viernes, 30 de agosto de 2013

La multiplicación de las penas








El lapsus linguae cometido por Nicolás Maduro en cadena de televisión dejó atónita a la gran mayoría de aquellos que tuvieron el dudoso privilegio de escucharlo. Mientras hablaba de la necesidad de que la educación infantil y las escuelas prescolares fueran en aumento, sentenció que debían multiplicarse como hizo “Cristo con la multiplicación de los penes”. De inmediato, visiblemente alterado, dijo “de los panes y de los peces” y se excusó por su acto fallido. Demasiado tarde, el daño estaba hecho, las intimidades de su inconsciente quedaron develadas ante el mundo. Las ideas e imágenes que alberga en las profundidades de su mente encontraron salida a la intemperie de la implacable opinión pública. Quedó desnudo.


Como su antecesor el Comandante Galáctico, el ilegítimo es un caso florido que hubiera deleitado a Sigmund Freud como contribución a su Psicopatología de la Vida Cotidiana. Pero este rendimiento fallido de Maduro es particularmente valioso pues ilustra perfectamente casos planteados por el psicoanalista vienés en su análisis de Equivocaciones Orales.


En un nivel superficial, este tipo de error, producto del encuentro de palabras, se explica por la confusión en el cerebro al procesar simultáneamente dos palabras de ortografía y fonética parecidas, en este caso “panes” y “peces” (Maduro afirma haber pensado en peces aunque lo común es pensar solo en panes); de panes más peces resulta penes. Sin embargo, como observan Freud y otros psicoanalistas que han estudiado esta clase de errores en los procesos mentales, existe un nivel más profundo que ha de analizarse para explicarlos.


Es de observar el contexto del discurso en el que el alumno de Sai Baba –santo hindú que imponía a sus seguidores rigurosos ritos de iniciación- incurre en esta falla inconsciente: mientras hablaba de escuelas, niños y Cristo, se le escapó la palabra “penes” que con toda seguridad rondaba lo profundo de su pensamiento. Llama poderosamente la atención que su mente inconsciente seleccionara justamente esta palabra asociada a esos conceptos en tal contexto con preferencia sobre otras que hubieran podido aflorar también, como “penas, pecas, pranes, paces”, etc.. 


Que un connotado homofóbico que acostumbra referirse a su principal adversario político como “mariconsón”, y que preside un gobierno característicamente homofóbico que pretende descalificar a ese mismo contendor y a otros opositores a quienes acusa procaz, bárbara y falsamente de homosexuales con la palabra “maricón”, como si esta condición fuera en efecto una causal de descalificación, que no lo es; no resulta realmente extraño. Quizás es muy natural que en la mente de un supermacho homofóbico esté siempre presente un falo, símbolo de lo que más admira: la hombría. 


Pero hay que reconocer que este tipo de deslices le suceden con frecuencia al hombre que varias veces ha aclarado en público luego de atacar como supuesto homosexual a Capriles que él sí es heterosexual, al tiempo que hace patentes demostraciones de afecto a su pareja, la sexagenaria Cilia Flores, en situaciones de mucho estrés. E intuimos que en estos momentos en los que el develamiento de su condición de colombiano se une a otros lastres que amenazan gravemente su gobierno, su nerviosismo es incontrolable. Condiciones ideales para que el inconsciente “hable” como no hablaron las cajas.




“La multiplicación de los penes” podría ser expresión simbólica del dominio que un gobierno dictatorial militarista que hoy solamente se sostiene en el poder de aplastamiento de la bota militar, y que es vencedor de la sociedad civil a la cual oprime. Y todos conocemos la importancia que los penes militares han tenido a lo largo de los 4.000 años de historia conocida en la aplicación de cierta pena ritual del ejército vencedor en los soldados vencidos, desde el Jericó de Josué hasta la Libia de Khadafy, y que los soldados argentinos violados por triunfadores soldados ingleses en la Guerra de Las Malvinas conocen bien. El pene es símbolo arquetípico como instrumento de dominación. Y como símbolo arquetípico está enquistado en el inconsciente colectivo independientemente de si el usurpador lo sabe o no conscientemente.


Pero la que realmente es relevante y nos agobia a los venezolanos no es “la multiplicación de los penes”, es la multiplicación de las penas (frase tomada de un tuit genial de mi amigo Armando Coll Martínez que cuando leí no soñaba con utilizar aquí). Y es que es cierto que fue su mentor el Comandante Eterno quien con odio, división, ruina y expolio sumió a Venezuela en las más tristes penas que ha padecido por lo menos desde 1903. Pero más cierto aún es que el sucesor fraudulento ha multiplicado esas penas, en todos los sentidos y ámbitos, con sus múltiples crímenes y desatinos en el manejo del país; penas que van mucho más allá de la obvia de tener como presidente, aun siendo dictador, a un ser del nivel y calidad del heredero impuesto por el portento de Sabaneta. Como ejemplo, vea el lector el caso de la economía que con devaluaciones acumuladas que se acercan al 400% y desabastecimiento que se le une, amenaza de muerte lenta al venezolano que enfrenta una hiperinflación que en el automercado alcanza una magnitud 10 veces mayor que el índice inflacionario confesado por el régimen y aceptado por los expertos; y que ha de sufrir una dura pena diaria muy íntima debido a la escasez de papel tualé. Por suerte Maduro no invocó la multiplicación de otro órgano vecino para no agravar los efectos de esta escasez. Pero el inconsciente de Maduro alberga penes, no penas.


Y por cierto, Maduro debería dedicar su inconsciente a la multiplicación de los dólares pues a los venezolanos se nos suma la pena de tener que pagar entre 2013 y 2014 $28.000 millones de dólares de servicio de la deuda externa cuando con PDVSA al borde del colapso cada vez tenemos menos dólares para hacerlo; deuda que –además de la perpetua que será su pago-  también es otra pena multiplicada por el régimen; multiplicada por 8 entre 1999 y 2013, para ser exactos. Es posible que el inconsciente del dictador no esté muy alejado de este deseo, ya que es también el pene símbolo arquetípico de fertilidad.




No sabemos si en los deseos de multiplicación de los penes esté comprendida la multiplicación de los fusiles, lo que no sería de extrañar siendo el fusil imagen fálica, y especialmente cuando la multiplicación de las penas que padece el pueblo venezolano, hace prever el reclamo desbordado y enardecido de ese pueblo contra esos gobernantes que aunque hoy son fraudulentos, una vez llevó al poder; reclamo que bien sabe Maduro solo podrá intentar contener con la fuerza bruta de los fusiles.


Que se multipliquen los penes si lo desea el hombre, pero que no sigan multiplicándose las penas.




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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