viernes, 26 de julio de 2013

No Violencia






“Primero te ignoran, luego se burlan de ti, después te atacan, entonces ganaste”

Mohandas Gandhi



Si algo ha caracterizado al régimen que ha oprimido y arruinado a Venezuela en los últimos catorce años, es el ejercicio de la violencia. Violencia en el discurso, violencia en los sentimientos, violencia en los hechos. Se trata de un gobierno que ha basado su poder en las armas, en el odio y en la violencia de la arrogancia de sentirse supuesta mayoría; mayoría creada con fraude, propaganda y encuestas amañadas, que también son violencia; y que considera que por serlo tiene derecho a aplastar a la supuesta minoría que aun siendo de uno solo, tiene derecho a su opinión y a no ser atropellada. En fin, de un gobierno que ha tenido el monopolio de la violencia y las armas.


La respuesta más natural del humano ante la violencia es la violencia. Así que es de esperar que ante la indignación y la impotencia ante los desmanes de la dictadura, la reacción de muchos sea responder en la misma especie. Nada más peligroso y equivocado. Tanto por razones prácticas como por razones filosóficas. La violencia genera más violencia en una espiral de escalada que no tiene fin y solo conduce a la destrucción de todas las partes.


Por motivos prácticos es vital mantenerse alejados de la violencia en la lucha contra la ignominia. El opresor tiene hegemonía de los medios violentos por su mayor capacidad de acceso a los mismos. El Estado puede comprar tantas armas y armar a tantos hombres asalariados para esgrimirlas como desee. También tiene los recursos económicos para ejercer la violencia en todos los ámbitos, como el cibernético, con mayor eficacia. Decía Gandhi “es estúpido e inútil lanzar ladrillos contra hombres armados con fusiles”. Esto no requiere discusión.

Y hay argumentos filosóficos en contra de la lucha violenta como recurso para enfrentar la violencia. La violencia
desacredita y es en sí misma una derrota. Este es el quid de la no violencia. Cuando el adversario opresor incurre en violencia, irremediablemente encuentra su perdición. La Historia lo ha demostrado. Es la razón detrás de las victorias de Mohandas Gandhi y el pueblo indio contra el colonialismo del entonces poderosísimo Reino Unido, del hermano Martin Luther King en contra del Estado y la sociedad norteamericanos en su lucha por los derechos civiles de la negritud, o de Lech Walesa y Solidaridad en Polonia contra el comunismo de la extinta Unión Soviética. La no violencia hace brotar lo peor del oponente, lo delata, lo pone en evidencia, y así encuentra su derrota al mostrarse tal cual es ante la Humanidad que lo rechaza. La no violencia enfrenta al criminal a sí mismo, a su enemigo interno y provoca su caída ante sus propios fantasmas, pues enfrenta al ente más dañino para el individuo que conoce el hombre: su propia maldad, su lado oscuro.




Pero es imposible no permitir que se dibuje una sonrisa de simpatía en nuestros rostros cuando nos enteramos de que un grupo de aguerridos jóvenes venezolanos decidieron llevar su lucha al terreno que mejor conocen: el hackeo. Hackers Venezuela atacó con éxito todos los portales de Internet de la dictadura. El régimen ilegítimo fue vulnerado a tal punto que prefirió silenciar el ataque electrónico. Loas fueron cantadas desde la resistencia a los héroes de teclado que con justificación violentaron los servidores gubernamentales.


Sin embargo, en un análisis más profundo y responsable es necesario concluir que más daño sufre la causa democrática que la dictadura por tal agresión. El hackeo es considerado terrorismo de Internet. Así lo denunciará y explotará eventualmente el régimen para victimizarse y decirle al mundo que padece los crímenes de una oposición forajida. La resistencia se desacreditará por este acto y no obtendrá ningún beneficio práctico más que la satisfacción derivada de él. Se puede retar al lector a que mencione tres efectos de daño eficaz que haya sufrido el gobierno a causa de estos hackeos. No los hay. Sus logros con respecto a deteriorar la posición de la dictadura son nulos, y por el contrario, tiene la vocación de fortalecerla.


Y es que el hackeo, como terrorismo y agresión, es violencia, y tiene como consecuencias las mismas que para el opresor: pone en evidencia al hacker, lo delata, revela su naturaleza, y lo derrota. ¿Y qué vendrá después de agotados los hackeos, bombas, tomar los fusiles? El gobierno tiene más hackers, bombas y fusiles, y los sabe usar.



Por último, la no violencia no debe ser confundida con el pacifismo o la pasividad. Estos se inscriben en la inercia, en la inacción. Muy al contrario, la no violencia es activa en extremo, requiere conducción inteligente, lucha activa sin desmayar y enormes sacrificios que pueden incluir el sufrimiento físico y hasta la muerte del luchador. Puede afirmarse que la no violencia es en realidad una forma de violencia pasiva que hiere el alma del opresor obligándolo a reaccionar con lo más bajo de su ser.
 



Jamás debe la resistencia venezolana abandonar la senda de la no violencia, sería su perdición. La no violencia terminará derrotando a la dictadura si la lucha es acompañada con el voto y la protesta civil en todos los ámbitos legítimos que permiten la Constitución, las leyes y la moral.




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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