jueves, 9 de mayo de 2013

Petrochulos





Coetáneamente con la partida de varios grupos de diputados de oposición hacia diversos países latinoamericanos con el objetivo de informar a los parlamentos de esos países acerca de la situación política, el fraude electoral y los atropellos del régimen; el dictador Nicolás Maduro también decidió hacer una gira por Latinoamérica con su petrochequera en el bolsillo para intentar lavarse el estigma del fraude y la ilegitimidad.


El modesto y humilde “Presidente Obrero” (en realidad el término “obrero” le corresponde en el sentido de la 5ta acepción del verbo “obrar” según el DRAE: defecar; pues todo lo obra) decidió visitar a sus aliados parásitos del continente, en un periplo realmente innecesario pues sus lealtades crematísticas son inalterables.


Después de haber mencionado torpemente en su discurso que Chile es la Suiza de América, título que le corresponde a su anfitrión Uruguay, comenzó con un Pepe Mujica que rápidamente olvidó cualquier objeción que pudiera tener por las evidencias de fraude y las palizas a diputados opositores reseñadas por todos los medios internacionales. Mujica es un viejo sensato pero ante la promesa de Maduro de suministrarle petróleo a su país ilimitadamente y a precios irrisorios, no tuvo más alternativa que darle unas palmadas de felicitación en el lomo por su “honesto” triunfo electoral y la divertida travesura cometida contra los “fascistas” opositores de nuestra AN.


Por cierto, para la visita a Uruguay el Presidente Obrero alquiló tres pisos del mejor hotel de Montevideo, el Radisson, demostrando gustos de jetsetter capitalista decadente. Además, para toda la gira se llevó a su chef personal, en un acto sacrílego producto de su escasa formación intelectual, pues un conocedor jamás se perdería la experiencia de disfrutar los manjares culinarios hechos con los más exquisitos ingredientes por los que son célebres esos países del Sur. Supongo que el ilegítimo sería incapaz de jallarse en Buenos Aires sin poder disfrutar de su predilecta arepa rellena de faisán con trufas blancas acompañada de Frescolita.


En Argentina, donde fue recibido con cacerolazos tan sonoros como los que le dieron en Uruguay, se encontró con su infame aliada Cristina Fernández de Kirchner, hoy conocida como La Lavandera por su afición al lavado no precisamente de ropa sino de la moneda del vil Imperio Yankee. La atorrante presidenta que hoy goza del más grande rechazo por parte del pueblo argentino y cuyas andanzas corruptas –incluyendo las maromas delictuales con su difunto tuerto- han salido a la luz pública en fecha reciente, apoyada por otros chulos del peronismo, le dio el previsible espaldarazo al usurpador que seguirá proveyéndola de petrodólares en maletas enviadas por PDVSA. Pacto entre delincuentes cual el de familias de la mafia que se reparten el territorio.


En su insufrible discurso en Argentina, plagado de consignas, imbecilidades y afirmaciones que denotan su incultura, el tirano venezolano prometió, además del suministro incondicional de petróleo, la construcción de dos refinerías. Muy loable compromiso, especialmente viniendo del jefe de un gobierno que ha permitido el deterioro a niveles inaceptables de las refinerías en territorio venezolano, al punto que la de Amuay, luego del terrible accidente, sólo produce a mitad de capacidad.



Pero el periplo de Maduro es totalmente inútil, como ya mencioné, solamente captará las lealtades de los que ya eran sus incondicionales aliados, o mejor, proxenetas. Contrapuesto a las noticias que desde el 14 de abril le han dado la vuelta al mundo y especialmente a la de la masacre perpetrada por sus acólitos en la Asamblea Nacional, tendrá un efecto nulo sobre la opinión pública y los movimientos políticos civilizados de la región. Los parlamentarios latinoamericanos, ya escandalizados con las noticias en los medios, están recibiendo las visitas de sus colegas demócratas venezolanos, algunos, aún convalecientes de las heridas. La petrochequera del agente cubano devenido en presidente en virtud del fraude, no podrá neutralizar este efecto. Su estigma de fraude e ilegitimidad es tan indeleble como una marca con hierro candente.



Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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