jueves, 27 de junio de 2013

Teta o paredón




A principios de la década de 1980 tuvo lugar un hecho inédito e histórico en el mercado de alimentos norteamericano. En protesta por las políticas de comercialización de Nestlé para sus fórmulas y cereales para lactantes en Latinoamérica, los consumidores organizados montaron un boicot contra los productos de la gigante transnacional suiza. A Nestlé se le imputaba el uso de estrategias de publicidad y mercadeo dirigidas a desacreditar la lactancia materna en favor de los métodos alternos con biberón. Consideraron las organizaciones de consumidores norteamericanas que tal práctica era criminal y atentatoria contra la salud de los infantes al Sur de sus fronteras. Inicialmente, la medida fue desestimada por la compañía, pero al cabo de pocas semanas el descenso en las ventas de todos sus productos era de tal magnitud, que se vio forzada a hacer un pronunciamiento público y comprometerse a enmendar sus estrategias, e incluso, a realizar campañas de educación en los países afectados en favor de la lactancia materna. Fue un éxito del consumidor educado y organizado y una demostración de cómo las fuerzas del mercado pueden generar el saneamiento, no sólo del mismo mercado, sino de mercados foráneos; de cómo el Mercado puede autoregularse.



Una condición para el desarrollo y máxima eficiencia del Mercado es la preparación de uno de sus protagonistas claves: el consumidor. Cuanto más educado es el consumidor, mayor exigencia a los productores y en consecuencia, mayor calidad en los productos es lograda. El consumidor (la Demanda) debe ser capaz de discernir, conocer, valorar y exigir al productor (la Oferta) con propiedad lo que desea consumir y así definir la calidad, además de la cantidad, de los bienes que se ofrecen en el mercado. El desarrollo del consumidor como individuo conduce al desarrollo del mercado.


Lo anterior es cierto y medular en el individualismo que caracteriza a la democracia liberal capitalista. La labor del Estado debe propender a proveer las condiciones para que el ser humano se desarrolle como individuo, se eduque, y todos los actores económicos se puedan desenvolver con la mayor eficiencia en la economía. El desarrollo del individuo traerá como consecuencia el desarrollo de la sociedad.


El Materialismo Histórico es la negación del individualismo. La masa, el colectivo, la sociedad y aun el Estado tienen preeminencia sobre el individuo, quien tiene el valor de una hormiga obrera. Al ciudadano se le trata como a alguien sobre quien pesa una suerte de capitis deminutio; al ser humano se le contempla como a un hijo tonto incapaz que debe ir de la mano del Estado paternal todopoderoso; Estado que además, lo mantiene en esa situación de minusvalía para que dependa de él hasta para sus necesidades más básicas, de manera que con esa relación simbiótica, le dé soporte popular a ese Estado del cual depende para subsistir. La atrofia de la individualidad es vital para el sostenimiento del Estado socialista. Si el individuo progresa, ya no necesitará al Estado para sobrevivir.


De esta manera, en el Estado comunista se sustituye a la educación del individuo por las normas, la coerción y la coacción. Así, en lugar de hacer programas de formación para la madre con el objetivo de sentar la importancia capital de la lactancia materna y permitir que por decisión personal basada en el conocimiento ella adopte la alimentación natural del niño, se le prohíbe mediante leyes y castigo la administración de biberón a los infantes y se la obliga a dar la teta so pena de paredón. La madre, cual ser incapaz de libre albedrío, es sustituida por el Big Brother orwelliano en su decisión de cómo alimentar a su hijo.


De más está decir que no existe nada más fascista que el Estado omnipotente y omnipresente que interviene en todos los aspectos de la vida del ciudadano, dictándole desde qué y cuánto come hasta qué cantidad de papel tualé debe usar para su higiene. El Estado que todo lo observa, todo lo sabe, todo lo ordena, todo lo produce, todo lo provee, el Estado encima del individuo, el Estado que le niega a la persona la capacidad de pensar y decidir con independencia, es también la esencia del fascismo. Y poco importa si el fascismo es de izquierda o de derecha, no existen diferencias sustanciales entre uno y otro.




En consonancia con la visión materialista fascista del comunismo que niega la individualidad, en la Asamblea Nacional de Venezuela se está proponiendo una Ley de Lactancia Materna que prohibirá el uso del biberón o tetero, y establecerá la obligatoriedad de la administración de la lactancia materna natural por parte de la madre; negándole a esta poder decisión sobre la alimentación de su hijo. Y todo por una razón muy sencilla: Father knows best  o papi sabe lo que es mejor para el hijo. El padre es el Estado, el hijo es el ciudadano.





Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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