jueves, 20 de junio de 2013

La Universidad








Dos constantes trascienden de los ensayos comunistas en la historia: su rotundo fracaso y el intento que cada uno ha hecho de decapitar a la sociedad que pretende controlar, llegando aun al genocidio.




La cabeza de toda sociedad la constituyen sus universidades. Ellas conforman la masa encefálica que además pare a toda la dirigencia que la conduce. Es de prever –y luce absolutamente lógico- que cualquier maniobra para decapitar a la sociedad venezolana comience por sus universidades.


En su libro “Historia Documental del 4F”, Kléber Ramírez Rojas plasma el proceso que se llevaría a cabo una vez alcanzado el éxito por el golpe de Estado, para decapitar la sociedad. El autor fue el ideólogo más importante del chavismo; profesor de la ULA de pensamiento absolutamente comunista. Fue el encargado de redactar todos los decretos que dictaría el gobierno golpista en sus primeras horas y días subsiguientes. El libro se divide en dos partes: los decretos, y luego, conversaciones reflexivas con Hugo Chávez mientras estaba preso en Yare. Este texto debió ser lectura obligatoria de todo venezolano en 1998 pues permitía prever lo que sucedería en Venezuela como efectivamente sucedió. Lamentablemente ni la dirigencia que apoyó al Comandante en la aventura electoral, lo leyó. Hoy se dicen sorprendidos.


Los decretos de Rojas dictaban la intervención de todos los entes del Estado, de todos los gremios profesionales y sindicatos, de todas las organizaciones políticas, de empresas, de todos los institutos educacionales comenzando por universidades; la detención de los directivos de todos estas instituciones (quién sabe con qué aviesos fines)  y su remplazo con afectos al movimiento golpista. De esta manera, en cuestión de horas, se lograría la decapitación sumaria de la sociedad venezolana.


En el caso de las universidades, la detención y sustitución de individuos no se limitaría a autoridades solamente. Estaba previsto proceder de igual forma contra el cuerpo docente no simpatizante con el movimiento golpista de izquierda.


Desde que la revolución accedió al poder en 1999, los grupos violentos oficialistas dentro de las universidades autónomas han atentado contra la normalidad de la vida universitaria con actos criminales hacia personas e instalaciones. Los reclamos justos por compensación salarial del profesorado han encontrado la barbarie de las molotovs, las llamas y las lacrimógenas, sin que falte la presencia del plomo por parte de organizaciones delictuales pagadas por el Estado como el M-28. A las aplastantes derrotas del oficialismo en los procesos electorales internos universitarios, han respondido con balas y candela.


Hoy, cuando los profesores se lanzan al paro en reclamo de un justo salario, los estudiantes violentos de la izquierda chavista atentan contra sus vidas y bienes, y les advierten con pintas como “por cada profesor parao, un carro quemao”. Ayer, además de un autobús de UPEL, también incendiaron las oficinas del rectorado de la UCV.


En catorce años los profesores universitarios han recibido un aumento de 40% mientras que los militares, por ejemplo, han acumulado ya cerca de 1.000% en aumentos para el mismo período.


Durante la democracia, los profesores universitarios siempre fueron la cenicienta de la sociedad. Sus sueldos de hambre nunca fueron compensación suficiente para la grave e importante responsabilidad que reposa en sus cabezas. Pero la situación es distinta bajo el presente régimen, pues si en la democracia se les permitía sobrevivir con mendrugos, en la dictadura se persigue su extinción.


Es ingenuo, pues, pensar que el gobierno tiene la más remota intención de resolver la crisis universitaria y preservar al profesorado en condiciones mínimas decentes para cumplir sus funciones. Muy por el contrario, el objetivo primordial de la dictadura comunista es la destrucción de las universidades autónomas y su sustitución con universidades autómatas obedientes al poder central.


Las universidades con pensamiento diverso constituyen una grave amenaza para todo régimen comunista. El pensamiento de una universidad reside principalmente en su profesorado. Por lo tanto, no es necesario ser un genio para concluir que la destrucción del pensamiento diverso universitario, pasa por la destrucción de su cuerpo docente. El cual será luego sustituido por uno afecto al gobierno, de pensamiento único dictado por el Ejecutivo Nacional. Es decir, la negación de la universidad.




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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