martes, 3 de septiembre de 2013

El despojo del Esequibo






Para defender al régimen de las imputaciones por traición nacidas de la entrega del Esequibo a Guyana, Elías Jaua señaló a Leopoldo López y María Corina Machado de ser herederos de quienes entregaron ese territorio. Curiosa imputación ya que fue ayer –en revolución- que se anunció al país esta entrega a Guyana luego de más de siglo y medio de reclamaciones, conflictos armados y escaramuzas bélicas y diplomáticas de toda índole. Y particularmente curiosa acusación viniendo de uno de los funcionarios revolucionarios serviles a Cuba, metrópolis que ocupa Venezuela, y país que persiguió esa entrega hace más de medio siglo siguiendo órdenes de la extinta Unión Soviética.

En los planes de expansión del comunismo en la región, siempre ha sido de importancia clave el control de Venezuela debido a sus riquezas que servirían para financiar la revolución en el continente. La dominación de cada país también requería el ordenamiento del territorio regional con la correspondiente distribución de las riquezas.




Aunque Guyana no alcanzó su independencia del Reino Unido hasta 1966, en los planes comunistas ya estaba decidida la anexión del territorio en reclamación del Esequibo –que legítima e históricamente pertenecía a Venezuela- a Guyana, pues el movimiento independentista guyanés que eventualmente arribaría al poder tenía profundos lazos con el Kremlin y la izquierda. Así que la decisión de que el Esequibo pasara a manos de Guyana lesionando los intereses de Venezuela, estaba tomada por el comunismo internacional desde comienzo de la década de 1950, por lo menos.


Con el ascenso al poder de Fidel Castro tras el derrocamiento de Fulgencio Batista, se pusieron en marcha los planes de colonización de Venezuela y Guyana por parte de Cuba como agente de penetración soviético. Ya desde la década de 1940 Castro trabajaba a las órdenes de la KGB y el Sóviet Supremo. Estos planes culminaron con el fracasado intento de invasión de 1963 en las costas venezolanas de Machurucuto por parte de fuerzas militares cubanas que fueron derrotadas por las mejor preparadas y entonces todavía heroicas Fuerzas Armadas Venezolanas. Mientras tanto el movimiento de independencia guyanés continuaba la lucha que llevó a la emancipación de Guyana en 1966.




Una vez instaurada la democracia en Venezuela en 1958, se procedió con la reanudación de la reclamación del Esequibo en la que los intereses de este país se habían visto lesionados con el desigual, abusivo y apabullante Laudo de París de 1899, en el que a los venezolanos ni siquiera se nos permitió conducir nuestra defensa, la cual recayó en Estados Unidos de América por imposición de -nada menos que- la contraparte, el Reino Unido. De esta manera, en 1962, la Venezuela democrática reactivó la reclamación sobre el territorio en cuestión dejando clara la posición de que no se reconocía la soberanía de Guyana ni otro país extranjero sobre el Esequibo, que este era indiscutiblemente territorio venezolano.


Desde ese momento el gobierno de Fidel Castro rechazó abiertamente la posición venezolana y apoyó las pretensiones anglo-guyanesas.


En 1969 tuvo lugar lo que se conoció como la Revuelta del Rupununi, un movimiento armado en contra del nuevo gobierno independiente de Guyana, por parte de diversas tribus de la región sureña que lleva ese nombre, quienes declararon su nacionalidad venezolana y su deseo de restituir el territorio que habitaban a Venezuela. El gobierno venezolano fue acusado de patrocinar y financiar este movimiento fallido.


Ante la falta de avance de las negociaciones a partir del Acuerdo de Ginebra sobre el diferendo que habían comenzado en 1966 con la participación de Venezuela, Guyana y el Reino Unido (a pesar de que ya Guyana se había independizado), el gobierno venezolano decidió congelar la reclamación por un período renovable de doce años con lo que se conoció como el Protocolo de Puerto España, firmado en 1970 en el primer gobierno de Rafael Caldera cuando Arístides Calvani era Canciller. Sin embargo, en 1982, bajo la presidencia de Luis Herrera Campíns, la acción de reclamación se reactivó.


Durante el gobierno de Herrera, las tensiones alrededor del conflicto cobraron cuerpo y fue precisamente en este período que la mayor injerencia de Cuba bajo instrucciones de la URSS y la dirección muy locuaz de Fidel Castro, se verificó e hizo patente. Basta examinar la prensa de la época para comprobar la virulenta actitud muy abierta, explícita y publicitada del líder cubano –hoy devenido en ídolo de los revolucionarios bolivarianos, vale decir, los patriotas- contra Venezuela. Sobran los documentos -aun gráficos- que prueban la agresión de Cuba contra Venezuela, de manera que los intentos de negarla son fútiles. La cualidad de enemigo del pueblo venezolano que asumió el mentor antillano del Comandante Galáctico quedó diáfanamente clara ante la historia. La conducta de Castro, tratándose de despojo territorial, fue contra el país, no contra el gobierno.


En 1981 Cuba y Guyana firmaron una declaración en la que "Cuba le reconoce a Guyana la totalidad territorial, incluyendo la Guayana Esequiba o Zona en Reclamación". El apoyo de Castro a Guyana en contra de Venezuela alcanzó tal magnitud que llegó a la amenaza de intervención militar cubana, con despliegue de tropas y material bélico, notoriamente, de aviones de combate de fabricación soviética Mikoyan-Gurevich (MIG 23), a cuyo efecto fueron construidas pistas en territorio guyanés de forma urgente. Para entonces, las Fuerzas Armadas Venezolanas se encontraban en desventaja frente a las cubanas. En particular, los MIG 23 que desplegó  Cuba eran superiores a los Mirage III y 5 de fabricación francesa que constituían la columna vertebral de la defensa aérea venezolana. Mientras Cuba contaba con 130 MIG, Venezuela solo poseía 16 Mirage de tecnología más antigua. Esto llevó al gobierno venezolano a solicitar a Estados Unidos de América la compra del para entonces novísimo F-16 de General Dynamics. Pero la venta del F-16 estaba restringida solamente para casos en que la seguridad nacional norteamericana estuviera comprometida, así que la negociación debía ser aprobada por el Congreso. Con el argumento de que la integridad territorial de Venezuela y por en consecuencia, el suministro de petróleo a EEUU estaban amenazados por la intervención expedicionaria cubana, ese Congreso aprobó la adquisición de solamente 24 aeronaves de última tecnología de las 72 solicitadas, que finalmente se erigieron en una barrera disuasiva frente a Cuba y la Unión Soviética.



Con la llegada del Comandante Eterno –el gran patriota de Sabaneta- al poder, renacieron las maniobras para la entrega definitiva del Esequibo a Guyana. Desde temprano en su gobierno, con una peculiar manera de hacer patria, el líder bolivariano, némesis de los apátridas, manifestó su posición favorable a una solución que cediera el territorio reclamado al vecino país, obviamente obediente a las instrucciones de su amado y admirado jefe Fidel Castro. En 2004 Chávez manifestó que su gobierno no se oponía a que Guyana hiciera concesiones para la explotación de la zona en reclamación, prohibición que fue un logro del Acuerdo de Ginebra, comenzando así, la entrega. En 2007 el Comandante Eterno, el más grande patriota que ha tenido Venezuela incluyendo a Bolívar, declaró ilegítima la reanudación de la reclamación de 1962, con la especie falsa de que Venezuela actuó bajo presión de EEUU. Esta declaración movió a Guyana a solicitar que el gobierno de Venezuela cesara de inmediato en el reclamo.


Hoy los venezolanos recibimos la noticia de que los patriotas rojos bolivarianos, serviles incondicionales de Cuba, han culminado la comisión del más grave y abominable crimen de traición contra la patria registrado por la historia: el gobierno bolivariano ilegítimo nacido del fraude electoral, reconoció derechos inexistentes de Guyana sobre más de 157.000 kilómetros cuadrados de territorio venezolano colmado de riquezas, lo que puede significar el cese de la reclamación que desde 1840 consumió los esfuerzos de generaciones de compatriotas e ingentes recursos del Estado. Afirma el ex embajador Sadio Garavini que con la definición en la Ley de Presupuesto de 2012 de Punta de Playa como punto de partida para delimitar áreas marinas y submarinas se estaría verificando la entrega territorial, pues al estar esta localidad en la línea del Laudo de París de 1899, desconocido y considerado írrito por Venezuela, se le está reconociendo a Guyana derecho al dominio sobre el Esequibo y desconociendo el Acuerdo de Ginebra. 



Los apátridas quedamos despojados, indignados, arrechos y humillados por los patriotas que “haciendo patria”, entregaron el territorio de nuestra patria, nuestra madre Venezuela.




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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