sábado, 19 de octubre de 2013

Automovilismo socialista






El socialismo del siglo XXI está plagado de contradicciones. Vemos a los socialistas atacando el consumismo corrupto vistiendo trajes Armani, relojes Rolex y corbatas Louis Vuitton. O critican el desperdicio en que incurre el capitalismo, así que le exigen al pueblo el uso de transporte colectivo mientras poseen una Hummer y un Mercedes Benz -a la vez- para uso personal individual. Acusan de fascistas a opositores en el momento en que les dan una golpiza por el simple hecho de querer expresar una opinión o pensar distinto. Acusan de corruptos a quienes no gobiernan porque raspan tarjetas vestidos de franela y bluejean, cuando no pueden justificar los signos exteriores que delatan sus enormes riquezas súbitamente adquiridas, escondidas en divisas extranjeras en Suiza. Reciben las más costosas atenciones médicas cuando enferman, al tiempo que no se encuentran drogas antineoplásicas en el país para tratar a los enfermos de cáncer. Atacan el “cadivismo” (que no puede ser sino de funcionarios robolucionarios y boliburgueses)  y la sed por la moneda del Imperio, a la vez que sus hijos se toman fotos con fajos de billetes en dólares en las manos y las publican en Internet.




Ayer, la ministra del Deporte, practicante de un deporte elitesco y en esencia individualista como la esgrima, denunció haber sido víctima de la falsificación de su firma para una gran estafa en la obtención de dólares otorgados por CADIVI, a nada menos que 60 pilotos de automovilismo, llamados por ella “atletas”, cada uno en un expediente diferente ("Cadivismo", pues). Cuenta la joven ministra aficionada a tomarse “fotos artísticas”, que uno solo de estos “atletas” recibió la bicoca de $66 millones. ¿Cuánto recibieron los otros 59? No sabemos.




Pero sí sabemos que el ministro anterior, Héctor Rodríguez, periódicamente publicaba decenas de tuits informando que para tal o cual corredor de autos conocido solamente en su casa, aprobaba sumas que siempre se acercaban al millón de dólares para cada evento; en ocasiones, mucho más. (Por cierto, algunos de sus tuits anunciaban la entrega de sumas astronómicas, generalmente en euros, a la ministra actual para participar en competencias de su “socialista” deporte). Se leía “acabo de firmar $900.000 para Alexander Popow quien va a participar en preparatorias del NASCAR”, u “$800.000 para Fulano de Tal que participará en la Ferrari Cup”, o “$950.000 para Sutanito de los Palotes que irá a la Continental Tire Challenge”. ¡NASCAR! (North American Stock Car Auto Racing) No existe nada más localistamente gringo que el sureño NASCAR. No existe en automovilismo nada más lejano del socialismo. ¿Qué le interesa a la revolución una competencia que solo ven  los White Trash y Wasps en algunos sectores de los Estados Unidos de América? De paso, no hay nada en el Universo más derechista que un White Trash (o un Wasp), de ahí provienen los Skin Head yankees. ¿Será para fomentar la revolución desde las entrañas del Imperio?


  
Si el hecho de la estafa que denuncia la ministra es en extremo grave, el verdadero crimen está en que un Estado –además socialista- en una sociedad en la que faltan medicinas, comida, salud, educación y pare usted de contar, en donde es imposible conseguir leche para los niños (del papel tualé no nos vamos a quejar), les financie a un puñado de pilotos de carros su clasista deporte con cientos de millones de dólares que bien podrían ser usados para apoyar el desarrollo de decenas de miles de atletas de otras disciplinas como pista y campo, halterofilia, basquetbol, fútbol, béisbol, natación, etc..



Y para colmo, la joven ministra, no se sabe si por desfachatez o ignorancia o cinismo, u obedeciendo a órdenes superiores, declaró conocer el nombre de todos los participantes en el enorme fraude, pero que por “respeto a los atletas (implicados)”, no revelaría esos nombres. ¡”Respeto”! Sabíamos de la inversión de valores en esta revolución, pero eso de manifestar “respeto” por una cuerda de choros, ya cae en la ofensa. ¡Respeto debería tener por el pueblo, el verdadero dueño de esos fondos y a quién ella dice servirle! Por supuesto, se puede entender que tratándose de una funcionaria de un gobierno de choros y subalterna de choros, sí sienta este “respeto”. Mucha razón tiene Nicolás Maduro cuando en una suerte de mea culpa dijo “la corrupción se puede comer a esta revolución”. Ya se la comió.




El caso de los 60 pilotos estafadores se suma a otro de uno de esos exponentes de la Generación de Oro (de oro, de dólar, de euro, de riquezas ilimitadas obtenidas parasitariamente): Pastor Maldonado. Que se sepa, el buen Pastor goza de un contrato a través de la escudería Williams de Fórmula Uno, por $333 millones, patrocinado por PDVSA. Si el NASCAR es el deporte de la clase más pobre de la extrema derecha gringa, la Fórmula Uno es el de la nobleza europea y el Jet Set internacional. La F1 no es para patas en el suelo, y jamás para socialistas. La F1 se nutre del consumismo capitalista dirigido a la clase media, que compra las gorritas, relojes y franelas que le venden los ricachones dueños de ese deporte y las transnacionales anunciantes con pegatinas que se ven en los autos. O sea, vive de la burguesía. Capitalismo llevado a sus últimas consecuencias. 


Independientemente de que debido a la naturaleza de su negocio, de tener clientela cautiva, y de no operar en un mercado de consumo masivo que requiere apelar a gran número de consumidores, es decir, de que no requiere ese tipo de publicidad; PDVSA –quién sabe por qué motivos- ha otorgado a este corredor fracasado, absolutamente carente de talento (para pilotear, esto es, porque para chupar le sobra), $333 millones de dólares en un contrato de tres años, que se reparte con los limpios ingleses de la Williams y quién sabe quién dentro de PDVSA. Hasta la fecha, la permanencia de Maldonado en el foso de la clasificación a lo largo de casi dos años, un solo podio en España, así como un sinnúmero de violaciones y de colisiones contra todo tipo de objeto fijo o en movimiento, ha costado a los venezolanos $203,5 millones. 




El caso de los 60 pilotos corruptos informado por la ministra, el de la ministra misma, y el de Pastor Maldonado, revela por qué los llaman la Generación de Oro: son unos Midas que tienen excepcional talento para sacarle el oro al Estado, muy socialistamente.

Las declaraciones de la ministra esgrimista lo que dan es grima.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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