domingo, 5 de mayo de 2013

Sepukku






El suicidio ritual que se conoce en Occidente como Hara Kiri (Jara Kiri) en realidad tiene el nombre en Japonés formal de Sepukku. A él sólo tienen derecho los nobles Samurai o guerreros al servicio de un señor feudal. El Sepukku se ejecuta obligatoria y ceremoniosamente cuando se ha faltado al honor o fallado en una obligación, especialmente al servicio del señor, dentro de lo que se conoce como código del Bushido, o del camino del guerrero. Hay muchos ejemplos en la Historia, incluso de rituales colectivos. Quizás el más famoso sea el del gran escritor y poeta Yukio Mishima, quien lo cometió cuando falló en un intento de golpe de Estado.



Los recientes hechos salvajes, despreciables y deplorables originados en la orden de Diosdado Cabello de agredir a los diputados opositores por protestar contra la negativa al derecho de palabra por él impuesta por no reconocer el resultado del fraude electoral del 14 de abril y al espurio Nicolás Maduro, constituyeron la declaración tardía de un hecho que aconteció tiempo atrás en Venezuela: la muerte de la Democracia.


Pero además de haber anunciado al mundo inequívocamente el fin de la Democracia venezolana, los diputados chavistas, con Cabello y Pedro Carreño a la cabeza, le causaron un daño irreparable al régimen dictatorial de Maduro y al propio chavismo. Quedaron expuestos ante la Humanidad, y lo que es más importante, ante los pocos propios seguidores que todavía les restaban, como una banda de psicópatas delincuentes de la más baja ralea y sin convicciones democráticas. El fin de la ficción de democracia, de apariencias que hacían pensar en el concierto internacional que el régimen de Hugo Chávez era democrático, fue decretado. El trabajo y la inversión de recursos cuantiosos por parte del amo de la monserga ideológica que llaman Socialismo del Siglo XXI, se perdieron gracias a la brutalidad de los herederos.


Con todos los daños que sufrieron los diputados opositores, verdaderos héroes no solamente por haber soportado la golpiza bárbara sino por haber resistido estoicamente años de humillaciones; daños de los que somos solidarios todos los venezolanos y no sólo de forma retórica, la escena depravada perpetrada por los parlamentarios del chavismo-madurismo constituyó un inmenso triunfo para la causa libertaria de la Democracia.


Sin duda fue una formidable derrota para el régimen pues no es necesario ser muy aventajado para concluir que –además de ser la demostración más vehemente del estado de extrema debilidad de la dictadura y de la desesperación oficialista- causó un daño formidable y profundo para la ya tambaleante tiranía.





En este sentido, y sin la aureola de nobleza que conlleva el Supukku para el Samurai, pues no se trata de guerreros que arriesgan dentro de las normas del Bushido sino de expoliadores criminales del Estado, es necesario concluir que los miembros de la horda parlamentaria chavista, en un suicido ritual colectivo producto de la propia torpeza y del talante brutal totalitario, de la propia naturaleza autodestructiva de todo destructor, cometieron Sepukku político y posiblemente corporal por las consecuencias jurídicas que los crímenes de la nomenclatura tendrán, y que enfrentará al terminar de impactar con la superficie terrestre en la imparable caída del régimen.




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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