998 y llevar al poder al más corrupto régimen que ha conocido el continente), y luego de haber dilapidado todos los recursos y dejado vacío el Tesoro Nacional. Le declaran guerra “temprana” a la corrupción cuando no dejaron ya nada, ni un bolívar,  con qué corromperse. Sin embargo, debemos reconocer que el que un gobierno que es citado por organismos internacionales como el más corrupto de la región (cosa que sus nacionales pueden atestiguar) decida luchar contra la corrupción, tiene su mérito.


Sin entrar a analizar que solamente está en capacidad de incurrir en corrupción administrativa quien administra desde el poder, quien está en el gobierno y no en la oposición o que no gobierna, merecen capítulo especial las palabras que el usurpador le dedicara a la corrupción de CADIVI. Parecía que estuviéramos en presencia de una obra de Ionesco al escuchar al hombre despotricar contra este organismo como si se tratara de una oficina del gobierno japonés. Hablaba contra el “cavidismo” y sus corruptos soslayando el hecho de que todos los venezolanos somos testigos de las grandes fortunas súbitas rojas rojitas, de altos funcionarios y boliburgueses, muchos sentados en esa audiencia de la AN, surgidas de ese CADIVI creado y operado por revolucionarios de la revolución (redundancia intencional). En general, todo el discurso contra la corrupción daba a pensar que en estos últimos 14 años estuvieron gobernando los adecos o los extraterrestres, pero jamás los bolivarianos (¿o debemos llamarlos “dolarianos”?).



Imposible no sentirse transportado al ver a los revolucionarios aplaudir y gritar consignas contra la corrupción, ostentando riquezas en su costosa indumentaria recién adquirida, a una imaginaria película de Martin Scorcese en la que Alphonse Capone, Sam Giancana, Vito Genovese, Lucky Luciano, Bugs Morán, Carlo Gambino, Paul Castellano, Frank Calabrese, Albert Anastasia, Joe Bonano, Salvatore Maranzzano, y Jonh Gotti se reunieran en una sesión de los sindicatos de la Cosa Nostra para decretar la lucha contra la Mafia.


Quedó muy claro que el colombiano que nos gobierna decretará, además de la persecución tenaz de la disidencia y la consolidación de la dictadura, el aceleramiento en la instauración definitiva del comunismo, bajo órdenes cubiches, quizás producto del debilitamiento severo del régimen rojo. También que el modelo a adoptar no es el chino de capitalismo de Estado con manejo totalitario de la sociedad, sino el de comunismo total al estilo cubano o coreano del Norte, tan exitoso en llevar hambre, desnutrición, retraso y muerte al pueblo. Modelo copiado del de comunas de Mao y Stalin, que tanto China como la Rusia del propio Stalin tuvieron que desmontar hace medio siglo a consecuencia de la mortandad por hambruna que causó su fracaso. El sistema comunal mató a unos 80 millones de chinos y rusos. Cincuenta años después del colapso y remplazo de las comunas en China y la URSS, los rojos tropicales están “inventando la rueda” con su instauración. ¿Qué les hará pensar que este sistema fallido sí tendrá éxito por primera vez en la historia en este país caribeño? (En Cuba, parásita de la URSS, España y Venezuela no se puede hablar de éxito del comunismo, como tampoco en Corea del Norte que depende parasitariamente de China).


La Habilitante será absolutamente irrelevante e inútil como sostén de la revolución. El populismo fascista nacionalista militarista socialista no se podrá sostener con las arcas del país vacías, sin dinero para comida siquiera, con un gobernante ilegítimo tanto por su origen electoral fraudulento y como por su doble nacionalidad de la cual ya todas la fuerzas vivas del país están en conocimiento. Por si fuera poco, el desprestigio internacional del régimen agrava la situación.


Habilitante o no habilitante, es la crónica de una muerte anunciada: la de la fallida revolución bolivariana.



Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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