jueves, 25 de julio de 2013

Traición y Entrega







En días recientes el Vicepresidente consorte Jorge Arreaza dio unas declaraciones que revisten extrema gravedad tomando en cuenta el estado en que se encuentran las finanzas públicas y la desesperada situación económica del país. Según el señor Arreaza, China ha manifestado particular interés en la propiedad de tierras en Venezuela.


Existen distintas estimaciones del monto de la deuda venezolana vigente a favor de China. Se estima –por una parte- el equivalente al 20% del total de la deuda pública (estrictamente del sector público), es decir, $22.000 millones. Sin embargo, este estimado excluye diversas obligaciones y partidas. Por ejemplo, debido al velo de secreto con que se han conducido diferentes negociaciones, se desconoce el nivel de compromiso derivado del llamado Fondo Chino. Tampoco se conoce con precisión el grado de endeudamiento de PDVSA, cuya deuda total, financiera y operativa, asciende a cerca de $70.000 millones. Para empeorar las cosas, con los manejos a través de BANDES y la existencia de una contabilidad paralela -o mejor dicho, Estado paralelo- en virtud de la cual solamente el 50% de los ingresos petroleros efectivamente entran a la economía nacional y el otro 50% desaparece en negocios y colocaciones foráneos hechos directamente por el Ejecutivo, la magnitud de las obligaciones asumidas por el país por esta vía es totalmente desconocida. En resumen, la deuda externa total conocida de Venezuela, incluyendo la de PDVSA, alcanza unos $250.000 millones, pero algunos expertos opinan que podría llegar hasta el doble de ese monto.


Según el economista José Salazar, ya China ha recibido en pago –además de en garantía- activos de la nación que incluyen pozos de petróleo en el estado Monagas. Por otra parte, es conocido que el régimen está solicitando al gobierno chino (así como también al ruso) nuevos créditos para financiar el funcionamiento del Estado que se encuentra sediento de recursos que ya el petróleo solamente no puede satisfacer, y el consumo (se sabe que unos de los propósitos del viaje de Diosdado Cabello a China es la solicitud de nuevos préstamos). De la única manera que los chinos considerarían prestar más dinero a una Venezuela que ha copado su capacidad de endeudamiento y de pago, es, cuando menos, con el otorgamiento de garantías prendarias oreales, y posiblemente con la constitución de pactos comisorios regularmente proscritos en Derecho, es decir, con la entrega material de la cosa dada en garantía con la cual se cobraría automáticamente el acreedor si el deudor incurriere en mora. Se afirma que este sería el caso con el oro de las Reservas Internacionales en buena parte sustraído del país. No es descartable que ya este tipo de contratos hayan sido suscritos y estén en ejecución con el gigante asiático.


Se sabe que en virtud de los convenios suscritos dentro del llamado Fondo Chino, el país oriental “compra” petróleo a Venezuela por un monto equivalente a apenas el 50% del precio internacional del crudo, con grave daño para la nación. Cabe mencionar, que la llamada “compra” bajo este régimen no es tal, ya que en realidad se trata del pago de préstamos por parte de Venezuela disfrazados como adelantos a cuenta de precio de venta; el cobro lo hace China por medio del descuento y la operación está reflejada en los contratos como pago de préstamo que compromete la producción de petróleo a futuro en violación a los dispuesto por la Constitución Nacional.


La situación de PDVSA, en cabeza de quien pesa gran parte de la deuda externa venezolana contraída para satisfacer el apetito insaciable del Estado populista, corrupto y forajido, merece especial atención. Para 1999, la deuda total de la estatal petrolera ascendía a $3.500 millones; para 2013, arribó a los $70.000 millones, ¡20 veces más, 2.000% de incremento! Es muy grave que este aumento coincide con una caída de un millón de barriles diarios en la producción de petróleo para el mismo período. Con este nivel de endeudamiento PDVSA fue colocada en un callejón sin salida. La empresa no es viable. Su operatividad quedó anulada. La compañía está tan comprometida financieramente que es incapaz de invertir en exploración y ampliación de su planta para incrementar producción tal como estaba planificado; de hecho, le es imposible siquiera gastar en mantenimiento, lo que se ha hecho patente no solamente por la declinación de su producción, sino por el incremento desmedido de accidentes industriales en sus instalaciones que alcanzaron su máxima expresión en la catastrófica explosión de la refinería de Amuay en 2012. Bajo estas condiciones, la deuda de PDVSA es impagable lo que hace pensar que pueden activarse mecanismos para la capitalización de su deuda, vale decir, de la adquisición de participación accionaria por parte de deudores extranjeros. Una entrega imperdonable.


Así que encontramos que después de casi 15 años de una dictadura populista que con planes grandiosos le ofreció a un electorado clientelar el desarrollo y la independencia económica del país; proceso durante el cual dilapidó la formidable suma de $1.600.000.000.000, o sea, ¡un billón (de los de verdad, no de los estadounidenses) seiscientos mil millones de dólares! De los cuales no menos de 700.000 millones se dedicaron a bienes de consumo, es decir, se los comió la población y la corrupción; de la asunción de una deuda externa conocida de no menos de $250.000 millones; de la casi absoluta destrucción de la infraestructura nacional, incluyendo la eléctrica, y de la economía con la casi desaparición de la industria privada; y de la aniquilación de la principal generadora de ingresos del país, PDVSA; no solo no existen obras que mostrar sino que Venezuela se ve expuesta a la necesidad de entregar activos a sus acreedores extranjeros que incluyen no solo las acciones de las principales compañías estatales, sino también el territorio.


Jamás en la historia de la civilización había sido sometido un país a semejante expolio; a crimen más depravado contra su economía y sus nacionales; al cercenamiento del futuro de sus niños y nuevas generaciones. Jamás sufrió una noble nación como lo es nuestra amada y hermosa Venezuela, mayor traición y entrega.




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

No hay comentarios:

Publicar un comentario