jueves, 17 de octubre de 2013

La calle del medio




Algo siempre cuidó el Gigante Galáctico e hizo enormes esfuerzos por mantener hasta el último minuto de vida: la ficción de democracia en su dictadura.


Mantenía el país en elecciones permanentes para poder llenarse la boca con su fábula de la democracia participativa y protagónica; y se cuidaba de que a los reiterados fraudes electorales que fueron la regla por lo menos desde el Referéndum Revocatorio de 2004, no se les vieran las costuras. Además, se cubría las espaldas manteniendo en nómina a diplomáticos y políticos extranjeros –los Carters e Insulzas de este mundo- que avalaran la pulcritud de sus tropelías y protegieran su ficción de democracia en la arena internacional.


Jamás prohibió una marcha. Bien sabía que tal imbecilidad equivalía a una confesión de tiranía, además de que violaría la Constitución. Incluso el 11 de abril de 2002, dominado por el pánico ante el millón de venezolanos enardecidos que marchaban hacia Miraflores a pedirle la renuncia, se abstuvo de prohibir la marcha y prefirió reprimirla con grupos armados afectos al gobierno, y emboscarla con francotiradores extranjeros, prudentemente culpando a otros de su crimen.


Aunque es cierto que en ocasiones no podía contener su vena autocrática y aplicaba su bota militar a algún periodista, o empresario que le resultara incómodo a él o a alguna de sus hijas, o funcionario que desobedeciera sus órdenes de transgredir, como en el caso de la juez Afiuni; en general se esforzaba por mostrar su disfraz de demócrata.


Pero cuando sus herederos tomaron el poder, en especial luego del fraude patente del 14 de abril de 2013, la ficción de democracia se derrumbó estrepitosamente. No solamente con ese fraude grosero y abierto, sino con la negativa a recuento y auditoría independiente y completa, y con la feroz represión que siguió en los días y semanas siguientes, los inescrupulosos decidieron tomar la calle del medio y confesar con sus actos la existencia de una dictadura totalitaria en Venezuela. Llegaron al extremo al cual jamás se atrevió su Supremo: prohibir marchas y manifestaciones, hasta los cacerolazos. Sus actos y aun sus palabras, contradecían y contradicen continuamente sus declaraciones expresas de “defensa de la democracia ante las embestidas de la derecha fascista apátrida”. Decían preservar la democracia de estudiantes que eran salvajemente masacrados y torturados, y de familias que caceroleaban en sus hogares en donde eran arrestadas luego de violarles sus moradas, y arrastradas a los cuarteles.


Fue en esas semanas que siguieron al fraude que llevó al cucuteño indocumentado al poder que el presidente de la AN, Diosdado Cabello Rondón, con la visión del mundo que solamente puede tener un teniente iletrado, le manifestó diáfanamente a Venezuela y a la civilización la clase de dictadura totalitaria militarista que rige al país, cuando sin pudor alguno prohibió el derecho de palabra a los diputados opositores que exigían la auditoría y el recuento de votos para reconocer al candidato oficialista como Presidente de la República. No se paró en detalles como la Constitución y las leyes para negarle a los parlamentarios, violándoles la inmunidad parlamentaria, el derecho a parlamentar sin castigos. Y castigos recibieron, pues la prohibición de hablar, fue acompañada en sesiones siguientes con ataques físicos a los diputados opositores “fascistas” en el recinto de la AN, por parte de los “antifascistas” de la bancada oficialista dirigidos por Cabello, que los apalearon hasta mandar a varios de ellos, como María Corina Machado y Williams Dávila, a cirugía e internamiento en centros hospitalarios. Estos episodios de violencia de los “pacíficos antifascistas” irritados por el atrevimiento de los “fascistas” que apenas deseaban expresarse, no fueron más que un abrebocas, a juzgar por la terrible amenaza contenida en las palabras del siniestro y primitivo teniente Cabello: “No se equivoquen, Chávez era el único muro de contención de nuestras locuras”, es decir, “no nos provoquen porque los fusilamos”. Aunque es impropio llamar locuras a los actos de sociópatas y psicópatas a quienes la Psiquiatría no considera enfermos ni locos.


La creación de la CESPPA y la eventual promulgación de la Ley Habilitante “para luchar contra la corrupción” (en realidad para aniquilar a la disidencia), constituyen otra confesión de dictadura totalitaria de carácter militarista. La primera permitirá al Estado en cabeza de los militares, obtener (espiar), procesar, modificar, censurar, y prohibir, toda lo información que se genere en el país, incluida la emanada de entes del Poder Político. Una copia exacta al carbón de la CNI (Central Nacional de Informaciones)* de la dictadura de Augusto Pinochet que sucedió a la DINA, responsable de innumerables asesinatos, torturas y desapariciones. La segunda permitirá al dictador legislar y proceder contra la oposición con libre discrecionalidad, violando Constitución y leyes, y principios de Derecho como el de Legalidad y Reserva Legal. O sea, que podrá, incluso, inventar y crear delitos a conveniencia para reprimir y exterminar la resistencia. Un retroceso de 250 años en la evolución del Derecho. Los venezolanos quedaremos a la buena de Dios y solamente contaremos con los organismos internacionales y el Sistema de Protección de Derechos Humanos, así como la Justicia Penal Internacional.


Ayer el teniente Cabello, en atención a una resolución de la comisión nombrada para decidir en la materia, anunció la suspensión de los diputados Julio Borges y Nora Bracho, por el terrible crimen de intentar hablar, o más bien, de defenderse en el foro del parlamento de los ataques de que eran víctimas en el disparatado discurso mal leído por Nicolás Maduro cuando solicitaba a la AN la aprobación de la Ley Habilitante. Nuevamente vulnerando el Estado de Derecho, el teniente Cabello pisoteó la Constitución que garantiza la inmunidad parlamentaria, fundamentándose en un reglamento que ni carácter de ley tiene. En cristiano, se pasó la democracia por el forro del paltó.


En el colmo de la impudicia -la de alguien muy trastornado y que se siente muy poderoso (o muy temeroso)-, hoy escuchamos sin mucha sorpresa otra confesión en la boca de Diosdado Cabello, cuando amenazó al Presidente Electo Henrique Capriles Radonsky: “Cuando tomemos la decisión vas a ir preso y vas a pagar”. Imposible concebir una más clara confesión de colapso del Estado de Derecho y en consecuencia, de dictadura. Inequívocamente expresó el teniente ignaro que “ellos” –la cúpula podrida del PSUV y los militares- toman las decisiones que corresponden al Poder Judicial. ¡Hasta la condena la fijan “ellos”! No será un juez de la república quien decida en un tribunal el arresto de Capriles. Por supuesto que existe el precedente “judicial” de la doctora Afiuni, cuya prisión fue ordenada por televisión por el Comandante Eterno quien además, fijó condena de 35 años.


Es evidente que los atropellos y delitos del teniente Cabello revelan un grado muy alto de primitivismo e ignorancia que lo delatan en el ejercicio de poder dictatorial. También que viéndose acorralado, como parte de un gobierno, por la realidad de la ilegitimidad, la ingobernabilidad, la imposibilidad de sostenerse sin popularidad y sin dinero para financiar el populismo, en fin, del deterioro terminal e irreversible del régimen cuya caída final significará la posible pérdida del botín producto del expolio y una altísima probabilidad de cárcel, haya decidido, presa del pánico, huir hacia adelante. Tomar su fusil y disparar alocada y ciegamente corriendo en dirección a la posición aproximada del enemigo, con el fin o de destruirlo o de asustarlo, en una apuesta desesperada para salvarse.


Y todas las medidas que está tomando el régimen en estas fechas, la conducta errática y demencial del propio Maduro, incluso maniobras pueriles muy chapuceras como la del supuesto derribamiento de la avioneta del narcotráfico por un F-16 que la dejó en una pieza y con las hélices en perfecto estado, sin dispersión de sus partes cuando impactó en tierra, muestran a unos gobernantes aturdidos por el pánico, atolondrados huyendo hacia adelante, tomando la calle del medio y mostrándose como los dictadores militaristas que siempre han sido.



* El Decreto Ley 1.878 de creación de la CNI reza: con el objetivo de "reunir y procesar toda la información a nivel nacional, proveniente de los diferentes campos de acción, que el Supremo Gobierno requiera para la formulación de políticas, planes y programas... (y) ... la adopción de medidas necesarias de resguardo de la seguridad nacional y el normal desenvolvimiento de las actividades nacionales y mantención de la institucionalidad establecida".


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

No hay comentarios:

Publicar un comentario