jueves, 13 de junio de 2013

Muerte a los corruptos





“Pueden matarnos a todos, pero jamás derrotarán al pueblo”

Ho Chi Min

Es tradición en los regímenes que ensayaron fallidamente el marxismo en el siglo XX, el establecimiento de la pena de muerte para los considerados traidores a la patria, es decir, para todo aquel que disintiera del pensamiento único de la dirigencia en el poder. Así sucedió en la URSS, China, Cuba, Corea del Norte y Camboya, por ejemplo.

El stalinismo exterminó a unos 40 millones de rusos, de los cuales una buena parte, en la Gran Purga, la constituían dirigentes políticos, intelectuales, empresarios, académicos, profesionales con formación universitaria, en fin, todo aquel capaz de pensamiento crítico y adversario o posible adversario del régimen comunista. Viene a la memoria el caso del escritor e intelectual Aleksander Solyenitzin, quien como tantos otros fuera enviado a la helada Siberia, al infame Archipiélago de Gulag, los campos de concentración y exterminio de opositores y demás individuos “peligrosos” para el comunismo.




Es trágicamente famosa la Masacre de Katýn, 1940, en la cual 22.000 oficiales del Ejército Polaco fueron ejecutados por orden de Stalin y el Sóviet Supremo, quienes encargaron
de dirigir la operación a Lavrenti Beria, quien se iniciara en la Cheka para luego ser el siniestro director de la temible NKVD (renombrada KGB), y que luego de la muerte de Stalin también fuera ejecutado. Gracias a las leyes que obligaban a todo polaco graduado de la universidad a ingresar como oficial del ejército, la oficialidad polaca estaba formada por la clase profesional del país. El objetivo de Stalin, como en todo sistema comunista, era la decapitación de la sociedad para poder dominar Polonia. Como es costumbre también en el comunismo, la culpa de la masacre, Rusia se la achacó a terceros, los alemanes que habían sido expulsados por el Ejército Rojo con anterioridad, pero las autopsias que condujo la Cruz Roja en todos los cadáveres revelaron que absolutamente todos habían muerto con un tiro en la cabeza, generalmente en la nuca, y casi todos tenían la bala dentro de la cavidad craneana, que resultó ser en todos los casos, de fabricación rusa. Rusia solo aceptó la responsabilidad en 1992, pero admitió solamente 1.800 víctimas y hasta la fecha se niega a pagar indemnización a Polonia.
La China de Mao Ze Dong aniquiló a unos 45 millones de ciudadanos tanto por hambrunas como por persecución política, en particular, de todos aquellos con capacidad de disentir. La infame Revolución Cultural China, ordenada por Mao y conducida por su sanguinaria esposa, exterminó a buena parte de esos millones de víctimas. Toda la clase pensante en China fue eliminada; ablación total de la cabeza de la sociedad.

El caso de Camboya es ampliamente conocido. El criminal Pol Pot ordenó a su Khmer Rouge el exterminio de todos los profesionales del país, incluso, de todos los alfabetizados. Llegó al extremo de instruir la ejecución sumaria in situ de todo aquel que usara lentes de corrección para la vista, bajo la presunción de que sabía leer y escribir. Nada más peligroso para el comunismo que el conocimiento y el pensamiento independiente.

En Cuba, Fidel Castro procedió de la misma manera que otros gobernantes comunistas. Ordenó el fusilamiento de todo aquel considerado traidor, y de todo acusado de
simpatizar con el derrocado dictador Fulgencio Batista. Normalmente se procedía con un juicio sumario y de ahí se pasaba a los acusados al paredón, o mejor dicho, al borde de la fosa común. Se le atribuyen a Castro de 30.000 a 200.000 fusilados, aunque algunos sostienen que la cifra alcanza a 400.000, ¿pero vamos a contabilizar la muerte?; uno es tan grave como 400.000, un muerto ya es demasiado. Casi todos los ajusticiados durante la Revolución Cubana han sido acusados de traición por corrupción, generalmente con imputaciones falsas pues es el objetivo era acabar con la disidencia. El comunismo no admite pensamiento distinto al del liderazgo.



Hace unas horas, Nicolás Maduro, el comunista agente de la inteligencia cubana en Venezuela y presidente ilegítimo en virtud del fraude electoral del 14 de abril de 2013, declaró que “los corruptos serían fusilados”. Las burlas en las redes sociales no se hicieron esperar: tendría que ejecutar a toda la dirigencia y buena parte de la militancia del partido de gobierno, el PSUV; incluyendo a su propia concubina Cilia Flores a quien se le imputan múltiples casos de corrupción, y hasta él mismo tendría que enfrentarse al pelotón de fusilamiento, si es cierta la información que circula en Internet acerca de su fortuna de US $700 millones injustificable y escondida en bancos de La India.



Pero la intención de la amenaza de Maduro, seguramente hecha por instrucción de Raúl Castro, no fue advertir a sus copartidarios con respecto una purga si persisten en sus actividades de expolio del país. Esto sería suicida y contrario a los intereses de Maduro y la revolución. La corrupción, como bien sabía Chávez y por eso la instauró como política de Estado, cumple dos objetivos fundamentales: comprar lealtades, y constituir una nueva casta dominante con enorme poder económico para sojuzgar a la sociedad venezolana; una nueva élite u oligarquía boliburguesa. De manera que eliminar la corrupción acabaría con la revolución, pues el móvil principal de sus aliados en el estamento militar y el “empresariado” es el lucro personal.

¿Entonces a quién va dirigida la amenaza de Maduro? Obviamente, por proceso de eliminación, a la oposición. Ya es conocida la afición de los revolucionarios a forjar expedientes contra opositores, felizmente siempre con mucha torpeza lo que resulta en montajes burdos. Tales son los casos del empresario y banquero Nelson Mezerhane, culpado infundadamente por el asesinato del fiscal Danilo Anderson, o de Richard Mardo y Henri Falcón, dirigentes políticos de oposición con amplio apoyo popular, temeraria y falsamente acusados de corrupción administrativa. Una razzia conducida de esta forma por el régimen, dentro de la tradición comunista, tendría por objetivo decapitar a la sociedad venezolana por la desaparición de su dirigencia. No olvidemos que la rebelión del 4F tenía programada la persecución de la dirigencia política, empresarial, intelectual, académica, gremial y sindical del país y su posible ejecución; la eliminación de toda la clase pensante. El pensamiento diverso y el conocimiento son los peores enemigos el comunismo.

Puede argumentarse que la Constitución Venezolana expresamente prohíbe la pena de muerte. Sin embargo, esa Constitución ha sido violada de todas las formas posibles, aun en las materias más delicadas, e incluso hasta la voluntad popular expresada en el Referéndum de 2007 fue burlada para el establecimiento del estado comunista. Así que no es de extrañar que “atendiendo al interés superior del colectivo y al poder originario del pueblo”, se salten el insignificante detalle de la prohibición ordenada por la Carta Magna. Por lo demás, con un CNE apéndice del Ejecutivo, no es de extrañar que la dictadura ganase un referéndum para una reforma constitucional.

En conclusión, todo venezolano medianamente preparado ha de interpretar la amenaza de Maduro como un intento de amedrentar a una oposición amordazada, incapaz ya de hacerse escuchar por los medios de comunicación tradicionales como radio, televisión y prensa, pues salvo algunos reductos en la prensa escrita, el Estado comunista ya hegemoniza estos medios, máxime con la reciente compra por parte de la dirigencia gobiernera por medio de testaferros del canal de noticias Globovisión, único que permanecía crítico e independiente.

Sin embargo, con absoluta confianza y seguridad se puede afirmar que no existe opositor venezolano que sucumba al inútil intento de Castro por intermedio de Maduro, pues además de ser una apabullante mayoría, el pueblo opositor venezolano ni con el fusilamiento de 10 millones de personas, se doblegará ante la bota comunista cubano-venezolana.

Como dijo Ho Chi Min cuando los bombardeos estratégicos norteamericanos ordenados por Nixon contra Vietnam del Norte: “Podrán matarnos a todos, pero jamás derrotarán al pueblo”. Y cito a un comunista con la esperanza de que estos comunistas caribeños comprendan la empresa imposible que intentan acometer.

Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

1 comentario:

  1. No en tiendo como el comunismo siendo una de las peores farsa de la historia tenga tantos seguidores los peores criminales son estos los comunista de toda la historia empezando por Lenin no solo las grandes trasnacionales son culpables de crímenes también lo son los comunistas estos son peores porque matan en nombre del pueblo de la igualdad y de la libertad

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