martes, 29 de octubre de 2013

Camisas Pardas, Negras, Azules y Rojas




Ruego el perdón de mis amables lectores al plantear en una especie de bajo obstinado que ya es casi monótono en mis últimos escritos, mi perplejidad ante esa conducta inexplicable del fascismo de cualquier matiz, la de reiterar en un loop infinito los mismos errores que llevan a la aniquilación todos sus ensayos depravados. No sé si es que los fascistas no leen Historia, no ven el History Channel o simplemente son brutos en negación constante.

Para hacerlo más soportable, piense el lector que mis letras van más dirigidas a algún fascista rojo que pueda quizás reflexionar sobre su mensaje, aunque la rectificación en materia de fascismo sea solo una ilusión bien intencionada, y por lo tanto su búsqueda empresa fútil.

Así que insistiré escribiendo sobre algo que todos damos por descontado, digo, casi todos, pues en vista de recientes acontecimientos pareciera que es necesario darles a conocer la Historia a algunos dinosaurios de la política y a sus seguidores del Jurásico.

Hasta el hartazgo hemos visto imágenes de los infames Camisas Pardas de Hitler atropellando, apaleando, humillando, escupiendo, reprimiendo, pateando a los “enemigos” del Führer y Alemania. Todo aquel percibido como adversario, fuera judío o comunista u homosexual, era acreedor de las generosas –a veces mortales- golpizas propinadas por esta “tropa” de la “democracia” nazi.



Casi tan famosos eran los Camisas Negras de Benito Mussolini, conocidos por sus cachiporrazos contra opositores del Duce y “traidores” de Italia. Menos conocidos pero no por ello menos infames, fueron los Camisas Azules de Primo de Rivera, grupo de choque encargado de silenciar a punta de golpes y palazos a los opuestos a Franco y a la grandeza de España.



En Venezuela se han hecho famosos los Camisas Rojas. Clones de esos esperpentos de un pasado distante. Instrumento de dinosaurios “políticos” recreados en este Jurassic Park que es ahora Venezuela. Los Camisas Rojas –aunque en realidad usan franelas, pues camisas y chaquetas de marca solo ostentan sus capos- actúan con la protección de la Guardia Nacional y otros cuerpos de seguridad que generalmente les prestan apoyo táctico mientras cometen sus crímenes.



Hace tres días la comitiva del Presidente Legítimo Henrique Capriles Radonsky fue interceptada y su paso bloqueado en la Autopista Regional del Centro por la Policía de Aragua, bajo las órdenes del gobernador sirio-venezolano Tarek El Aissami. En la tradición del General Jaruzelski cuando ordenaba el cierre de carreteras para que las caravanas de Lech Walesa no pudieran transitar hacia otras ciudades, intentó impedir que El Flaco llegara a los actos de masa que tenía programados en Maracay. Y los Camisas Rojas estuvieron presentes. En las mismas motos en las que atracan durante sus ratos libres, en las que cabalgan cuando atacan manifestaciones pacíficas de estudiantes, en las que acuden a saquear el camión cargado de carne en el que -tras un fatal accidente- todavía está el cadáver del conductor; atacaron a tiros y botellazos a los integrantes de la procesión opositora, con el saldo de varios heridos de consideración, cuando estos se encontraban detenidos por los policías del “Turco”.

Ya ni tiene sentido mencionar que la Constitución fue violada por enésima vez. Por algo la llaman La Bicha: porque se la pasan por el forro del paltó. En realidad, ni siquiera que el final que encontraron Hitler y Mussolini -por no mencionar a Ceausescu- dice mucho de la efectividad de estos atropellos. El asunto es que, además, siempre “venden el sofá”: se comportan como el marido que descubre que su mujer le es infiel en el sofá de la sala cuando se encuentra ausente, así que para impedir el adulterio, vende el sofá. Quizás por la incapacidad de sus neuronas para hacer sinapsis, quizás por tozuda negación, por resistirse a ver que se hunden en el mar de su fracaso y el excremento de su corrupción, pretenden acabar con la arrolladora popularidad de Capriles –y recuperar la irremediablemente perdida de la revolución- con un intento inútil de cortarle el paso a su encuentro con el pueblo. O sea, de represar la voluntad popular. Nada puede represar esta voluntad que siempre encontrará rutas para expresarse.

Pero no hay suficiente espacio en estas líneas para expresarles nuestro agradecimiento a los revolucionarios por el inestimable servicio que le prestan a la causa democrática con sus atropellos desesperados, pues no hacen más que sumarle fieles indignados a ella. Lejos de restarle popularidad al joven líder, la fortalecen.

Hoy Diosdado Cabello, con la óptica fascista muy primitiva e ignara que solo puede tener un teniente del ejército de muy pobre formación, mandó a sus Camisas Rojas motorizados a impedir –mientras profieren el grito apasionado “¡mueran fascistas apátridas!”- el tránsito de los habitantes del estado Miranda hacia Caracas que se trasladan con la intención de marchar, como castigo por su apoyo demoledor a su gobernador, el Presidente Henrique Capriles.

No se puede negar que los revolucionarios han sido innovadores en este campo. Usan la amenaza, la cabilla, la pistola, el fusil y la molotov como herramientas de proselitismo. ¿Será que el teniente espera que con sus desmanes captará el voto de los mirandinos? Porque con algo sí que puede contar este “enemigo del fascismo”: los habitantes de Miranda jamás se doblegarán ante estos delincuentes Camisas Rojas, jamás claudicarán ante la violencia.

¿Será necesario recordarles a los jefes rojos que con todo y Camisas Negras Mussolini terminó colgado por los pies con su mujer de un poste terriblemente mutilado? ¿Es necesario informarles que cuando el cadáver de Hitler encontró su final en una parrillada en calidad de punta de trasero sin guasacaca, de los Camisas Pardas no se veía ni la sombra?

Nada nos espanta más que la posibilidad de ver a los revolucionarios encontrando el final terrible de sus ancestros fascistas Hitler, Mussolini, Ceausescu y Khadafi, pero están haciendo todo lo posible para que ese pueblo que una vez creyera en ellos, enardecido por la indignación causada por los atropellos y el desengaño, actúe obedeciendo a las estructuras más primitivas de su cerebro y desate bárbara violencia en una venganza desenfrenada que también causaría una herida mortal al país.



Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

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