miércoles, 4 de septiembre de 2013

La dinastía genocida Al Assad




Las estimaciones varían entre 20.000 y 40.000 muertos en una orgía de sangre que hizo clímax durante tres días con sus noches pero que se prolongó durante casi un mes. Por el solo hecho de pensar diferente y oponerse a la dictadura socialista, hombres, mujeres y niños fueron ejecutados durante interminables horas y hasta sacados de sus camas en la madrugada para ser asesinados en las calles de Hama en febrero de 1982, por el ejército sirio, compuesto por hombres nuevos al servicio del dictador idealista antiimperialista del Partido Socialista Árabe (Baath), Hafez Al Assad, padre del Carnicero de Damasco y Fumigador de Siria, Bashar Al Assad; en una operación depravada comandada por su hermano, otro idealista socialista, Rifaat Al Assad.


Militar de carrera, Hafez no era particularmente destacado en su profesión. Como Comandante de la Fuerza Aérea Siria, fue responsable de la virtual desaparición de este componente en la Guerra de los Seis Días contra Israel. Casi todas las aeronaves de combate sirias de fabricación rusa fueron destruidas por la Fuerza Aérea Israelita, que simultáneamente enfrentaba a las Fuerzas Aéreas de Siria, Egipto, Líbano, Irak y Jordania. Pero esta  no fue la más grave pérdida siria atribuible a Al Assad, pues Siria también sufrió pérdida territorial al capturar Israel los Altos del Golán.


El pésimo desempeño de Hafez –quien de joven prudentemente cambió su  más apropiado apellido original “Hahash”, que significa “hombre salvaje” por Assad, que significa “león”- como militar no fue obstáculo para que consolidara su poder y  fuera llevado a la presidencia en 1971 por medio de un golpe de Estado.


Con la excusa de recuperar para su país los Altos del Golán, el incapaz militar, cuya única habilidad probada por la historia fue el genocidio contra inocentes desarmados, decidió aventurarse aliado con Egipto en una nueva empresa bélica que el mundo conoció como la Guerra de Yom Kipur. Esta operación fue particularmente traicionera pues se llevó a cabo durante la fiesta de guardar judía de Yom Kippur que ese año coincidía con otra fiesta de guardar musulmana, Ramadán. Entre estos países existía el acuerdo no escrito de respetar festividades religiosas recíprocamente dada la importancia que el culto tiene para ambas sociedades. Siria y Egipto esperaron para atacar el momento de la oración en el que aun los militares judíos se despojaron del uniforme para vestir el atavío propio para la ocasión. Entonces atacaron. Esta maniobra no fue óbice para que resultara en un fracaso para los agresores una vez que las Fuerzas Israelíes lograron reaccionar al ataque sorpresa.


Además de la Masacre de Hama, se estima que unos 10.000 disidentes fueron asesinados entre 1982 y 1992. Ya en 1984, como lo volvió a hacer en 2012, Amnistía Internacional denunció diversos medios de tortura usados por los Al Assad que incluyen la amputación traumática de dedos, extracción de uñas, aplicación de electricidad inclusive en genitales, y el llamado “Esclavo Negro”, o introducción de un metal incandescente por vía anal. Múltiples son los videos en YouTube de las distintas torturas por parte de las autoridades sirias.




Antes de que la matanza en Siria fuera llamada “guerra civil”, distintos organismos, incluyendo la ONU denunciaron el asesinato diario de un centenar de opositores sirios a manos de las fuerzas del gobierno. Las fotos de hombres, mujeres y niños colmaron Internet. Hasta el momento se han escrutado unos 110.000 muertos, no menos de 40.000 civiles; 5.883 niños; unos 3.000.000 de refugiados y más de 250.000 desaparecidos. Particular mención merece la matanza en la ciudad de Homs, lugar emblemático de la resistencia, en donde los criminales ataques de la Fuerza Aérea y la Artillería del régimen han dejado una cifra superior a los 12.000 muertos.




Bashar Al Assad, un oftalmólogo que seguramente piensa que su Juramento Hipocrático solo tiene efectos en el consultorio y el quirófano, y que por su aspecto atávico hubiera hecho el disfrute de Cesare Lombroso, sustituyó a su padre Hafez cuando este falleció en 2000. Los militares jurásicos que realmente detentan el poder en el país del Medio Oriente, decidieron buscarlo en su clínica de Londres al morir el dictador, improvisarle un uniforme de Coronel del Ejército Sirio y sentarlo en la silla presidencial. Bashar  no es más que un títere de la cúpula militar, por lo demás, dentro de la tradición familiar, un títere muy sanguinario.



Siguiendo los pasos de otros luchadores idealistas antiimperialistas socialistas árabes como Saddam Hussein, también del partido Baath, quien usó gas sarín en la guerra contra Irán y aun en su propia población, como lo hizo contra sus hermanos kurdos en la Masacre de Halabja, en marzo de 1988, en donde 5.000 murieron de inmediato, miles en los años siguientes y 10.000 quedaron lesionados; donde hasta los perros y vacas fueron exterminados; el hermano Bashar atacó con armas químicas a opositores en las afueras de Damasco, con el resultado de casi 1.600 fallecidos, incluyendo 549 niños. Hoy los servicios de inteligencia de EEUU, Francia y Alemania, que se sepa, afirman estar en posesión de evidencia de este ataque con el gas nervioso conocido como Sarín.




Los venezolanos gozamos del honor de ser subyugados por los cómplices en esta gesta de Bashar contra el imperialismo gracias al apoyo irrestricto de la revolución bolivariana –antes de Chávez, ahora de sus herederos- a la noble causa de Bashar, y que tantas violaciones de Derechos Humanos ha requerido. Con las donaciones de diésel para los heroicos ejércitos sirios, y el respaldo político y económico en otras vertientes, cada jerarca revolucionario y cada simpatizante de la revolución tiene su alícuota de muerte en cada cadáver de infante, mujer, anciano y hombre caído ante las armas propulsadas por nuestro petróleo. Los humanitarios lanzallamas sirios con combustible venezolano que a tantos niñitos opositores han achicharrado vivos, son algunas de estas armas. Esto –no tengo la menor duda- colma con orgullo el pecho de todo hombre nuevo idealista y antiimperialista venezolano; ya que la contribución de la muerte de inocentes y la salvación de Bashar, son indispensables para la derrota del Imperialismo Yankee.




Llámese Bashar, Hafez, Saddam, Osama, Khadafy, El Chacal, Fidel, Mao o Pol Pot, basta con que un genocida se proclame luchador idealista socialista antiimperialista antiyankee, para disfrutar del respaldo incondicional de todo izquierdista que se respete y de licencia para continuar su genocidio. ¡Viva Bashar!




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe


No hay comentarios:

Publicar un comentario