miércoles, 17 de julio de 2013

De Philby a Snowden








El caso más sonado de espionaje y traición en el Reino Unido y Occidente es el del alto funcionario de MI6 (Inteligencia Británica) Kim Philby. Miembro del conocido grupo de espías soviéticos infiltrados en el Ministerio del Interior Inglés que pasó a llamarse “The Cambridge Five” (Los Cinco de Cambridge), ya que sus miembros, incluyendo a Donald Maclean, Guy Burgess, Anthony Blunt, y otro cuya identidad jamás se conoció hicieron amistad y se unieron al espionaje cuando cursaban estudios en la Universidad de Cambridge; Philby finalmente tuvo que huir a Moscú en 1963, al conocerse sus actividades como doble agente que ya habían levantado sospechas desde 1951.




Philby llegó a detentar las más altas jerarquías en el sistema de inteligencia inglés al punto de que fue oficial de la Orden del Imperio Británico entre 1946 y 1963. Esto sucedía mientras era agente de la KGB (antes NKVD) y disfrutaba del aprecio de sus colegas rusos, aunque Joseph Stalin le guardaba ciertas reservas pues dudaba de su lealtad. Sin embargo, cuando huyó a Moscú descubrió que no era coronel de la KGB como creía ni disfrutaba de jerarquía oficial en la inteligencia soviética.




En Moscú, Philby, hombre aficionado a la generosidad del capitalismo y sus exquisitos bienes, pasó a tener una vida muy humilde y oscura. Le fue asignado un estipendio de apenas 500 rublos y un muy modesto apartamento. Le fue impuesta con la excusa de ser guardaespaldas, una guardia de seguridad las 24 horas del día pues existía temor de que regresara a Londres. La KGB le asignó tareas sin importancia. En fin, la vida de superespía afecto al hedonismo de Philby, se transformó en una existencia tediosa, austera y asfixiante. Aunque él declarara que lo único que extrañaba de Inglaterra era la mostaza Colman, la salsa inglesa Worcestershire Lea & Perrins y algunos amigos, la realidad es que su vida detrás de la cortina de hierro fue miserable. Llegó a decepcionarse del sistema comunista por el sufrimiento de sus ciudadanos. Murió en Moscú en 1988.




En la segunda quincena de mayo de 2013 hizo explosión en los medios de comunicaciones norteamericanos el escándalo PRISM (PRISMA). Una fuente desconocida de la inteligencia norteamericana filtró la información acerca de la existencia del programa PRISM; iniciativa de espionaje cibernético antiterrorista por parte de la National Security Agency (NSA) en los principales servicios de Internet como Apple, Google, Yahoo, America On Line, Microsoft, Facebook, etc.; compañías a las que se les acusaba de permitir el acceso gubernamental a sus servidores para que sus usuarios fueran espiados. Aunque estas compañías han negado rotundamente su anuencia para esta operación, importantes académicos y expertos no descartan que sus sistemas hayan sido efectivamente penetrados.


En junio del mismo año, el mundo conoció que la fuente de la filtración fue el joven agente de la inteligencia norteamericana al servicio de la NSA, consultor técnico, informante y ex agente de la CIA, Edward Snowden, de 30 años de edad. De inmediato el joven espía traidor a su país se sumergió en la clandestinidad. Desapareció de Hong Kong y emergió en Moscú.


Los comunistas y todo entusiasta antinorteamericano del planeta simpatizaron con Snowden sin considerar sus móviles ni sus inclinaciones políticas que con absoluta seguridad están muy lejos de la izquierda. Así, el usurpador ilegítimo Nicolás Maduro y su gobierno marioneta del cubano saltaron en la defensa del joven. Ni siquiera Cuba se atrevió a cerrar filas alrededor el incómodo personaje.


El régimen de Maduro llegó al extremo de -sin previa solicitud de Snowden- ofrecerle asilo. Pero así como Philby, Snowden es aficionado a las bondades del capitalismo del primer mundo, de manera que no solamente rechazó el ofrecimiento de Venezuela, sino otros similares como el de Ecuador y la paupérrima Bolivia. Sólo estaba interesado en refugiarse en países capitalistas desarrollados que, por su parte, le sacaban el cuerpo. Mientras tanto Cuba guardaba silencio temerosa de que el caso de marras perjudicara el intento de aproximación de la dictadura cubana al gobierno norteamericano, cada vez más importante ante el deterioro de la economía venezolana y la posible pérdida de Venezuela como colonia debido a la debilidad del gobierno de Maduro.


Tal como fuera mencionado, a los comunistas les importaba poco la posición ideológica de Snowden. Bastó que traicionara a su país para ganarse sus simpatías. Lo que no es sorpresa pues esto ha sido una constante en la historia del último siglo. Cualquier criminal genocida o terrorista que se declare antinorteamericano, sin importar a cuántos niños haya asesinado, llámese Carlos Ilich Ramírez, el Chacal; Bashar Al Assad; Saddam Hussein; Moamar Khadafi o Ché Guevara; goza automáticamente de los afectos de la izquierda internacional y de los calificativos de “luchador idealista internacionalista antiimperialista” u “hombre nuevo”.


Con esa actitud, y sin considerar que hería las susceptibilidades e intereses del único cliente que le compra a precios de mercado y paga al contado el petróleo, el millón de barriles diario que le vende y que proporcionan el sustento único de la robolución, Maduro irreflexiva e irresponsablemente se lanzó a proteger a Snowden y a criticar a su ex patrono por sus operaciones de espionaje sobre sus ciudadanos.


Pero la sindéresis de Maduro deja mucho que desear, casi tanto como su cultura (o ausencia de ella) y su inteligencia. Ya al cineasta paisano de Snowden, Timothy Tracy, lo había acusado infundadamente de ser espía de la CIA, apresado, torturado y arrojado la terrible prisión de El Rodeo; para más tarde entregarlo sin chistar al gobierno del Imperio a solicitud del Secretario de Estado John Kerry. Más grave aún. El espionaje que tanto critica Maduro en persona de los Estados Unidos de América, es el que sin límites puso en evidencia el programa “La Hojilla” al presentar grabaciones ilícitamente obtenidas de distintas personalidades de la oposición venezolana. O el de la insólita grabación impúdicamente presentada por el gobierno y el PSUV, hecha nada menos que en la intimidad de la residencia del historiador Carrera Damas, quien fue grabado por la inteligencia venezolana junto con la diputada María Corina Machado. ¡Hasta en nuestras casas está presente el micrófono de Big Brother!


Para esta fecha no existe gobierno serio que le haya otorgado el asilo al espía traidor. Ni Rusia aceptó embarrarse en este sórdido caso y agriar sus relaciones con EUA. Y Venezuela se convirtió de nuevo en el hazmerreír de la diplomacia internacional, puesto que ni el mismo Snowden aceptó venir a nuestro deteriorado país. Nicolás Maduro salió perdedor sin ser contendiente en este affaire. En criollo, metió las narices donde no lo llamaron.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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