viernes, 20 de septiembre de 2013

Imperialismo Chino





Hace pocas semanas un muy satisfecho Vicepresidente “consorte” Jorge Arreaza hizo el preocupante anuncio al país de que China estaba interesada en poseer territorio venezolano. El anuncio pasó casi desapercibido a pesar de la gravedad de sus implicaciones debido a la enorme deuda con el país asiático.

La instauración hace 20 años del capitalismo en China luego del fracaso del comunismo, ha causado un exceso de divisas que le ha permitido al país amarillo usar sus excedentes de dinero como herramienta para la expansión geo-política. De esta manera, los chinos les han prestado a o han invertido dinero en diversos países asiáticos, latinoamericanos y africanos, principalmente; y aun a EEUU, país cuya deuda pública con China se aproxima a los $1.275 millones.



Por medio del financiamiento de proyectos y consumo, y de la suscripción de préstamos financieros, China está expandiendo su dominio imperialista por todo el planeta. Así lo ha hecho en África y Latinoamérica, región donde Venezuela es el principal prestatario de esa nación. En este último caso, los préstamos de China han asumido distintas variantes incluyendo al llamado Fondo Chino, mediante el cual se enmascaran como supuestos contratos de venta de petróleo a futuro, créditos pagaderos con crudo a precios de 50% de descuento sobre los del mercado, so pretexto de menores tasas de interés. Este fondo ascendió a unos $40.000 millones, que se tenga conocimiento.

Venezuela ha asumido obligaciones con China no solamente a título público gubernamental, sino a través de compromisos de distintas empresas del Estado, principalmente PDVSA; compañía gravemente endeudada con el país asiático. En estos momentos la estatal petrolera tiene pasivos con acreedores, entre los cuales China es principal, que alcanzan los $142.000 millones y que sumados a los $106.000 de Deuda Pública Externa, montan a $248.000 millones en compromisos del país.

Aunque como consecuencia del ejercicio de un gobierno que no rinde cuentas sobre su gestión no es posible determinar con exactitud la magnitud de las obligaciones con China, sí se conoce que estas superan los $40.000

Además, las limitaciones de ingresos de divisas provocadas por la caída de la producción económica y la contracción de la producción petrolera, por una parte, y el desplome de las Reservas Internacionales, por la otra, indican que la capacidad de endeudamiento de Venezuela está copada. Venezuela no tiene capacidad de pago para asumir más deuda y aun el pago de la ya existente representa una pesada carga para su economía con peligro de default.

Sin embargo, la rica patria venezolana sí tiene activos suficientes para garantizar endeudamiento y es aquí en donde la aptitud expansionista de China se pone de manifiesto. ¿Qué incentivo puede tener el gigante asiático para prestarle a una Venezuela que o tendrá dificultades extremas para pagarle o sencillamente no podrá pagarle? La única respuesta posible está en su interés de tomar posesión de bienes nacionales por medio de la ejecución de garantías u otros medios; bienes  tales como las reservas en oro, las acciones de PDVSA y otras empresas bajo mecanismo de capitalización de deuda, y el territorio para la explotación petrolera, minera y agropecuaria.

En consecuencia, no es difícil colegir que la nueva deuda por el préstamo de $5.000 millones que el gobierno de Nicolás Maduro recibirá, a cuyos efectos hoy viaja a China; deuda que solo servirá para posponer el colapso definitivo de la economía mientras se realizan los comicios del 8 de diciembre de 2013; implicará la entrega de activos de la nación a los chinos.


Mas hay que advertir a los ambiciosos amarillos, exponentes del neoimperialismo capitalista salvaje y muy corrupto de Estado, que tienen sobradas razones para esperar que un gobierno que suceda al tambaleante régimen de Maduro desconozca como nulas las obligaciones contraídas por autoridades ilegítimas, y por un presidente producto de un fraude electoral que además, por su calidad de colombiano, no tenía cualidad para obligar al país. Solo la mala fe puede mover a los chinos que tienen pleno conocimiento de la irregularidad en que incurren, pero tendrán grandes tropiezos cuando pretendan alegar propia torpeza.



Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilva Be

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