jueves, 8 de agosto de 2013

Gracias TSJ






Mucho he trillado en el sentido de afirmar que los actos del régimen el 14 de abril de 2013 y semanas subsiguientes, la inicial aceptación del recuento de votos y revisión de urnas electorales; la posterior negativa a realizar el reconteo y la auditoría; el engaño a los socios de UNASUR con la realización de una auditoría incompleta, en una maniobra inédita en la historia, practicada por el propio auditado; la proclamación expedita de Maduro como presidente y su toma de posesión en tiempo récord; así como los atropellos de Cabello y demás miembros de la Asamblea Nacional en contra de opositores que se negaban a aceptar al fraudulento usurpador como presidente; y la terrible represión contra la población, especialmente estudiantes jóvenes, en todo el territorio nacional, constituían confesión inequívoca y vehemente de fraude electoral pronunciada por la propia dictadura.


Posteriormente muchos previmos que los procedimientos de impugnación interpuestos por el ganador de las elecciones presidenciales defraudado y real presidente de Venezuela, Henrique Capriles Radonski, serían desestimados impúdicamente bajo cualquier excusa por el Tribunal Supremo de Justicia, que como el CNE, es otra dependencia del Poder Ejecutivo en esta “democracia” sin independencia de poderes que sojuzga a nuestro país.


De manera que no fue sorpresa cuando el 8 de agosto de 2013 el aparente Tribunal Supremo del país (el verdadero está en la sede del PSUV) emitió sentencia en contra de las mencionadas impugnaciones con argumentos falsos, tendenciosos y baladíes, sujetos al Derecho por un frágil hilo no precisamente de plata. Un fallo sacado del éter de la antijuricidad que llegó al extremo de condenar con onerosa multa al accionante, por irrespetar con demandas supuestamente temerarias la -ya muy ensuciada y degradada por los mismos magistrados- majestad de ese TSJ arrodillado ante Miraflores y Cuba. Capriles fue castigado por ejercer un derecho básico de todo ciudadano.


Con la prevista pero depravada sentencia, el régimen no ha hecho más que reforzar y confirmar la confesión de fraude inicialmente mencionada. Pero más grave aún, ha dado un paso crucial para continuar silenciando al pueblo mediante una mordaza leguleya; mordaza peor y más indignante que la padecida con la represión de los cuerpos de seguridad del Estado. Han pretendido poner de rodillas al pueblo e impedir que exprese sus más elementales frustraciones, además de privarlo de justicia. Es un error que los delincuentes de rojo jamás terminarán de pagar pues acaban de enardecer todavía más el espíritu de lucha de ese bravo pueblo y de darle mucho más peso a su ya legítima causa democrática. Acaban de pretender someter por la fuerza de una sentencia que solo la podrán sostener las armas de la república, a más de 80% de los venezolanos que hoy se opone a la dictadura.


Además del pretendido silenciamiento a la nación al intentar legitimar la torcedura de la voluntad popular con el nefasto (para el desgobierno, no para la oposición) fallo, intentaron un segundo efecto accesorio: disuadir a quienes todavía mantenían el ánimo de votar tratando de convencerlos de que el voto con un CNE corrupto y fraudulento apoyado por los otros entes del Poder Político, FAN incluida, carece de sentido. Pues si la inteligencia del pueblo venezolano se mantiene intacta, tal propósito fracasará ya que es evidente que gracias al voto estamos en posición de reclamar y protestar por el fraude; que gracias al voto la dictadura se declaró como tal y se puso en evidencia al obligarse a hacer fraude debido a la avalancha de votos en contra; que gracias al voto sabemos con propiedad que somos muchos más los demócratas y que la dictadura está en minoría precaria; que gracias al voto tenemos algo tangible por qué luchar; y que gracias al voto jamás había estado el régimen en más grave situación de debilidad. Además, de que el voto –máxime con un CNE y otros organismos serviles a la dictadura- es elemento de protesta no violenta fundamental, aunque complementario a la lucha civil enérgica y continuada en la calle.


Con esta sentencia contraria a la razón y el Derecho, el régimen ha agravado su estado de debilidad extrema y nuevamente ha mostrado su desesperación e incompetencia. Y por otra parte ha fortalecido más allá de lo imaginable a la resistencia democrática venezolana que es expuesta como víctima silenciada de una dictadura degenerada, brutal, ignorante y forajida, ante el país y la civilización, que así se hace acreedora del rechazo de la humanidad entera.


Más que indignado y ultrajado por la oprobiosa sentencia del TSJ, el pueblo burlado pero enardecido y en pie de lucha ante la profundización de la ignominia, debe sentirse agradecido por el inconmensurable servicio que los criminales rojos, en cuya torpeza y vocación delictual siempre se puede confiar, le acaban de prestar a la causa libertaria de la resistencia democrática venezolana.


¡Mil gracias “magistrados”!




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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