lunes, 22 de julio de 2013

Fascismo antifascista


                                        
  

                            “No existe peor fascismo que el antifascismo”
Pier Paolo Pasolini

"El camino al infierno está empedrado con buenas intenciones"
Marie-Louise Von Franz

Hace dos meses fuimos testigos de la arremetida salvaje en el parlamento contra diputados de oposición por parte de miembros de la bancada gobiernera comandados por el teniente Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional. Como resultado varios representantes opositores del pueblo salieron heridos, algunos de gravedad como la diputada María Corina Machado, quien requirió cirugía nasal y hospitalización. Los oficialistas, acusándolos de fascistas, atacaron a los opositores quienes solamente solicitaban el derecho de palabra que le era arbitraria y dictatorialmente negado por Cabello.


Unas semanas atrás, Jorge Rodríguez, alcalde de Caracas, y Vladimir Villegas, ministro de información, ambos del partido de gobierno, presentaron impúdicamente una grabación ilegalmente obtenida por los organismos de inteligencia de la dictadura nada menos que en la intimidad de la residencia del historiador Carrera Damas. El audio, que no traslucía más que diferencias de opiniones dentro de las fuerzas opositoras como es natural en la diversidad que debe privar dentro del espíritu democrático, fue esgrimido por los representantes del gobierno como prueba de que los grabados fraguaban un golpe de Estado. Hoy es objeto de investigación en la AN. La convocatoria para la investigación califica de fascistas, además de traidores y apátridas, a Machado y Carrera, así como a otros miembros de la unidad democrática.




Cuando retornaba de un exitoso viaje a Chile donde se entrevistó con el presidente Sebastian Piñera y además obtuvo el reconocimiento de líderes como Alan García quien lo calificó como el presidente electo de Venezuela, Henrique Capriles Radonski, reiteradamente calificado de fascista, fue atacado en el aeropuerto de Maiquetía por una horda de fanáticos rojos bajo la jefatura de la diputada oficialista María León. Felizmente el presidente despojado de Venezuela salió ileso de la agresión.




¿Acaso existen manifestaciones más fascistas que los atropellos y desmanes por parte de los socialistas antifascistas anteriormente descritos? La respuesta es un rotundo “¡no!”. Estas violaciones constituyen la expresión más rancia del fascismo y el nazismo que recuerdan a la Italia de Mussolini y a la Alemania de Hitler en la época de la pre-guerra. Rememoran los actos forajidos de los camisas negras y camisas pardas, así como las maniobras de la Gestapo, solo que con camisas rojas. Las palabras de Pasolini resuenan en nuestras conciencias, “no existe peor fascismo que el antifascismo”.


Y es que una de las características  más interesantes del fascismo populista es el mecanismo de proyección identificativa observable en su discurso y actos. Invariablemente, como factor de cohesión de la masa popular que lo sostiene, el fascismo crea un enemigo externo, un tercero a quien culpa de todos los males de la sociedad y del pueblo que dice proteger y pretende salvar. Al adversario se le asignan las características propias, la esencia del fascista. Trátese de judíos, gringos, oligarcas, burgueses, de comunistas en el caso de los derechistas, o a la derecha en el caso de los comunistas, siempre otro (ellos) carga todas las culpas de los males propios (nosotros); jamás las causas de las propias carencias las busca el fascista en su interior, al  tiempo que proyecta su esencia en el prójimo cuya destrucción es justificada de esta manera, en una suerte de ritual de purificación inconsciente de la propia maldad y culpa. La aniquilación del enemigo es en realidad la pretendida muerte del enemigo interno, y tiene el favor de Dios.


Sin embargo, la historia prueba que aunque el fascismo ha gozado de gran éxito en acumular poder y someter sociedades en el corto plazo, siempre conduce a la destrucción del agente fascista y a la casi total destrucción de la sociedad que se aglutina alrededor de su causa. Es absolutamente cierto que Mussolini terminó con su mujer colgado por los pies y mutilado, y que Hitler se suicidó y fue cremado a las puertas de su bunker cuando los soviéticos estaban a pocos metros de capturarlo. Pero no es menos cierto que los países que estos líderes depravados fascistas pretendieron salvar y conducir a la gloria, muy por el contrario, fueron llevados al borde del abismo y a su casi total destrucción. Solamente la acción del enemigo que habían designado para exterminar y purificarse logró la recuperación material y económica de sus naciones.




Lo anterior sugiere que la salvación final de los fascistas antifascistas rojos yace en cabeza de sus adversarios, el enemigo creado para salvar sus propios espíritus y liquidar sus fantasmas: los sobrevivientes de la resistencia venezolana.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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