martes, 4 de junio de 2013

¡Auxilio, Socorro! ¡Fraude!






Desde  el mismo 14 de abril de 2013 los voceros del régimen, incluyendo a las rectoras del CNE, han confesado de manera indirecta –y a veces no tan indirecta- pero siempre diáfana, la comisión del criminal y patente fraude electoral en las elecciones presidenciales.

Primero, en su discurso de “victoria”, Nicolás Maduro manifestó estar de acuerdo con que se abrieran las urnas de votación, se hiciera un recuento y una auditoría: “¡que las cajas hablen!”, para horas más tarde retractarse y negarse rotundamente a la revisión. Fue evidente que Maduro fue amonestado por Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello y las rectoras del CNE que sabían que había ganado fraudulentamente. Luego, la desvergonzada Tibisay Lucena negó la posibilidad de revisar, recontar y auditar el proceso, alegando que en Venezuela el sistema electoral es electrónico y no manual. A ella le siguió Jorge Rodríguez y más tarde Sandra Oblitas en el mismo tono. En cuestión de horas y batiendo todos los récords, el CNE procedió a proclamar ganador a Maduro en una ceremonia express. ¿Es posible mayor confesión de fraude?

Para profundizar su confesión de fraude, el régimen llegó al extremo de engañar a sus socios de UNASUR que en reunión de emergencia que tuvo lugar en Lima, convocada por su presidente Ollanta Humala, acordó solicitar a las autoridades venezolanas la auditoría exhaustiva del proceso. En el encuentro, Nicolás Maduro aceptó, quizás comprando tiempo para poder tomar posesión al día siguiente con la anuencia de los países amigos. Sin embargo, la auditoría independiente en los términos planteados por UNASUR jamás tuvo lugar. En cambio, el ente electoral procedió a ejecutar una parodia de auditoría consistente en un examen auto administrado de partes del proceso, omitiendo la revisión de cuadernos electorales, por ejemplo. La oposición declinó participar en esa farsa. Es el primer caso en la historia de la Humanidad en que el auditado se hace a sí mismo la auditoría. Confesión evidente de fraude.

El estudio de los cuadernos electorales era vital e indispensable para determinar si había habido fraude en la participación de los electores. Si un elector había votado más de una vez, si había habido votación por parte de muertos, por ejemplo; cotejando con las huellas digitales y firmas. Razón por la cual el CNE se negó a su revisión. Otra confesión inequívoca de fraude.

Pero quizás la más impúdica –y trágicamente risible- confesión de fraude la hizo ayer la rectora del
partido de gobierno Socorro Hernández. Declaró la descarada dama: “Que hayan votado fallecidos no debe ser motivo de escándalo”. ¡Y tiene razón la rectora! (No se ofenda amigo lector). Estoy absolutamente de acuerdo con la señora Socorro y explicaré por qué:

En primer lugar en Venezuela existe una verdadera democracia participativa y protagónica. Por lo tanto es lo más natural que los muertos participen y protagonicen votando, es lo más democrático. Además, con los avances de la Ciencia moderna en los últimos cien años y con la inestimable contribución del doctor Frankenstein, no es extraño que los difuntos puedan ejercer su derecho al voto, más bien luce normal. ¡Por Dios, llegamos a la Luna hace 44 años! Lo que sí es fundamental es que los occisos que voten estén inscritos en el REP, no queremos que se violen normas, ¿verdad Socorro? Sinceramente veo ventajoso para la salud del país que los fallecidos tengan la posibilidad de votar; le otorga madurez y profundidad al voto en colectivo. Por ejemplo, ¿acaso no es deseable que muertos como Simón Bolívar, Guaicaipuro, El Afrodescendiente Primero Pedro Camejo, José María Vargas, Rómulo Gallegos, y otros manifiesten su valiosa opinión en las urnas electorales? La respuesta es un rotundo “¡sí!” Y no hay que perder de vista que una población votante compuesta por puros muertos representa grandes ventajas para el país: con una oferta de comida cada vez menor, una escasez galopante, habría menos bocas que alimentar. ¿Y qué me dicen del desabastecimiento de papel tualé? ¡Los muertos no necesitan papel tualé!



Por supuesto, hay una clara ventaja para el régimen en que los muertos voten. Es bien sabido que todos los muertos son comunistas y simpatizantes del PSUV. Nada más igualitario y democrático que la muerte: ¡todos vamos para allá! Así que es de presumir que el ciento por ciento de los votos de difuntos haya favorecido a Nicolás Maduro y de ahí la declaración de la rectora robolucionaria Socorro Hernández.



Y si pueden votar los muertos, que voten chinos, iraníes, cubanos y bolivianos no nacionalizados debidamente, o venezolanos que pasen por la urna 50 veces con cédulas falsas son detalles menores, absolutamente aceptables.

Ahora bien, sí debemos ser radicales en ciertas exigencias. Bajo ningún respecto podemos aceptar que voten extraterrestres, estén inscritos  o  no en el REP. Ni siquiera sobrevivientes socialistas del Marte destruido por el capitalismo. ¡Si el CNE lo permite ahí sí que me arrecho! ¡Y bielorrusos ni de vaina!

Pareciera que con toda la evidencia de fraude y la presencia de cadáveres en las colas de votación fuera absurdo acudir a nuevas elecciones. Pero es demostrable que aun con fraude el voto ha fortalecido a la oposición y ha debilitado al extremo al régimen. Solamente gracias al voto masivo fue posible vencer el oprobioso ventajismo del gobierno, en sí mismo un fraude. La participación obligó a las autoridades a hacer fraude en condiciones que pusieron en evidencia a la dictadura y a su CNE. Un régimen que lucía poderoso el 13 de abril, pasó a tambalearse a partir del 14 de abril, y ahora está condenado al colapso. Son pocos en el planeta los que todavía estiman legítima la presidencia de Maduro; incluso sus aliados ya saben que el postchavismo es minoría minúscula. La Humanidad, y lo que es más importante, la resistencia venezolana, tienen plena conciencia de que la más aplastante mayoría de los venezolanos se opone a la tiranía. Los demócratas sabemos sin lugar a dudas que somos más y que es imposible que en el mediano plazo nos domine una infinitesimal minoría de delincuentes, oportunistas y militares corruptos sumisos a una islita paupérrima y asquerosa.

Los muertos votarán, pero los vivos también lo haremos; y somos muchos más.



Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

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