miércoles, 23 de octubre de 2013

Escasez




La Historia revela que las cortapisas, expropiaciones, controles, restricciones, sumados a la intervención del Estado en la actividad económica en calidad de empresario y no como ente facilitador y rector, generan desabastecimiento, hiperinflación y mercados paralelos. Esta ha sido la experiencia del marxismo a todo lo largo del siglo XX y lo que va del XXI. Hoy Venezuela es otro en una larga lista de ejemplos.


Por razones que no se terminan de entender, el comunismo repite un libreto fallido ad infinitum en cada nueva catástrofe que crea en las sociedades que intenta dominar. La debacle económica fue la causa principal del colapso de la Unión Soviética; la que casi llevó al abismo a la China salvada por el viraje al capitalismo que le imprimiera Deng Xioping en la década de 1970; la que ha mantenido a Cuba como parásita de distintos países desde que llegó la revolución; la que hace de Corea del Norte una garrapata de China; y la que está hundiendo a Venezuela en un cataclismo de impredecibles consecuencias. Aceptar la fábula de que el desastre económico que vive el país es consecuencia de una fulana “guerra económica” librada por el Imperio y los “parásitos apátridas” es demostrar, no solamente debilidad intelectual, sino ignorancia de la Historia. Si existe tal guerra, el agresor es el equipo económico de esta robolución en complicidad con los demás robolucionarios corruptos que desangraron al país.




Cuando las fuerzas del mercado, oferta y demanda, son sustituidas con normas impuestas por un Estado centralista, colapsa la economía, se producen inflación y desabastecimiento, con sus hijos: escasez y racionamiento. Cuando un burócrata en un ministerio decide cuánto papel tualé se debe consumir en lugar de hacerlo  el consumidor en el automercado, se produce escasez. Cuando un comunista en una oficina pública de planificación decide cuánta harina se debe producir y a qué precio esta se debe vender, ella desaparece del mercado. Cuando un ministro rojo dicta cuál debe ser el precio de la carne, esta se ausenta de los frigoríficos. Y los productos que no desaparecen sufrirán aumento de precio o pasarán a ser vendidos en el mercado negro a precios exorbitantes. Es la historia de la Unión Soviética, Cuba, y toda sociedad dominada por el marxismo.





El que a las restricciones de un mercado la “Naturaleza” responda creando mercados paralelos, negros, con precios fuera de control, además de formidables corruptelas que solo pueden estar en cabeza de funcionarios públicos,  es una ley de la que no escapan ni las divisas. Por esta razón existe en Venezuela un dólar paralelo en un mercado muy corrupto del cual el régimen jamás se podrá zafar mientras persista en el control de cambio.




En todo experimento previo, las medidas socialistas provocaron una contracción en la oferta derivada de distintas causas. Las expropiaciones, el control de precios que impide cubrir costos, los trámites burocráticos que entorpecen la actividad, la dificultad al acceso a divisas, el deterioro de la infraestructura, y todas los demás obstáculos que el Estado impone al empresariado, han dictado la desaparición de más de 170.000 empresas, según cifras de Fedecámaras (que por cierto han sumado más de 300.000 trabajadores al desempleo). Quizás el gobierno socialista esperaba que la creación de cooperativas y de empresas estatales así como la estatización de compañías para la producción de bienes de consumo, sustituyera la oferta correspondiente a las empresas desaparecidas del sector privado. Esta aspiración no solamente no se cumplió, sino que de 200.000 cooperativas creadas ya han desaparecido 190.000, y todas las empresas estatales han colapsado al punto de que hoy están siendo intervenidas por el propio gobierno. La contracción extrema de la oferta, también conocida como desabastecimiento o escasez, no es causada por “acaparadores, gringos, judíos, la derecha fascista y los apátridas parásitos” en una “guerra económica” sino por el fracaso rotundo del socialismo, que por lo demás, era previsible como lo prueba la historia. En otras palabras, no es “guerra económica”, es suicido económico de la robolución.




Haciendo a un lado que la ineptitud criminal del Estado y la corrupción han causado el menoscabo en la producción de rubros tradicionales de exportación como el mismísimo petróleo al punto de que hasta gasolina se tenga que importar; hoy vemos que un país que importaba el 75% de los alimentos que consumía en 1999 hoy debe importar 97% de lo que come. Por cierto, es pavorosa esta situación tomando en cuenta que los rojos solo dejaron sin raspar, hasta la fecha, unos $250 millones en reservas disponibles en el BCV, lo que no alcanza para una semana de comida para la población. “Tenemos Patria y alcanzamos la soberanía e independencia alimentaria”.




Por esas mismas medidas socialistas es que los venezolanos, acostumbrados a tomar un exquisito café producido en Venezuela, hoy tengan que beber un aborrecible brebaje producido en Nicaragua. Hecho particularmente triste si tomamos en cuenta que –junto con el cacao- era el mejor del mundo y fue rubro emblemático tradicional de exportación y fuente principal de divisas desde la Colonia. Hoy hay que importarlo.




La construcción de viviendas no escapa a estas leyes. Es la razón detrás de la escasez de viviendas que no ha podido ser evitada, y más bien ha sido empeorada, por un Estado que además de absolutamente incapaz, ineficaz e ineficiente, es grosera y criminalmente corrupto. La comparación con gobiernos anteriores, que en 40 años manejaron menos recursos que la robolución en estos 15 años (en cifras consolidadas y ajustadas), arroja un vergonzoso saldo para los rojos. De acuerdo con cifras de la Cámara de la Construcción, entre 1969 y 1998 se construyeron 2.033.481 viviendas:

-655.699 entre 1969 y 1978.

-759.632 entre 1979 y 1988.

-618.150 entre 1989 y 1998.

La revolución construyó entre 1999 y 2010 296.047 viviendas, es decir, solo el 14% que la democracia utilizando el 112,5% de los recursos a los que tuvo acceso aquella que jamás llegó a ver precios del petróleo de más de $100 el barril, que por el contrario, generalmente estaban por debajo de $10, como en el último gobierno de Rafael Caldera.


Constituye un irrespeto a la inteligencia del venezolano el pretender culpar a “enemigos externos e internos” distintos a los propios robolucionarios, por la debacle económica que hoy vive Venezuela y que está matando a la revolución.


¿Tenemos Patria?




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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