martes, 23 de julio de 2013

Diálogo






Han despertado mucha preocupación las declaraciones por parte de líderes de la unidad acerca de la necesidad de diálogo con el gobierno ilegítimo de Nicolás Maduro, representante de la metrópolis cubana. Curiosamente, la misma inquietud, aunque seguramente con intenciones hipócritas, ha manifestado el régimen en persona de Nicolás Maduro, principalmente.
 

Cuando Maduro llama a la conciliación y al diálogo a la oposición, a la vez que utiliza adjetivos como estúpidos, apátridas, traidores, fascistas, y llama al odio hacia la burguesía, la oligarquía y la derecha, hay que convenir en que suena absolutamente insincero. Es imposible que pretenda conciliar y conversar con aquellos a quienes dirige tales insultos.


Pero es mucho más grave que voceros calificados de la oposición mencionen la necesidad de diálogo con un gobierno dictatorial que ha accedido al poder por medio de fraude electoral, y que le ha cerrado todos los caminos legítimos a la mayoría del pueblo que votó por la opción de la democracia, para hacer valer su decisión y sus derechos. ¿Cómo dialogar con delincuentes de esa calaña? ¿Cómo llegar a acuerdos y esperar que los mismos sean respetados por exactamente las mismas personas que adulteraron el resultado electoral torciendo la decisión del pueblo para luego pretender callarlo? ¿Cómo conversar con los mismos que han cometido toda clase de delitos reprimiendo la disidencia y la reacción de protesta ante el crimen electoral?


El único diálogo posible con criminales de tan baja estofa y sinigual depravación, con psicópatas y malvados sin escrúpulos que solamente atienden a sus propios intereses en extremo egoístas y ansias de poder y dinero, es el silencio de la protesta civil no violenta irreductible, indeclinable, incansable, incesante, continua y contundente; y la palabra contenida en el voto responsable y decidido.


Solamente con la lucha no violenta complementada con el voto, la resistencia logrará avanzar contra la aviesa dictadura y deponerla. Aunque la vía principal es la lid no violenta, el voto es fundamental y sin él será imposible tener éxito en el derrocamiento del totalitarismo.


En apariencia, en especial bajo un análisis muy superficial, suena plausible la tesis de que con un gobierno forajido que maneja a su antojo al Consejo Nacional Electoral cual ministerio adscrito al Ejecutivo y sometido a la égida del estamento militar, la avenida correcta a tomar es la de la abstención. Nada más falso. Gracias a haber votado, a no haberse abstenido, los venezolanos pudieron poner en evidencia a la dictadura, ante la propia nación y el resto de la civilización. Quedó fehaciente e indiscutiblemente demostrado que quienes propugnamos la democracia en Venezuela somos más, muchos más, la más aplastante mayoría. Que solamente por medio del fraude y la fuerza bruta el régimen con el títere ilegítimo Maduro a la cabeza pudo asirse al poder. Que ya no cabe la más mínima duda de que el pueblo venezolano se encuentra oprimido por una perversa dictadura militarista muy delincuencial. Y que el pueblo tiene una decisión, unos votos que defender, elementos tangibles por los cuales continuar la lucha por la libertad.




De no haber votado no hubiéramos obligado al régimen a incurrir en el patente y burdo fraude; y no hubiéramos tenido nada que defender. No se sabría que los demócratas somos absoluta mayoría. Y el mundo no conocería que padecemos una dictadura militar comunista totalitaria. Habríamos perdido la guerra sin haber luchado. No tendríamos esperanza.


De manera que no existe otro diálogo posible con este régimen oprobioso que pronunciarse con el voto y emprender la contienda no violenta en su defensa para finalmente imponer la voluntad popular soberana hoy burlada por los jerarcas del oficialismo y los militares, todos profundamente corruptos.





Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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