jueves, 31 de octubre de 2013

Desde mi corazón




Norberto Ceresole y Kléber Ramírez Rojas son dos autores ignorados irresponsablemente por el liderazgo social que apoyó el proyecto del comandante en 1998. Ambos se consideran ideólogos fundamentales del bolivarianismo chavista, y Ceresole, además, de la revolución islamista: “la revolución es una sola, islamista en el mundo árabe, bolivariana en Latinoamérica”, decía. En sus depravados e indigestos escritos sostenía que en vista de que el elemento religioso –el cristianismo- en la región latinoamericana carecía de la fuerza del Islam como factor de cohesión, se vio compelido a inventar esa monserga ideológica que llaman “bolivarianismo”. *



De esta manera -insistía el trasnochado peronista Ceresole- el bolivarianismo debía combinar elementos pseudorreligiosos con una versión distorsionada de la Historia, el pensamiento político, y la superstición. Así Venezuela conoció a un Chávez que mantenía una relación mística con el fantasma de Simón Bolívar, con quien hablaba aun delante de terceros y hasta le guardaba siempre una silla vacía a su diestra cuando se sentaba a conversar o a comer. El objetivo era llegar al corazón de las clases más populares, integrando al comandante a las “5 Potencias” del esoterismo que domina los barrios de los principales centros poblados del país, en especial, de Caracas: María Lionza, Guaicaipuro, El Negro Felipe, José Gregorio Hernández y Simón Bolívar. Ser la sexta potencia, pues.



El heredero del galáctico eterno –quién sabe si por mera casualidad o porque el comandante por esta misma razón lo seleccionó- tiene vacíos intelectuales que hacen su mente terreno fértil para la superstición y un misticismo mal entendido muy ignorante. Es así como es capaz de mezclar un guiso multisápido con Jesucristo, el Dios cristiano, el catolicismo, Satya Sai Baba, el hinduismo, el vudú y la santería, Paulo Coelho, Gurdjieff, Marx, el Ché, y David Copperfield, entre otros.



Cuando Nicolás Maduro habla con un pajarito que en realidad es la reencarnación del Gigante, o ve su propio rostro como premonición entre las manos del comandante representado en una pintura exhibida en el Cuartel de La Montaña, o es testigo de “la aparición” de su imagen en un túnel del Metro, no está solamente aferrándose a la figura del difunto debido a que es el único recurso que le resta para obtener el favor de un pueblo que se le escapa como consecuencia de su mediocridad y falta de carisma, sino que en verdad sí está percibiendo estos “fenómenos” con su muy trastornada, elemental y primitiva psique. El ilegítimo absolutamente cree que tiene un vínculo espiritual con su fenecido mentor, en una degenerada mezcla de enfermedad con conveniencia.




La campaña electoral del cucuteño -su propia existencia desde diciembre de 2012- se centró en la imagen del comandante supremo. Así confeccionaron afiches cuyo tema central no era Maduro sino Chávez. La foto del candidato aparente no se veía, en su lugar siempre estaba el “candidato real” en actitud de oración: el hijo ilustre de Sabaneta con un halo divino. Apenas una referencia al heredero: “desde mi corazón”. Es decir, Nicolás quedó reducido a una suerte de médium para que se manifieste desde el “otro plano” el espíritu de quien realmente manda, de quien dicen al tiempo que califican como “necrófilos” a los opositores, “Chávez vive”. Los “necrofílicos” imaginamos que cuando va a dormir con su cadáver en el Cuartel de la Montaña –según él mismo confiesa- tiene sesiones de espiritismo íntimas en la que el portento de Sabaneta le instruye la sarta de desatinos que luego implementa desde Miraflores.



Cuando pasé ayer frente a la sede del INEA y vi en el edificio la gigantografía con la imagen de Chávez y la referencia “Maduro desde mi corazón”, además de todas estas ideas acerca del misticismo revolucionario, me vino a la mente que la figura del comandante en realidad representa al Hermano Mayor de Orwell, el CESPPA, detrás de quien se ocultan nuestros verdaderos gobernantes militares, que decidieron que ya era hora de comunicarse con su títere anencefálico por otros conductos distintos al “pajarito” y demás apariciones.




* Recordemos que el revisionista Ceresole negaba El Holocausto, cuya divulgación calificaba como propaganda sionista-capitalista y campaña mediática, ya que “era falso que Hitler hubiera asesinado a 6.000.000 de judíos sino ‘solamente a 600.000’”, o sea, eliminó un cero y con esto redimió el crimen nazi contra la humanidad, como si matar 600.000 fuera algo insignificante.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

martes, 29 de octubre de 2013

Camisas Pardas, Negras, Azules y Rojas




Ruego el perdón de mis amables lectores al plantear en una especie de bajo obstinado que ya es casi monótono en mis últimos escritos, mi perplejidad ante esa conducta inexplicable del fascismo de cualquier matiz, la de reiterar en un loop infinito los mismos errores que llevan a la aniquilación todos sus ensayos depravados. No sé si es que los fascistas no leen Historia, no ven el History Channel o simplemente son brutos en negación constante.

Para hacerlo más soportable, piense el lector que mis letras van más dirigidas a algún fascista rojo que pueda quizás reflexionar sobre su mensaje, aunque la rectificación en materia de fascismo sea solo una ilusión bien intencionada, y por lo tanto su búsqueda empresa fútil.

Así que insistiré escribiendo sobre algo que todos damos por descontado, digo, casi todos, pues en vista de recientes acontecimientos pareciera que es necesario darles a conocer la Historia a algunos dinosaurios de la política y a sus seguidores del Jurásico.

Hasta el hartazgo hemos visto imágenes de los infames Camisas Pardas de Hitler atropellando, apaleando, humillando, escupiendo, reprimiendo, pateando a los “enemigos” del Führer y Alemania. Todo aquel percibido como adversario, fuera judío o comunista u homosexual, era acreedor de las generosas –a veces mortales- golpizas propinadas por esta “tropa” de la “democracia” nazi.



Casi tan famosos eran los Camisas Negras de Benito Mussolini, conocidos por sus cachiporrazos contra opositores del Duce y “traidores” de Italia. Menos conocidos pero no por ello menos infames, fueron los Camisas Azules de Primo de Rivera, grupo de choque encargado de silenciar a punta de golpes y palazos a los opuestos a Franco y a la grandeza de España.



En Venezuela se han hecho famosos los Camisas Rojas. Clones de esos esperpentos de un pasado distante. Instrumento de dinosaurios “políticos” recreados en este Jurassic Park que es ahora Venezuela. Los Camisas Rojas –aunque en realidad usan franelas, pues camisas y chaquetas de marca solo ostentan sus capos- actúan con la protección de la Guardia Nacional y otros cuerpos de seguridad que generalmente les prestan apoyo táctico mientras cometen sus crímenes.



Hace tres días la comitiva del Presidente Legítimo Henrique Capriles Radonsky fue interceptada y su paso bloqueado en la Autopista Regional del Centro por la Policía de Aragua, bajo las órdenes del gobernador sirio-venezolano Tarek El Aissami. En la tradición del General Jaruzelski cuando ordenaba el cierre de carreteras para que las caravanas de Lech Walesa no pudieran transitar hacia otras ciudades, intentó impedir que El Flaco llegara a los actos de masa que tenía programados en Maracay. Y los Camisas Rojas estuvieron presentes. En las mismas motos en las que atracan durante sus ratos libres, en las que cabalgan cuando atacan manifestaciones pacíficas de estudiantes, en las que acuden a saquear el camión cargado de carne en el que -tras un fatal accidente- todavía está el cadáver del conductor; atacaron a tiros y botellazos a los integrantes de la procesión opositora, con el saldo de varios heridos de consideración, cuando estos se encontraban detenidos por los policías del “Turco”.

Ya ni tiene sentido mencionar que la Constitución fue violada por enésima vez. Por algo la llaman La Bicha: porque se la pasan por el forro del paltó. En realidad, ni siquiera que el final que encontraron Hitler y Mussolini -por no mencionar a Ceausescu- dice mucho de la efectividad de estos atropellos. El asunto es que, además, siempre “venden el sofá”: se comportan como el marido que descubre que su mujer le es infiel en el sofá de la sala cuando se encuentra ausente, así que para impedir el adulterio, vende el sofá. Quizás por la incapacidad de sus neuronas para hacer sinapsis, quizás por tozuda negación, por resistirse a ver que se hunden en el mar de su fracaso y el excremento de su corrupción, pretenden acabar con la arrolladora popularidad de Capriles –y recuperar la irremediablemente perdida de la revolución- con un intento inútil de cortarle el paso a su encuentro con el pueblo. O sea, de represar la voluntad popular. Nada puede represar esta voluntad que siempre encontrará rutas para expresarse.

Pero no hay suficiente espacio en estas líneas para expresarles nuestro agradecimiento a los revolucionarios por el inestimable servicio que le prestan a la causa democrática con sus atropellos desesperados, pues no hacen más que sumarle fieles indignados a ella. Lejos de restarle popularidad al joven líder, la fortalecen.

Hoy Diosdado Cabello, con la óptica fascista muy primitiva e ignara que solo puede tener un teniente del ejército de muy pobre formación, mandó a sus Camisas Rojas motorizados a impedir –mientras profieren el grito apasionado “¡mueran fascistas apátridas!”- el tránsito de los habitantes del estado Miranda hacia Caracas que se trasladan con la intención de marchar, como castigo por su apoyo demoledor a su gobernador, el Presidente Henrique Capriles.

No se puede negar que los revolucionarios han sido innovadores en este campo. Usan la amenaza, la cabilla, la pistola, el fusil y la molotov como herramientas de proselitismo. ¿Será que el teniente espera que con sus desmanes captará el voto de los mirandinos? Porque con algo sí que puede contar este “enemigo del fascismo”: los habitantes de Miranda jamás se doblegarán ante estos delincuentes Camisas Rojas, jamás claudicarán ante la violencia.

¿Será necesario recordarles a los jefes rojos que con todo y Camisas Negras Mussolini terminó colgado por los pies con su mujer de un poste terriblemente mutilado? ¿Es necesario informarles que cuando el cadáver de Hitler encontró su final en una parrillada en calidad de punta de trasero sin guasacaca, de los Camisas Pardas no se veía ni la sombra?

Nada nos espanta más que la posibilidad de ver a los revolucionarios encontrando el final terrible de sus ancestros fascistas Hitler, Mussolini, Ceausescu y Khadafi, pero están haciendo todo lo posible para que ese pueblo que una vez creyera en ellos, enardecido por la indignación causada por los atropellos y el desengaño, actúe obedeciendo a las estructuras más primitivas de su cerebro y desate bárbara violencia en una venganza desenfrenada que también causaría una herida mortal al país.



Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

sábado, 26 de octubre de 2013

Estímulo al abstencionismo






Una revisión de mis escritos hará evidente el grado de compromiso que tengo con la Unidad, mi defensa del voto como elemento fundamental de protesta y mi solidaridad con la MUD, a pesar de que no me unen vínculos de ninguna índole con ella. Esto acrecienta la sensación de angustia que experimento al ver lo que -desde mi limitada óptica- percibo como desatinos que estimulan la abstención y atentan contra la causa democrática.




Hecho especialmente cierto cuando su pasividad –no es lo mismo pacifismo que no violencia- es explotada por la secta de exiliados de Miami, quienes –desde la cómoda y muy prudente distancia- continuamente la cuestionan con imputaciones de colaboracionismo con la dictadura, al tiempo que llaman a desconocer su liderazgo, tomar la calle y asaltar Miraflores amparados en el artículo 350 de la Constitución. “Restablecer el hilo constitucional” dicen, como si los pueblos sin el apoyo de los militares estuvieran en capacidad de tumbar gobiernos, y menos gobiernos precisamente de militares.


Quienes defienden el pacifismo de una MUD que sorprendió a la ciudadanía el 7 de octubre de 2012 cuando, horas después de que sus líderes aparecieran triunfales, otros le dieran al pueblo el baño frío de la “victoria” del Gigante Eterno mientras el régimen desplegaba tanquetas en las calles; de una MUD que llamó al cese de las protestas pacíficas –cacerolazos incluidos- cuando el pueblo enardecido reclamaba sus derechos ante el patente fraude del 14 de abril de 2013; de una MUD que ha desatendido los deseos del pueblo que exige mantener la protesta no violenta en tanto el ilegítimo usurpe el poder; de una MUD cuyos líderes, ante las evidencias de la doble nacionalidad del ilegítimo Maduro y desconociendo que el pueblo está indignado por esta violación anticonstitucional, manifiestan “la nacionalidad de Maduro es irrelevante, intrascendente”; comprometen seriamente los esfuerzos de los que luchan contra el abstencionismo, pues hacen brotar la suspicacia de la disidencia.




Es tarea casi imposible argumentar contra quienes ante esta conducta inexplicable del liderazgo unitario, arguyen que este solo está interesado en preservar pequeños cotos de caza en los que puedan cobrar las presas menores que les conceden los revolucionarios, a cambio de ayudarlos a mantener la ficción de democracia mediante la ilusión de que sí existe una oposición que participa en los repetidos procesos electorales y hasta obtiene una que otra alcaldía además de  alguna gobernación.


Cuando con tanta preocupación vemos a una MUD que se refugia en su negativa a no contribuir al derramamiento de sangre para acallar, ahogar, silenciar la protesta popular, no podemos más que preguntarnos qué hubiera pasado con La India o con la negritud estadounidense si Mohandas Gandhi y Martin Luther King hubieran asumido esa actitud timorata. No es la función del líder represar la voluntad del pueblo -empresa inútil por lo demás- ya que ese pueblo encontrará maneras de expresarse, incluso, desconociendo eventualmente ese liderazgo. Este pareciera ser el caso a la luz de la evidencia que muestra elevadas cifras de abstención para el 8 de diciembre, que no son más que reflejo de la desconfianza muy justificada del pueblo por la dirigencia opositora.


Me niego a aceptar que el liderazgo opositor de la MUD haya asumido la conducta autodestructiva de transarse por y proteger pequeñas parcelas de poder para comer manque fallo, prestándole así un servicio inestimable a la dictadura que –por cierto- ya no tiene interés en presentarse como democracia, pues sin pudor ha mostrado su naturaleza militar totalitaria. Liderazgo que -al igual que el régimen- en ese caso sería portador del germen de su propia destrucción, que le segaría el futuro a un pueblo noble que no merece otra traición.




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

viernes, 25 de octubre de 2013

Suprema Felicidad





No se puede negar que si algo ha tenido la revolución bolivariana son sus manifestaciones de preocupación por el bienestar del pueblo. Como todo político que se respete en la historia, los revolucionarios, comenzando por el Comandante Amoroso, han vociferado la defensa de la felicidad de ese pueblo ante sus enemigos, como la oligarquía, la burguesía, los gringos, los judíos, el capitalismo y el imperialismo (el yankee, esto es, ya que el chino y el cubano son muy beneficiosos). ¡Hasta han ofrecido –en su mejor interés- ponerlo “rodilla en tierra” y comenzar una guerra civil si ese pueblo es “derrotado” electoralmente por quienes amenazan ese bienestar! (¿?). Para institucionalizar la defensa de ese bienestar, el Galáctico mandó a incluir el derecho a la felicidad en su Constitución de 1999. 


De esta manera, el régimen instituyó una retahíla de misiones para llevarle bienestar a su pueblo. Desde la Misión Robinson para enseñarlo a leer y escribir (pero no lo suficiente como para que deje de votar por él), hasta la Misión Vivienda para proporcionarle techo (que este techo sea de mala calidad y condicionado al voto favorable, bajo contrato que nunca otorga plena propiedad, no desvirtúa ese amor por los más necesitados), pasando por la Misión Patria Segura que ha costado la vida de algunos inocentes (que en puridad de principios no son pueblo ya que pueblo sólo son los más pobres o la boligarquía roja). Por supuesto, el hecho de que todas esas misiones no constituyen más que limosnas con bienes que por pleno derecho ya le pertenecen como venezolanos, y de que solo sirven para apaciguarlo mientras la élite -que con ellas obtiene su voto- asalta las Arcas del Estado, no le resta mérito a ese gesto altruista de la revolución.


En esa eterna búsqueda del bienestar de los venezolanos, y para que no quede ninguna duda al respecto, ayer Nicolás Maduro anunció la creación del Viceministerio para la Suprema Felicidad del Pueblo. ¡¿Quién dijo que la felicidad no se decreta?!


Sentimos profundo agradecimiento hacia el gobierno nacional por la creación de este despacho. Es la demostración inequívoca del amor que tiene a su pueblo el régimen. Alguna medida tenía que tomar para contrarrestar las plagas que azotan y amenazan la existencia del pueblo venezolano. Y la tomó.


¿Cómo podía un régimen humanista pasar por alto el padecimiento de un pueblo que no consigue ni harina, ni leche para sus hijos, ni medicinas para la gripe o el cáncer, ¡ni papel tualé!? (Vamos a estar claros, quizás sea posible ser feliz sin comida pero sin papel tualé, ¡jamás!). ¿Cómo podía gobernar tranquilo un socialista sabiendo que su pueblo tiene que pagar Bs 105 por el mismo cartón de huevos que hace siete meses costaba Bs 30? ¿Cómo podían ser insensibles unos gobernantes ante el asesinato de 65 venezolanos todos los días? ¿Cómo quedarse con los brazos cruzados viendo el dolor de las madres, hermanos y amigos de 200 mil venezolanos asesinados en estos 14 años de revolución? ¿Cómo no hacer algo cuando tantos compatriotas están siendo carcomidos por el cáncer sin poder encontrar las salvadoras drogas antineoplásicas? ¿Cómo puede tener tranquilidad un gobernante sabiendo que sus presos políticos y sus familias sufren? ¿Cómo permanecer inmóvil viendo a una población aterrada por la debacle económica y política que lo está arropando? Había que hacer algo, y lo hizo.






Un gobernante responsable desea la suprema felicidad para todo su pueblo, no solamente para unos privilegiados. Era lo más natural que después de haberla proporcionado para algunos que salieron de la más infeliz pobreza, esta felicidad se democratizara. No sería justo que solamente las familias Chávez, Cabello, Ramírez, Andrade, Istúriz, Saab, El Aissami, Isea,  Carreño, Flores, Maduro, Jaua, y unas 500 más de boliburgueses, tuvieran acceso a esta suprema felicidad gracias a sus riquezas, en especial, sin haber trabajado jamás. ¿Acaso es justo que mientras María Gabriela se pasea por los más opulentos centros comerciales del Imperialismo luchando denodadamente contra el capitalismo el pueblo sea infeliz? ¿Se justifica que mientras Rosa Virginia se sacrifica en su lucha socialista viviendo en La Casona atendida por servidumbre pagada por el Estado haya tantos hacinados en refugios? ¿Era aceptable que mientras Jorge Rodríguez por fin pudo comprarse su apartamento de $2 millones en Altamira y ahorrar lo suficiente para guardar unos churupos en Panamá otros vivan en la calle? ¿Acaso solamente Cilia Flores merecía salir del barrio para ahora tener mansiones hasta en Florida? ¿Se podía permitir el privilegio de pasar de no tener vivienda a poseer dos mansiones solamente a Tibisay Lucena? ¿No merece todo venezolano la felicidad de Aristóbulo Istúriz que logró salir con su salario de servidor público de una humilde pocilga en la Avenida Panteón para tener varias residencias y un hermoso yate? ¿No debería ser el derecho de todo venezolano realizar el sueño dorado de Diosdado Cabello que evolucionó en pocos años desde guardia de seguridad en una empresa de seguros a ser uno de los hombres más ricos del país con su paso por la Administración Pública? Pues no, no debe haber privilegiados; no le negamos derecho a los jefes revolucionarios a tenerla, pero todos los venezolanos merecen la misma “suprema felicidad” como recompensa a sus esfuerzos de superación personal.


Claro que habrá algunos escollos bloqueando el camino hacia esa felicidad suprema. La falta de dinero no es el menos importante. Ingresos insuficientes, las reservas esfumadas, el peligro de default por la incapacidad de pagar compromisos vencidos, el peso de una deuda externa de $250.000 millones, el colapso de la infraestructura, y la desaparición del aparato productivo son algunos de estos obstáculos. 




Mas es posible que mientras se superen esos obstáculos, el Viceministerio de la Suprema Felicidad logre proporcionarle alguna felicidad a su pueblo, proveyéndole gratuitamente dosis diarias de antidepresivos a cada venezolano. Y siempre estará el recurso de que con la autoridad dada por la Ley Habilitante, se decrete el fusilamiento de todo aquel que en este paraíso revolucionario socialista sea incapaz de encontrar la “Suprema Felicidad”.





Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe