jueves, 10 de octubre de 2013

¡¿Intrascendente?!





Ante las inquietudes que han surgido acerca de la nacionalidad del ilegítimo cucuteño la respuesta del presidente legítimo de Venezuela, Henrique Capriles Radonski, ha sido el silencio. Por otra parte, la dirigencia de la MUD en voz de Ramón Guillermo Aveledo, ha manifestado que la materia “es irrelevante”. Y en fecha reciente, Teodoro Petkoff, de quien algunos afirman es líder del llamado Grupo La Colina, al que se le atribuye complicidad con el régimen y participación en el fraude electoral a la vez que tiene importante presencia en la MUD, afirmó en días pasados que la nacionalidad de Nicolás Maduro “es intrascendente”.


¡¡¿”Intrascendente, irrelevante…”?!! Es difícil escuchar estas opiniones y el silencio (sí, el silencio puede ser ensordecedor a veces) y no alarmarse o preocuparse, cuando menos. Las preguntas surgen agolpándose: Si la nacionalidad del presidente de la república es “intrascendente”, ¿por qué la Constitución la norma y la establece como requisito para ese cargo?; ¿significa esto que la Constitución y las leyes son irrelevantes, meros adornos intrascendentes?; ¿para qué existe la Ley si los ciudadanos tenemos la potestad de considerar “intrascendente, irrelevante” el cumplimiento de algunos de sus mandatos?; y si el que calla otorga, ¿no es el silencio ante el asunto confesión de que la violación de las normas constitucionales acerca de la nacionalidad es aceptada? ¿Aceptan, entonces, nuestros más importantes líderes que la ilegitimidad en razón de la nacionalidad no existe en este caso?


Arguye el señor Petkoff que la nacionalidad de Maduro es “intrascendente” ya que él llegó en 1965 y desde entonces desarrolló vida civil, social, laboral y política como venezolano, y en consecuencia es venezolano. Es posible que en este sentido tenga razón. Sin embargo, Walter Márquez y otros, han denunciado un posible origen ilícito en la documentación venezolana del dictador: afirman que obtuvo –junto con sus parientes- cédulas de identidad falsas mediante pago de sobornos. Aunque de esto no hay pruebas,  no existen instrumentos que prueben o den soporte a la emisión lícita de su cédula. Para agravar las cosas, sí hay evidencia de que en repetidas ocasiones para diversos actos públicos (matrimonios, obtención del acta de defunción de la madre, etc.), el usurpador o presentó documentos falsos o no presentó documento alguno o mintió; en consecuencia cometiendo delito con relación a esta delicada materia. Esto difícilmente es “intrascendente” o “irrelevante”.


Mas pareciera que el señor Petkoff yerra (a menos que tenga una intención ulterior en hacer tales afirmaciones). Si aceptáramos que su nacionalidad es venezolana pues se sometió a los procedimientos legales para obtenerla o en todo caso, la tesis de que es venezolano por haber vivido más de 40 años como tal, aun cometiendo delito en la obtención de los documentos que acreditan su condición de ciudadano venezolano, el problema es otro. Ni el diputado e historiador Walter Márquez ni todos investigadores que se han abocado al caso han podido encontrar el Acta de Nacimiento de Maduro, incluso en los registros de las diferentes jurisdicciones en donde él dice haber nacido (ha declarado haber nacido en sitios distintos, lo que indica que miente). Ha sido misión imposible ubicar esa partida de nacimiento en Venezuela (y por razones misteriosas tampoco en Colombia, en donde se reportan presiones sobre las personas y funcionarios que conocen sobre el caso. ABC de España reportó que el gobierno de Santos ordenó bloquear la investigación). Pero sí existen indicios vehementes que prueban más allá de toda duda, que nació en Cúcuta o que cuando menos es hijo de madre colombiana por nacimiento, lo que de acuerdo a la Constitución y leyes de ese país, lo hace colombiano por nacimiento. Hasta hay fotos de él en el barrio Carora de Cúcuta, en donde vivió su niñez y donde era apodado “Colacho”. Nada señala que el títere de Cuba haya renunciado a su nacionalidad colombiana, así que todavía la detenta. Como la Constitución Venezolana prohíbe expresamente que el Presidente de la República tenga doble nacionalidad, está en violación de esta y su proclamación como tal es nula absolutamente. ¿Es esto “intrascendente”?


Pero hay algo aún más elevado que la letra de la Constitución y la opinión o el silencio de los líderes, que se conoce como voluntad popular. Y es el caso que la inmensa mayoría de los venezolanos, y ciertamente, la casi totalidad de los que votamos por Capriles, que lo consideramos nuestro presidente y que estamos prestos a seguir votando por él, pensamos que el tema de la nacionalidad del ilegítimo es muy trascendente y relevante, que no debe ser objeto de un silencio sumiso o timorato. Y los líderes deben entender que ellos reciben un mandato del pueblo para que tomen la vanguardia. Es el pueblo el que les dicta el camino que desea, no al revés. El pueblo es mandante, el líder mandatario. Y el mandato del pueblo es que no se soslaye el grave problema de la violación Constitucional por causa de la nacionalidad del Presidente. ¿Es también “intrascendente” la voluntad del pueblo?


La UNIDAD es de vida o muerte para el futuro de Venezuela. El que sus líderes no escuchen o consideren “irrelevantes” los temas que el pueblo considera trascendentes; el que, en general, olviden su función de intérpretes de la voluntad de ese pueblo y de servidores de quienes le otorgan el mandato para que velen por sus intereses pretendiendo imponer sus opiniones; pone en peligro esa UNIDAD pues genera desconfianza que conduce a la división y al abstencionismo.


La voluntad del pueblo no es “intrascendente”. ¡Obedézcanla!


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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