miércoles, 16 de octubre de 2013

Los últimos estertores



No es solamente lo que se escucha en la calle, en el Metro, en el taxi, en las colas para comprar comida, en las de telecajeros… No es solamente lo que se lee en Aporrea… ¡Hasta Heinz Dietrich, padre del Socialismo del Siglo XXI, anuncia el proceso de implosión que sufre el régimen en vía a su definitivo colapso! Aun los chavistas perciben que la situación es insostenible y que se acerca un desenlace.



Es posible que la minúscula base popular que le resta a aquello que una vez conocimos como chavismo –me refiero a la más ingenua, fanática y ciega (los corruptos y malandros no están engañados)- todavía crean la especie de la “guerra económica” que dirige el “parásito” Henrique Capriles (según dijera el indocumentado cucuteño sin advertir que reconociéndole el poder al Presidente Electo despojado de poner de rodillas a un régimen “todopoderoso”, incapaz de defenderse de esa guerra, muestra su extrema debilidad y le otorga méritos al adversario que lo hacen merecedor de gobernar). Pero es improbable que al menos el 80% del país se trague tan infantil cuento. Hasta los bachilleres saben que la inflación, por ejemplo, es resultado de políticas económicas erradas, o que la escasez se ha observado en todo régimen socialista de la historia, desde la URSS hasta Cuba, pasando por China (antes de hacerse capitalista) y Corea del Norte. ¿Acaso piensan que Capriles libró su “guerra económica” contra esas fracasadas experiencias comunistas también? Nadie en su sano juicio es capaz de creer que Capriles, con los empresarios, está en capacidad de crear la debacle económica que vive Venezuela gracias al fracaso rotundo e irreversible de lo que pretendió ser una revolución que ya lleva tres lustros en el poder.


Tampoco encuentra ya credibilidad ni en los chavistas de buena fe y con discernimiento, la fábula de que si no es “guerra económica” de Capriles, la derecha fascista y J. J. Rendón, entonces los males son culpa de la llamada Cuarta República. Después de todo, ya han pasado 15 años de este gobierno, el doble del tiempo que le tomó a Europa recuperarse de la destrucción casi total de la Segunda Guerra Mundial. Excusa esta –por cierto- que encierra la confesión de propia torpeza, pues si en ese lapso tan prolongado no han tenido la capacidad de revertir esos supuestos vicios, ya será imposible que ahora lo logren.




Ante una situación como la que encara el régimen en estos momentos, carente de legitimidad, gobernabilidad, sustento popular, y –quizás lo peor- de dinero para mantener su populismo clientelar, la conducta a seguir por parte de políticos sería, en el caso de sistemas parlamentaristas a la europea, la disolución del gobierno y la formación de uno nuevo de coalición; en el caso de sistemas presidencialistas como el de Venezuela, una transición negociada, previa renuncia, nuevas elecciones, y formación de un gobierno de unidad nacional. Este tipo de solución atendería primero al interés del país, y permitiría a los salientes salvar algunas cuotas de poder, e incluso la impunidad de algunos de sus delitos. Pero este no es un gobierno de políticos sino de militares de escasa formación, con visión muy primitiva y cuartelera de lo que es la política, asociados a malandros que los años que debieron ser de formación los dedicaron a la guerrilla y a asaltar bancos. Para el político pactar con el adversario es una necesidad cotidiana, esencia de su oficio. Para el militar el adversario es un enemigo a aniquilar con quien no hay pacto posible.


De manera que enfrentado al inevitable colapso, el régimen “cívico-militar” no optó por negociar una salida institucional, sino  por profundizar la militarización, la represión y la revolución.



Bajo instrucciones de Cuba, Maduro –a quien los militares han considerado hasta ahora pero no por mucho tiempo más, un mal políticamente necesario- solicitó una Ley Habilitante que le será otorgada, para reprimir la disidencia con excusa de una supuesta lucha contra la corrupción. Esta Habilitante prevé incluso la posibilidad de que el Ejecutivo legisle en materia penal, violando la Constitución, el Principio de Legalidad, y la Reserva Legal en materia penal que corresponde exclusivamente a la AN. Es decir, Maduro tendrá la capacidad de crear tipos de delito para perseguir a la oposición. Esta clase de violaciones solo se ha observado en las dictaduras más primitivas y depravadas que conoce el hombre.



Por otra parte, crearon el CESPPA (Centro Estratégico y de Seguridad para la Protección de la Patria) con el objeto de obtener (espiar), evaluar y censurar toda la información que fluya en el país; la que podrá modificar o silenciar fundamentándose en la protección de la Seguridad Nacional. Su supervisión no estará limitada a los medios de comunicación, sino que afectará a todas las instituciones sociales, oficiales o no, incluyendo los órganos del Poder Político, lo que se traduce en la subordinación de todos los poderes públicos, incluyendo el Ejecutivo, a este ente de carácter militar. En dos palabras, es la instauración de la dictadura militar férrea por medio de la tutela del resto de los órganos del Estado.


También se anunció la militarización de la economía (¡¡??). Un concepto tan demencial que es hasta difícil de asir. Pretenden la presencia militar en toda la actividad económica, desde bancos hasta areperas y perrocalienteros, pasando por automercados. De nada sirven cientos de años de avance en las Ciencias que muestran que la economía es una suerte de organismo que en ciertas situaciones se autoregula y tiende al equilibrio, en otras tiende al caos y requiere políticas de estabilización, que obedece a leyes modelables matemáticamente, pero que bajo ningún concepto está sometida a las órdenes  de un sargento, como un soldado. Apartando el hecho de que el fracaso de este régimen en el que la presencia militar en la Administración Pública ha sido además de casi hegemónica, muy corrupta, indica que esta medida difícilmente ofrezca alguna posibilidad de éxito. En lenguaje llano, después de quince años en el poder, los militares han demostrado que son un desastre gobernando.


Y es que se trata de militares de muy primitiva y pobre formación que se han desnaturalizado en la concepción de su función: piensan que ella es gobernar al pueblo cuarteleramente, cuando es velar por y defender la soberanía de ese pueblo, su territorio, sus riquezas, su patria. El militarismo es una perversión, y el militarismo llevado al extremo es una perversión extrema.




Existen indicios vehementes de que hay un enfrentamiento de los comunistas más jóvenes apoyados por Cuba (caso Maduro, El Aissami, Jaua) contra los oficiales originarios del 4F (como Cabello, Vielma, Chacón, Arias, Isea) que solo toleraban la cubanización con el galático, y que se ha hecho patente con la huida de Rafael Isea a la DEA del Imperio ante la persecución de El Aissami y sus secuaces, quienes lo acusan de corrupción en la Gobernación de Aragua. Según denuncian facciones del chavismo, el sector militar ripostó denunciando la compra por Víctor Vargas -en calidad de testaferro de El Aissami- de Últimas Noticias, con $168 millones de dólares provenientes de la corrupción de CADIVI (curiosamente este tipo de corrupción la denunció Maduro en su discurso para solicitar la Habilitante en la AN bajo el nombre de “cadivismo”). Algunas fuentes sostienen que mientras tanto Isea está revelando a la DEA las vinculaciones de los hermanos El Aissami con el hijo del Presidente de Surinam, en el narcotráfico a gran escala. Ha trascendido que otros “originarios” están en la mira de los cubanófilos. Es obvio que la persecución de algunos chavistas de menor importancia servirá de cortina de humo y disimulo para encubrir la arremetida que se avecina contra opositores. Pero es evidente que en el trasfondo, rojos y verdes del chavismo están enfrentados a muerte en el colapso de la secta y su revolución.




Siempre ha sido motivo de intriga por qué fascistas, militaristas y comunistas (en el fondo sinónimos) tropiezan no una, sino múltiples veces con la misma piedra. Toda dictadura moderna (al estilo de Hitler) ha buscado en sus comienzos una Habilitante para justificar la represión de la resistencia. Toda dictadura fracasada, de izquierda o de derecha, ha tenido su CESPPA; la tuvieron Hitler, los soviéticos, Pinochet, y ya sabemos a dónde fueron a parar. Como con el caso de las comunas trágicamente fracasadas de Mao y Stalin que hoy intentan instaurar con las mismas esperanzas de éxito de albergaron esos sátrapas, sorprende que insistan en “inventar la rueda” con las nuevas medidas, como si no estuvieran enterados de su invención eras atrás; una “rueda”, además, que jamás ha funcionado.

Somos testigos de los manotazos desesperados de un régimen que se hunde en las arenas movedizas de su propio fracaso, en el estiércol de su propia corrupción. Que en medio del pánico (muy patente en el caso de Maduro y Cabello que pierden el control reiteradamente, uno con rendimientos fallidos, errores y desatinos de toda suerte, el otro con atropellos, violaciones y amenazas sin límites contra los diputados de la AN y la oposición) está tomando medidas que precipitarán su caída.


Es inevitable sentirse el copiloto de un conductor que al ver el barranco en el horizonte, afinca todo su peso en el acelerador del vehículo…




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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