viernes, 2 de agosto de 2013

Corrupción anticorrupción






Tal como ha sido la regla en los últimos años y especialmente durante los meses recientes, es la oposición la que marca la pauta y determina las acciones –o debo decir, reacciones- del régimen dictatorial. De esta manera el venezolano se ha acostumbrado a que cada vez que la resistencia convoca a una marcha de protesta, el desgobierno inventa una contramarcha, generalmente fundada en motivos baladíes y conformada por asalariados, mendigos, indigentes y mercenarios consumiendo alcohol entre otras sustancias, vestidos de rojo, para hacerle contrapeso a la manifestación legítima y espontánea democrática.


Pero ninguna de las risibles contraprotestas de la dictadura ha sido tan ridícula, absurda, contradictoria e hilarante como la que acaba de decretar como reacción a la marcha en apoyo a Richard Mardo convocada por la oposición. En el más cínico  e impúdico ejercicio los robolucionarios la han denominado “La Marcha Contra la Corrupción”, y será encabezada por los más connotados corruptos del bolivarianismo y la boliburguesía.




A la vanguardia de la contramarcha roja veremos a hombres y mujeres honestísimos que han acumulado fortunas de tan formidable magnitud que las calculadoras electrónicas modernas son incapaces de acomodar los dígitos de sus montos en sus pantallas LCD. Fortunas cuyos guarismos el hombre común es incapaz de pronunciar; cuyas magnitudes son incomprensibles para la mente humana. Fortunas que aseguran a la descendencia de los robolucionarios siglos de existencia sin la necesidad de recurrir al vil trabajo, como es el caso de los infantes Chávez que recibieron de su padre, el Comandante Eterno, el socialista enemigo de la pobreza y campeón de los pobres, la bicoca de $2.000, de los verdes con el “In God We Trust” capitalista impreso, honestamente devengados en la administración del Erario Público. En fin, fortunas acumuladas por los adalides del socialismo, por los hombres nuevos anticapitalistas antiimperialistas, en justa compensación por su lucha por el bienestar del depauperado pueblo que gracias a las migajas que estos gigaricachones boligarcas les proveen, les otorgan su voto servil inconsciente, ignorante y cómplice, o mejor dicho, alcahueta.



Y es que como una vez me dijera un académico del Derecho neonazi devenido en chavista en virtud de sus apetencias de dinero y poder, “Venezuela es el país de lo insólito y el absurdo”. Razón por la cual vemos la más grotesca e inusitada inversión de roles: los corruptos persiguiendo a los honestos acusados de corruptos y protestando contra la corrupción. El comentario de ese docente que ahora rememoro, aconteció en medio de una conversación relacionada con los hechos de corrupción que tenían lugar en la democracia “puntofijista”. Honestamente en esa época muchos creíamos que era imposible la existencia de seres más corruptos que adecos y copeyanos y que uno que otro masista capaz de votar en contra del enjuiciamiento de un presidente que regalara un barco a un paupérrimo país mediterráneo suramericano; voto salvador entregado a cambio de una maleta de dólares y el perdón a la cónyuge escultora por los delitos cometidos en la lucha con sus parejas sentimentales de la guerrilla urbana. Pero esta creencia colapsó al conocer a los revolucionarios chavistas de boina roja, cuyos apetitos voraces, consecuencia del hambre crónica y la orfandad intelectual y cultural, acabaron con el futuro de generaciones de venezolanos que no solamente quedarán sumidos en la ruina y el subdesarrollo a pesar de encontrarse en un país que recibió los más ingentes ingresos de recursos y que flota sobre los yacimientos petrolíferos más grandes del orbe, sino que durante los mismos siglos en que los hijos, nietos, biznietos y tataranietos de los robolucionarios disfrutarán de las riquezas y el ocio, se verán esclavizados para saldar la más inmensa, injustificada y bárbara deuda externa que pueda haber contraído nación alguna,  muy seguramente sojuzgados por una potencia imperial extranjera de individuos amarillos de ojos sesgados.



En esa contramarcha contra la corrupción veremos a un multibillonario Diosdado Cabello, luchador idealista enriquecido honestamente de la Cosa Pública, protestar como lo harían Al Capone, Lucky Luciano o Sam Giancana contra la mafia siciliana. A un Aristóbulo Istúriz que se verá obligado a abandonar por dos días su modesta casa veraniega de un millón de dólares de Puerto La Cruz y privarse de un paseo sabatino a las islas en su yate de dos millones de dólares, para venir a contramarchar a la capital (hay que reconocerle el mérito de que descuidará durante esos dos días su fortuna depositada en un banco suizo). A un revolucionario de pura cepa como Rafael Ramírez que gracias a las mordidas recibidas en justa compensación por haber hecho naufragar a la industria petrolera venezolana y de llegar y mantener onerosos convenios de donación de crudo con Cuba y otros parásitos, encontró la tan merecida prosperidad y salió por fin de la pobreza material, que no de la moral e intelectual. Y por supuesto, a un auténtico enemigo de la corrupción como Pedro Carreño, ataviado con una combinación roja ciento por ciento Louis Vuiton, injustificadamente dado de baja de las Fuerzas Armadas durante la democracia por actos de ratería contra los bienes de la cantina militar cuya guarda y administración ejercía. Y así, en general, veremos a tantos jerarcas neoburgueses y neooligarcas rojos honrados a toda prueba, contramarchar indignados contra la proliferación rampante de la corrupción en nuestro expoliado país; muy probablemente movidos por el conocimiento de que el fondo de la olla quedó raspado y reluciente, y de que lo que queda es el cascarón de lo que una vez fuera un país en crecimiento y con un futuro promisor.




Los venezolanos de bien, ese más del 70% de la población que hoy rechaza la orgía ruinosa aberrada que hace de Venezuela presa del más grande crimen contra sus recursos y su pueblo, seguramente observará con beneplácito esta contraprotesta de los expoliadores comunistas, inequívocamente la proyección identificativa de sus propios delitos, y en este sentido, suerte de un mea culpa socialista y revolucionario.


¡Uh, ah, la Patria se nos va!



Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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