lunes, 7 de octubre de 2013

La marcha del engaño







“Es más fácil engañar a la gente que convencerla de que ha sido engañada”

Mark Twain




“A mi comandante lo tienen engañado” argumentaban los fieles creyentes cuando veían frustrada la solución a sus problemas vitales; solución que fue la promesa que les hiciera votar por su comandante desde el primer momento. Catorce años después de haberlo llevado al poder, con una resignada ingenuidad que llama a la conmiseración, que causa inmenso dolor en los hermanos que los vemos sin el velo del fanatismo, todavía justificaban que su comandante los hubiera echado en el olvido con la excusa de que los Nicolases Maduros y Diosdados Cabellos que constituían su entorno lo engañaban cruelmente con el incumplimiento de sus órdenes de ayudar a su necesitado pueblo.


Poco importaba que la letanía “a mi comandante lo tienen engañado”, definía a su comandante como a un perfecto imbécil susceptible de ser engañado por todos, todo el tiempo, durante años.


Pero a la luz de los hechos que se desarrollaron luego del 7 de octubre de 2013 cabe hacerse algunas preguntas, como “¿quién engañaba o engaña a quién?” Por ejemplo, bajo la pretensión de continuar capitalizando la imagen del caudillo como único recurso para sostenerse, hoy el régimen convoca a una marcha para celebrar el triunfo electoral de esa fecha en el que el galáctico ganó unas elecciones –sabemos hoy con certeza- por fraude masivo. Para ganar esas elecciones, además de usar todos los recursos e “instituciones” de un Estado al que comprometió económicamente más allá de lo racional, recurrió a un –casi sádico- engaño: “estoy curado, me siento más fuerte y vivo que nunca.Viviremos y venceremos”. Sabemos que fue engaño y que no lo manifestaba de buena fe, pues anteayer el cucuteño Nicolás Maduro confesó al país que durante las semanas finales de aquella campaña electoral, el candidato oficialista sufrió dolores terribles –“inaguantables”, dijo- por su estado de salud gravemente afectado.


Y el engaño continuó. En diciembre de 2012 el eterno barinés partió a Cuba para someterse a una cirugía cruenta en un intento desesperado para salvar su vida, e impuso al colombiano incapaz que hoy está dándole el tiro de gracia al chavismo y al país, como su heredero en la presidencia. Lo ofreció con vehemencia como la mejor opción para el futuro. Hoy se sabe que de esa cirugía jamás se recuperó y que su condición se deterioró gravemente hasta morir, posiblemente, tal como lo reportan fuentes fidedignas, en los últimos días de ese mes de diciembre. Pero los venezolanos han de recordar que en esos días de agonía Nicolás Maduro, así como todos los medios oficiales del régimen, informaban acerca de la milagrosa recuperación del líder. Hasta sesiones de ejercicios físicos le atribuían.


Luego de dos meses de más engaños, el gigante de Sabaneta –de quien muchos ya informaban que había muerto- regresó al país tan recuperado que la enfermera Dubraska Mora lo vio entrar casi “trotando” y de muy buen ánimo al Hospital Militar (tuvimos el agrado de saber semanas más tarde que Dubraska obtuvo del gobierno un apartamento que necesitaba desesperadamente). En el Hospital Militar, según nos informaran Maduro, Cabello, Villegas, y otros honestos voceros del régimen, el soldado bolivariano se recuperaba satisfactoriamente, al punto de que solo días antes del anuncio de su muerte, sostuvo maratónicas reuniones de trabajo con su equipo, que incluían al actual presidente ilegítimo y a su cómplice, el presidente de la AN.


¿Pero a quiénes estaba dirigido el inmisericorde engaño? Claramente no lo estaba a los disidentes y opositores del régimen quienes percibían con toda claridad que algo muy turbio sucedía y exigían pruebas del estado real de salud del autócrata. Así que necesariamente se debe concluir que el engaño era para sus propias huestes: ese pueblo abusado, irrespetado, víctima de reiterados fraudes en forma de promesas incumplidas, receptor de migajas a cambio del voto que mantenía en el poder a la élite expoliadora que llevó al país a la más absoluta ruina, y que causará niveles de pobreza y esclavitud para ese pueblo ingenuo que jamás podrá imaginar.


En el aniversario de ese engaño supremo, un gobernante que engañó al pueblo con el más patente fraude electoral el 14 de abril; que engañó cuando ofreció “abrir las cajas” electorales que nunca abrieron; que engañó no solamente a sus acólitos acerca de la enfermedad y muerte de su líder; que hasta al propio líder engañó con respecto a algo tan vital como su nacionalidad; llama a que ese pueblo burlado hasta el cansancio marche para celebrar su propio engaño. A una marcha por la victoria fraudulenta de un hombre sin escrúpulos que sabiéndose moribundo, arriesgó hasta el bienestar económico de un país y la vida de su pueblo para sostener el proyecto de -o mejor- excusa para el latrocinio que es la revolución bolivariana. A marchar en celebración de haber sido engañado.


Y es que luce que el chavismo es una secta en la que el engaño es la esencia: el líder engañó al pueblo con sus promesas incumplidas; la cohorte del líder lo engañaba con el incumplimiento de sus órdenes y robando a sus espaldas, y engañaba a los seguidores sobre las condiciones de salud del líder; y los seguidores engañándose  a sí mismos al creer en las promesas incumplidas 14 años después de esperar su cumplimiento y en la honestidad de un gobernante que acumuló una fortuna tan formidable, que Rosa Virginia, María Gabriela, Huguito y generaciones de sus descendientes jamás tendrán que trabajar. Todos engañan a todos; engañan y se engañan.


Sin embargo, en este momento se puede afirmar que ya ese pueblo no es susceptible al engaño. Que se hartó de ser engañado y de que hierve en rabia e indignación por haber sido burlado. Según cifras oficiales muy adulteradas, la mitad del país se opuso a ese engaño el 14A. La cifra real ha de ser mucho mayor, lo que implica que ya existía erosión de gran magnitud en el chavismo engañado, o desengañado. En las semanas y meses subsiguientes los desmanes y desatinos de un régimen abiertamente totalitario que quedó en evidencia a partir del fraude que ya nadie duda, causaron que muchos más abandonaran las filas de lo que una vez fuera el chavismo, en el colapso de la secta sin líder. Hasta llegar al presente en el que una inmensa mayoría rechaza no solamente la ilegitimidad del dictador en razón del fraude electoral, sino su usurpación de la presidencia de la república por causa de su nacionalidad. ¡¿Quién puede seguir acompañando a un mentiroso complusivo que además de amenazar con sangre al país, se niega a mostrar una simple partida de nacimiento que acabaría de inmediato con una discusión que pone en peligro su propia supervivencia?!


El saqueo fue tan salvaje, que dejaron las arcas que les permitían financiar el populismo, absolutamente vacías. No hay dinero para comida, mucho menos para comprar lealtades. Solo permanecen al lado del régimen los muy ciegos, los muy fanáticos, los muy delincuentes o los muy comprometidos con el expolio del país. Pueblo no les queda. Se suicidaron con su ambición morbosa de riquezas y su ineptitud como armas.


“¡Chávez vive, el engaño sigue!” Pero ya nadie se presta para ser engañado. Ya la casi totalidad de los venezolanos repudia la ruina del país, el robo desalmado de sus arcas, y la entrega de su territorio, riquezas y futuro económico a otras potencias, especialmente a manos de un extranjero agente del G2 cubiche que los engañó hasta el ultraje. El engaño está llegando a su fin.





Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

No hay comentarios:

Publicar un comentario