viernes, 30 de agosto de 2013

La multiplicación de las penas








El lapsus linguae cometido por Nicolás Maduro en cadena de televisión dejó atónita a la gran mayoría de aquellos que tuvieron el dudoso privilegio de escucharlo. Mientras hablaba de la necesidad de que la educación infantil y las escuelas prescolares fueran en aumento, sentenció que debían multiplicarse como hizo “Cristo con la multiplicación de los penes”. De inmediato, visiblemente alterado, dijo “de los panes y de los peces” y se excusó por su acto fallido. Demasiado tarde, el daño estaba hecho, las intimidades de su inconsciente quedaron develadas ante el mundo. Las ideas e imágenes que alberga en las profundidades de su mente encontraron salida a la intemperie de la implacable opinión pública. Quedó desnudo.


Como su antecesor el Comandante Galáctico, el ilegítimo es un caso florido que hubiera deleitado a Sigmund Freud como contribución a su Psicopatología de la Vida Cotidiana. Pero este rendimiento fallido de Maduro es particularmente valioso pues ilustra perfectamente casos planteados por el psicoanalista vienés en su análisis de Equivocaciones Orales.


En un nivel superficial, este tipo de error, producto del encuentro de palabras, se explica por la confusión en el cerebro al procesar simultáneamente dos palabras de ortografía y fonética parecidas, en este caso “panes” y “peces” (Maduro afirma haber pensado en peces aunque lo común es pensar solo en panes); de panes más peces resulta penes. Sin embargo, como observan Freud y otros psicoanalistas que han estudiado esta clase de errores en los procesos mentales, existe un nivel más profundo que ha de analizarse para explicarlos.


Es de observar el contexto del discurso en el que el alumno de Sai Baba –santo hindú que imponía a sus seguidores rigurosos ritos de iniciación- incurre en esta falla inconsciente: mientras hablaba de escuelas, niños y Cristo, se le escapó la palabra “penes” que con toda seguridad rondaba lo profundo de su pensamiento. Llama poderosamente la atención que su mente inconsciente seleccionara justamente esta palabra asociada a esos conceptos en tal contexto con preferencia sobre otras que hubieran podido aflorar también, como “penas, pecas, pranes, paces”, etc.. 


Que un connotado homofóbico que acostumbra referirse a su principal adversario político como “mariconsón”, y que preside un gobierno característicamente homofóbico que pretende descalificar a ese mismo contendor y a otros opositores a quienes acusa procaz, bárbara y falsamente de homosexuales con la palabra “maricón”, como si esta condición fuera en efecto una causal de descalificación, que no lo es; no resulta realmente extraño. Quizás es muy natural que en la mente de un supermacho homofóbico esté siempre presente un falo, símbolo de lo que más admira: la hombría. 


Pero hay que reconocer que este tipo de deslices le suceden con frecuencia al hombre que varias veces ha aclarado en público luego de atacar como supuesto homosexual a Capriles que él sí es heterosexual, al tiempo que hace patentes demostraciones de afecto a su pareja, la sexagenaria Cilia Flores, en situaciones de mucho estrés. E intuimos que en estos momentos en los que el develamiento de su condición de colombiano se une a otros lastres que amenazan gravemente su gobierno, su nerviosismo es incontrolable. Condiciones ideales para que el inconsciente “hable” como no hablaron las cajas.




“La multiplicación de los penes” podría ser expresión simbólica del dominio que un gobierno dictatorial militarista que hoy solamente se sostiene en el poder de aplastamiento de la bota militar, y que es vencedor de la sociedad civil a la cual oprime. Y todos conocemos la importancia que los penes militares han tenido a lo largo de los 4.000 años de historia conocida en la aplicación de cierta pena ritual del ejército vencedor en los soldados vencidos, desde el Jericó de Josué hasta la Libia de Khadafy, y que los soldados argentinos violados por triunfadores soldados ingleses en la Guerra de Las Malvinas conocen bien. El pene es símbolo arquetípico como instrumento de dominación. Y como símbolo arquetípico está enquistado en el inconsciente colectivo independientemente de si el usurpador lo sabe o no conscientemente.


Pero la que realmente es relevante y nos agobia a los venezolanos no es “la multiplicación de los penes”, es la multiplicación de las penas (frase tomada de un tuit genial de mi amigo Armando Coll Martínez que cuando leí no soñaba con utilizar aquí). Y es que es cierto que fue su mentor el Comandante Eterno quien con odio, división, ruina y expolio sumió a Venezuela en las más tristes penas que ha padecido por lo menos desde 1903. Pero más cierto aún es que el sucesor fraudulento ha multiplicado esas penas, en todos los sentidos y ámbitos, con sus múltiples crímenes y desatinos en el manejo del país; penas que van mucho más allá de la obvia de tener como presidente, aun siendo dictador, a un ser del nivel y calidad del heredero impuesto por el portento de Sabaneta. Como ejemplo, vea el lector el caso de la economía que con devaluaciones acumuladas que se acercan al 400% y desabastecimiento que se le une, amenaza de muerte lenta al venezolano que enfrenta una hiperinflación que en el automercado alcanza una magnitud 10 veces mayor que el índice inflacionario confesado por el régimen y aceptado por los expertos; y que ha de sufrir una dura pena diaria muy íntima debido a la escasez de papel tualé. Por suerte Maduro no invocó la multiplicación de otro órgano vecino para no agravar los efectos de esta escasez. Pero el inconsciente de Maduro alberga penes, no penas.


Y por cierto, Maduro debería dedicar su inconsciente a la multiplicación de los dólares pues a los venezolanos se nos suma la pena de tener que pagar entre 2013 y 2014 $28.000 millones de dólares de servicio de la deuda externa cuando con PDVSA al borde del colapso cada vez tenemos menos dólares para hacerlo; deuda que –además de la perpetua que será su pago-  también es otra pena multiplicada por el régimen; multiplicada por 8 entre 1999 y 2013, para ser exactos. Es posible que el inconsciente del dictador no esté muy alejado de este deseo, ya que es también el pene símbolo arquetípico de fertilidad.




No sabemos si en los deseos de multiplicación de los penes esté comprendida la multiplicación de los fusiles, lo que no sería de extrañar siendo el fusil imagen fálica, y especialmente cuando la multiplicación de las penas que padece el pueblo venezolano, hace prever el reclamo desbordado y enardecido de ese pueblo contra esos gobernantes que aunque hoy son fraudulentos, una vez llevó al poder; reclamo que bien sabe Maduro solo podrá intentar contener con la fuerza bruta de los fusiles.


Que se multipliquen los penes si lo desea el hombre, pero que no sigan multiplicándose las penas.




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

martes, 27 de agosto de 2013

Magnicidio y sabotaje








Al uso de la dictadura cubana, el Comandante Galáctico recurrió a la especie de los innumerables supuestos intentos de magnicidio en su contra. Fidel Castro, el bon vivant ataviado de militaroide verde oliva que lideriza Cuba, metrópolis que además ocupa el territorio de Venezuela; de acuerdo con la inteligencia cubana ha sufrido más de 655 atentado; todos fallidos. Debemos concluir que la misma CIA que tan exitosamente desde que era la OSS de la Segunda Guerra Mundial llevaba a cabo operaciones de asesinato en el extranjero, en realidad es una organización de inteligencia totalmente inepta a la hora de liquidar al cubiche mayor. Y precisamente esa CIA inepta es la que asesora a la oposición venezolana en sus maniobras magnicidas en Venezuela, que ya suman 89 contra el portento de sabaneta, y por lo menos tres contra el ilegítimo Maduro; todas fracasadas. Esos catires de la CIA son unos tirapiedras.


Sin entrar a discutir si el supuesto asesinato de Maduro o Chávez, desde un ángulo etimológico, constituirían verdaderos magnicidios (la palabra “magnicidio” viene de “magno” que significa “grande” y de estos señores lo único grande es el Ego, en el caso de Maduro la estatura, y en el de ambos la cobardía), hay que aceptar que el aroma de falsedad que despiden estas delirantes acusaciones contra la oposición se percibe a kilómetros de distancia, cual el de pescado en putrefacción.


Decíamos que “magno” significa “grande”. Es difícil concebir algo más magno que el pueblo, a su vez sagrado; sólo segundo a Dios en grandeza. Y ese pueblo está muriendo no muy lentamente. No sólo muere de a poco cada vez que su soberanía es lesionada con fraude electoral; cuando su fe y bondad son burladas con engaños; cuando el acceso a información le es negado con la hegemonía de los medios por parte del Estado; cuando lo silencian con planazos, lacrimógenas, perdigones o la compra de Globovisión o Últimas Noticias; cuando lo reprimen con amenazas, terrorismo de Estado, jueces y fiscales esbirros. Sino de manera mucho más eficiente, cuando lo asesinan a razón de 60 homicidios diarios (tercera peor tasa mundial de homicidios), lo matan por negación de servicios debido al deterioro de equipos, o por desabastecimiento de insumos médicos en los arruinados hospitales de uno de los países más ricos de la Tierra. Vadearemos el tema de las muertes cuyo momento desconocemos, las que jamás cuantificaremos, pero que con toda seguridad ocurrirán a consecuencia del envenenamiento de las aguas y el ambiente como resultado de los derrames petroleros más grandes de nuestra historia y de los tóxicos arrojados a la biosfera por las explosiones y otros accidentes en la refinerías; todos debidos a la incapacidad e impericia del personal de esa industria y la falta de mantenimiento por falta de dinero desaparecido en el expolio. Pero no soslayaremos nuestra acusación por los fenecidos en esos siniestros como el de Amuay. A la lista de ofensas contra la vida de ese pueblo, finalmente sumaremos todos aquellos que sucumben y sucumbirán presa del hambre por la escasez, la hiperinflación asesina y, en general, por la devastación del aparato económico del país que promete mucha más hambre, desempleo y esclavitud, agravados bajo el peso de la más formidable deuda externa que pueda tener país alguno en proporción a su economía. Magnicidio es matar al pueblo. Magnicidio es matar su futuro.




El fascismo –al igual que toda revolución- siempre pretende borrar la historia y la realidad, y reescribir una nueva versión de los hechos. Lo vimos en la Unión Soviética desde que los bolcheviques tomaron el poder. Hasta en las películas de Serguei Eisenstein puede verse esta pretensión, como en su “Acorazado Potemkim”. De Lenin y compañía Hitler con su Goebbels copió el método. También tuvo su cineasta que le ayudó a reflejar la falsa realidad sustituta y a reescribir la historia, la talentosa Leni Riefenstahl. Y por supuesto, el bananofascismo bolivariano también tiene sus cineastas forjadores de la realidad paralela oficial de magnicidios y sabotajes que acompaña a la historia reescrita por el aparato de propaganda tropigoebbeliano, como Carlos Azpúrua y a Luis Alberto Lamata, por cierto, una nueva especie de artista que piensa que el espectador está obligado a todo evento a ver sus bodrios.


Así, como hizo el fascismo describiendo una realidad paralela, los medios del Estado se ocupan 24 horas al día de hipnotizar a una audiencia inexistente que ha huido prudentemente hacia el cable; esto es, cuando hay servicio eléctrico. Al estilo de los soviéticos con Chernobyl, intentan desesperada pero inútilmente de convencer a un pueblo que ya no les cree (si es que logra sintonizar VTV a causa de los apagones) de que nuestras refinerías están siendo voladas por la oposición apátrida agavillada con iguanas y rabipelados dirigidos por J. J. Rendón, y no por los verdaderos saboteadores: los incapaces y negligentes funcionarios del gobierno con Rafael Ramírez a la cabeza que hasta mantenimiento le negaron a la noble empresa, mientras estaban ocupados en el saqueo.

Llama poderosamente la atención que un régimen que ha tenido la pericia –casualmente muy similar a la cubana- de develar nada menos que todos los planes de magnicidio urdidos contra los gobernantes revolucionarios; quiero decir, todos los 92 hasta la fecha; un régimen que en este sentido batea 1.000, un promedio que ni Ty Cobb hubiera soñado alcanzar; al mismo tiempo es incapaz de abortar un solo plan de sabotaje. Con un pitcher batea mil, con otro se poncha siempre. Este cuento, por pendejo que estimen al pueblo, nadie se lo cree. Hasta mi rottweiler sospecha que o hay engaño en la fábula de los magnicidios, o la hay en la de los sabotajes, o la hay en ambas. Como buen fascista, la dictadura deposita siempre la culpa de sus fracasos en terceros y recurre a la mentira para ganar simpatías.


Si bien es cierto que los cuentos de magnicidio y sabotaje constituyen operaciones clásicas del fascismo que todo el que tiene nociones de historia los ha observado hasta el hartazgo en otros lugares, no es menos cierto que en la actual situación son hasta desconcertantes. La realidad paralela generada por el aparato de propaganda tiene sentido mientras exista un receptor del mensaje. Con la derrota electoral del 14 de abril, el fraude, la represión desencadenada y la conducta del pueblo en las semanas y meses subsiguientes, la dictadura se mostró en evidencia ante el mundo y quedó muy claro que la base popular del chavismo quedó totalmente socavada. Hoy no es más que una minoría lastimosa y en gran medida suspicaz de sus líderes obesos y ricachones, de quienes, a pesar del cegador fanatismo, ya perciben sus mentiras. De manera que nos encontramos con un Maduro y un Ramírez, acompañados por el goebblelito Villegas, que en un ejercicio absolutamente onanista, hablan para sí mismos, intentando autoconvencerse –o autocomplacerse- de que no tienen responsabilidad en los siniestros y de que hay planes de magnicidio de la oposición. Como mucho, solo sectores reducidos del PSUV -la jerarquía- toma como verdades los mitos imbéciles e inverosímiles confeccionados en Cuba.


Como muestra del real magnicidio que debemos denunciar, el que se ha cometido con el expolio de Venezuela y con la ruina de su infraestructura y su economía, están los casi dos billones de dólares (cada billón es un millón de millones, no es el billón gringo. Un 2 seguido de 12 ceros),  $2.000.000.000.000, desaparecidos, esfumados, en la gestión de un régimen que no tiene ni una sola obra, una sola carretera, una sola represa, un solo ferrocarril, una construcción importante terminada que enseñar como prueba de haber pasado por aquí; y que además, deja a generaciones venideras de venezolanos en esclavitud ante los imperiales chinos y rusos, con una deuda externa de no menos de $250.000 millones. Este es un magnicidio que no podrán ocultar.


O quizás logren hacerlo con un acto de magia. La “desmaterialización” de esos $2 billones, además de magnicidio, es también un gran acto de magia que ni Houdini con David Copperfield asociados con Sai Baba hubieran jamás logrado; en especial, en la difícil y complicada maniobra del truco que fue hacer “materializar” nuevamente esos dólares en la múltiples cuentas bancarias que mantienen los revolucionarios, testaferros y herederos en los paraísos fiscales; como la del mayor magnicida y taumaturgo de las filas socialistas: el Comandante Eterno.




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe


lunes, 26 de agosto de 2013

Tierra Arrasada y Deshumanización




¿Quién no ha sido empujado a la risa con las agresiones de los robolucionarios al Castellano? ¿Cuántos han podido contener las carcajadas al escuchar un “millones y millonas”, un “miembros y miembras”, o un ¡¡”atletas y atletos”!! Nadie escapa a la hilaridad que causan los ignorantes rojos cuando barren el piso con el idioma. Y nadie es capaz de tomar en serio los dislates de los hombres y mujeres nuevos en este sentido cuando destruyen de esta manera el lenguaje; destrucción atribuida a su falta de luces, su brutalidad y su hipocresía, exclusivamente.


Es cierto que en un primer nivel de análisis encontramos que estas lesiones al lenguaje obedecen a las causas mencionadas. Que tales transgresiones responden al mismo mecanismo que genera la conducta de designar con nombres indígenas a hitos geográficos que desde vieja data ostentaban nombres españoles, por ejemplo. Ya el Ávila es el Guaraira Repano, la Laguna de Valencia es la de Tacarigua; aunque los hermanos indígenas son excluidos y mantenidos como mendigos en los semáforos de las ciudades. O al de usar palabras y construcciones eufemísticas como “afrodescendiente” para el negro que lejos de ser incluido en las altas esferas del poder –como lo es el único caso de Aristóbulo Istúriz- es excluido del bienestar; y como el “privado de libertad” que sustituye al oprobioso “preso” pero que mantiene al tal “privado de libertad” en el más inhumano hacinamiento que reina en las dantescas cárceles venezolanas. No olvidemos el divertido término “sexodiverso” tan acertadamente usado por los revolucionarios cuando lo acompañan con el considerado “¡maricón, enfrenta tu problema (…) haz con tu culo lo que te venga en gana (…) te tenían enchufado en ese BMW!” Y claro está, no podemos soslayar “miembros y miembras”, “concejales y concejalas”, “soldados y soldadas”, “atletas y atletos”, ni “millones y millonas”, que aunque pretenden mostrar la inclusión de la mujer, la preocupación revolucionaria por la causa feminista, no es obstáculo para que prive la misoginia y el maltrato de mujeres, como es el caso célebre de primeras cónyuges cuando van conjugados con un “esta noche te doy lo tuyo”.


Así vemos que esta usanza errónea y bárbara en primer lugar es manifestación de un ejercicio hipócrita que pretende purificar al robolucionario que inconscientemente se sabe misógino, xenófobo, excluyente, homofóbico, fascista. El fascismo se lava las culpas recurriendo sólo a la forma, con palabras -y solamente con palabras- vacuas.




Pero la preocupación surge cuando pasamos a un nivel de análisis algo más profundo. ¿Qué significado tiene esta destrucción del idioma? ¿Es casual? Examinemos:


Se piensa con palabras, la palabra es pensamiento. La palabra es la célula elemental del pensamiento, de la idea, de la imaginación. Cuánto más amplio es el léxico, más amplio es el pensamiento. Cuánto más complejo es el lenguaje, más compleja es la imaginación. Cuántas menos palabras se conozcan, menos ideas se tienen.

El lenguaje disparatado y errático es sinónimo de pensamiento e ideas disparatadas y erráticas. La destrucción del lenguaje de esta manera señala la destrucción del pensamiento. Y denota que su origen es una mente errática y destruida pero a la vez destructora. El lenguaje destruido es reflejo de una mente destruida y destructora.




Pero el pensamiento es la base de la civilización, de la sociedad. Las ideas constituyen la esencia de la humanidad. La complejidad del lenguaje, ergo, del pensamiento y la imaginación, determina la complejidad de las sociedades animales; desde las manadas de ganado, pasando por las organizaciones de chimpancés y bonobos, hasta llegar a las humanas. Cuando en virtud de la destrucción del lenguaje se destruye el pensamiento, en consecuencia, se destruye la sociedad. La civilización desaparece. Y al destruirse la sociedad, encontramos la Tierra Arrasada tan promovida por el chavismo como uno de los objetivos primarios del “proceso”, de la cual nacería el “Nuevo Orden” dirigido por una nueva “Casta Dominante”, mejor conocida hoy como boliburguesía.


Sin embargo,  no es menos importante que es justamente el lenguaje, el pensamiento, lo que define la principal diferencia entre el humano y las demás bestias. El lenguaje hace y define al humano. El lenguaje es naturaleza humana. Entonces no es difícil concluir que la destrucción del lenguaje equivale a la destrucción de la condición humana, a la deshumanización, a la desnaturalización del hombre.


De manera que se puede afirmar sin temor a equívoco que la práctica examinada de destruir el Castellano –aunque sin duda se manifiesta a partir de la ignorancia más brutal- no es casual. Es absolutamente premeditada y va unida en calidad de política de Estado a lacras sociales como la delincuencia y la inseguridad, la inflación y la ruina de la economía y la infraestructura, la aniquilación de las universidades y centros de conocimiento, con el objeto de complementarlas en la destrucción de la fibra social; solo que de una forma más perversa pues ataca la esencia misma de la humanidad, y lo más primitivo y primordial del ser.






Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

sábado, 24 de agosto de 2013

Chavismo y papel tualé







El venezolano tiene meses indignado pues la escasez de papel tualé –consecuencia de las políticas económicas socialistas que a pesar de los fracasos históricos previos en otras latitudes, como el de la Unión Soviética, Cuba, Norcorea y China, el régimen insiste en implementar- ha tenido que recurrir a métodos alternativos para su sagrada higiene trasera; métodos que por cierto, no están exentos de sus inconvenientes.


Algunos han recurrido a racionar aun cortando por la mitad los rollos del escaso papel que llegan a encontrar, con riesgo para la limpieza de la mano encargada de la vil tarea. Otros han usado papeles concebidos para otros propósitos si es que se topan con ellos. Esta última práctica, por cierto, iluminó por fin a muchos acerca de la razón de existir del Correo del Orinoco o el diario Vea. Los más creativos se han tornado hacia el agua, el jabón y el secador de pelo, vale decir, cuando no están suspendidos los servicios de agua y electricidad; suspensiones cada vez más frecuentes en el paradisíaco socialismo.


Pero quizás quienes han creado soluciones más divergentes al problema de la limpieza de esas apartadas regiones de la anatomía humana, han sido los propios chavistas; claro está, los que pasan la mayor parte del tiempo en Venezuela y no en sus mansiones del Imperio vacacionando. Así, los robolucionarios que no dedican su tiempo al merecido reposo en su fatigante lucha por el bienestar del pueblo en sus inmuebles de Wellington o Weston, han introducido cambios paradigmáticos en el terreno del conocimiento que antes fue realme exclusivo de tansnacionales imperialistas como Procter and Gamble, Johnson & Johnson y Smurfitt. Veamos:


En su denodada lucha contra la corrupción, el régimen caracterizado por la intachable conducta en el manejo de los recursos del Estado por parte de jerarcas como Diosdado Cabello, Rafael Ramírez, Cilia Flores, Aristóbulo Istúriz, el propio Nicolás Maduro, los hermanos Alcalá Cordones y otros honestísimos oficiales de la FAN; todos individuos sacrificados, probos, intachables, inmaculados e impolutos en el  manejo de la Cosa Pública, ha acudido a sobornar diputados opositores para unirlos a su causa y lograr los 99 votos necesarios para aprobar una ley habilitante anticorrupción. Incluso han anunciado sus voceros que aun si no consiguiere los 99 votos necesarios –tiene 98- se aprobará la tal ley que recuerda a la de Hitler cuando solicitó poderes especiales luego de la quema del Reischtag, para consolidar su dictadura en Alemania; y a las de otros dictadores en la historia.


Es decir, que el postchavismo ha anunciado que, en caso de que su maniobras de soborno a diputados no plegados todavía a la noble causa robolucionaria, o sea, de corrupción de funcionarios para luchar contra la corrupción de funcionarios, una vez más violará la Constitución y los deseos del pueblo en la consecución de sus metas egoístas particulares, en su carrera hacia el comunismo (digo, comunismo para el pueblo porque el revolucionario socialista se reserva el capitalismo muy salvaje para sí). Vimos cómo luego de que el pueblo en el Referéndum 2007 le negara la posibilidad de imponer medidas comunistas reformadoras del sistema, la dictadura tomó caminos alternos ajenos a la democracia para burlar la voluntad popular,  y en virtud de una Ley Habilitante concebida y aprobada para otros propósitos, de todas maneras forzó las reformas en la sociedad. Se limpió con la Constitución, las leyes y el pueblo, ese recóndito y oscuro lugar, prescindiendo de papel tualé, a pesar de que todavía este no escaseaba en los anaqueles; lo hizo obedeciendo a su esencia autoritaria y a su celular desprecio por el pueblo que dice proteger pero que no es más que la excusa y el instrumento para atornillarse en el poder por medio de su aplastamiento, en la simbiosis perversa que es el socialismo populista: el Estado en manos de una élite que depende del apoyo de un pueblo mantenido en la mendicidad y la ignorancia para que a su vez dependa de ese Estado manejado por la oligarquía y la burguesía revolucionarias corruptas.


Haciendo a un lado los múltiples fraudes electorales de los últimos 12 años que como burla que son a la voluntad del pueblo equivalen a usarlo como papel tualé, existen otros ejemplos de la creatividad revolucionaria para solucionar la limpieza del sitio de salida del tubo digestivo. Por ejemplo, el allanamiento a la inmunidad parlamentaria del diputado Richard Mardo sin satisfacer los extremos pautados en la Constitución. O la prohibición del derecho de palabra a los diputados opositores de la AN que no reconocieran al ilegítimo Maduro como presidente. Ambos, violaciones de la Constitución, las leyes y la voluntad popular que se asimilan al uso de esas instituciones en la higiene íntima de los robolucionarios luego de que alivian sus intestinos repletos de restos de caviar con arepa, paté de foie gras con cachapa de hoja, Magré de Canard a la Frescolita y arepa de chicarrón con queso Camembert, o del delicioso mondongo con trufa blanca que no puede faltar, acompañados con Chatéau Pétrus con papelón; jamás olvidan el pouss café de canelita y miche con jarabe de cassis.


Sin embargo es altamente probable, casi fatal, que ni todos los ejemplares de la Constitución, ni de las leyes, ni los de El Correo del Orinoco, ni los de Vea, ni los de una posible importación ad hoc de Granma, puedan satisfacer la demanda de los robolucionarios cuando ese pueblo se harte de ser usado como papel tualé, y ante el cataclismo económico que se aproxima vertiginosamente, baje de sus moradas a exigir a los mismos que con su voto interesado e ignorante llevaron al poder para una vez más ser engañados, la satisfacción de sus necesidades más básicas; cuando baje a pedir la comida que un Estado arruinado por el expolio y la dilapidación de las riquezas del país, al cual ni la quebrada PDVSA puede satisfacerle su sed de dólares, será incapaz de suministrarle; cuando baje a hacer justicia por propia mano contra los mussolinis a quienes entregó su confianza para se enriquecieran sin medida en el manejo de ese Estado que no podrá satisfacer su más elementales requerimientos y que dejaron a Venezuela convertida en un desierto devastado por el sueño delirante narcisista de un sociópata corrupto seguido por un voraz banco de caribes; convertida en lo que originalmente soñaron los robolucionarios para fundar su “Nuevo Orden” con ellos, la “Nueva Casta Dominante”: Tierra Arrasada.


Sería mezquino no reconocerle al chavismo y postchavismo su invalorable aporte a la Ciencia y la Tecnología, a la Economía, a la Salud, e incluso a la Política, que ha significado ese novedoso uso de la Constitución, de las leyes y del propio pueblo para satisfacer las funciones que de otra forma solo podrían solucionar el decadente y capitalista papel tualé, o la humilde y socialista tusa.




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe