sábado, 4 de mayo de 2013

Bananofascismo Gorilesco






La noticia le dio la vuelta al mundo en pocos minutos y no ha abandonado los medios durante días. Varios diputados de oposición entre ellos María Corina Machado, una mujer, resultaron víctimas, en algunos casos con lesiones de gravedad, de la agresión por parte de la bancada oficialista en sesión de la Asamblea Nacional. Los videos mostrados de inmediato por los agraviados de la oposición revelaron un salvaje ataque por parte de bestias en un ejercicio de barbarie fascista.




La masacre contra los representantes populares y la democracia -la principal lesionada- fue planificada, ordenada y auspiciada por el teniente Diosdado Cabello, presidente del parlamento. El oficial en retiro forzoso por su participación en el intento de golpe del 4 de febrero de 1992, comtempló el crimen con una sonrisa en los labios mientras la señora Machado era pateada en el piso y otros recibían una golpiza en cayapa. Ella resultó con cuádruple fractura en la nariz y Julio Borges con fractura no desplazada del hueso malar izquierdo y traumatismos en el ojo.




De inmediato voceros del régimen comenzaron a acusar a la bancada opositora de haber provocado el ataque por llevar pitos, cornetas y una pancarta que rezaba “GOLPE AL PARLAMENTO”, como si existiera alguna razón en la vida que justificara la agresión a otro ser humano, máxime, en un recinto con la majestad sacrosanta del parlamento, lugar de manifestación y debate de la voluntad del pueblo. El gobierno llegó al extremo de publicar en cadena nacional un patético video editado y de muy pobre factura que intentaba mostrar fallidamente la culpa de los opositores. La ridícula filmación, claramente producto de mentes inferiores, solamente sirvió para que el pueblo disipara dudas acerca de lo artero de la agresión y la culpa incuestionable de los bárbaros rojos.


Ante la negativa del teniente Diosdado Cabello, militar con visión cuartelaría de la política, de permitir las intervenciones de los diputados opositores -que además fueron despojados de los micrófonos- si no declaraban expresamente el reconocimiento al ilegítimo timador electoral Nicolás Maduro, actual dictador de Venezuela, los parlamentarios de oposición a modo de protesta, acudieron preparados con instrumentos para hacer ruido y la pancarta ya mencionada en expresión de resistencia no violenta. Cabello dirigió la operación junto al ex oficial dado de baja deshonrosamente de la FAN por actos de corrupción, Pedro Carreño. La horda de salvajes “demócratas antifascistas”, acusando de fascistas a sus víctimas, se abalanzó sobre ellas cual manada de hienas, con las consecuencias conocidas.


María Corina Machado requirió cirugía para reparar sus lesiones. En una burla a la inteligencia de los venezolanos todos que tuvimos el cuestionable privilegio de haber visto los videos del deplorable espectáculo, su agresora, la hombruna y primitiva diputada Nancy Ascencio apareció en la Fiscalía General de la República con un collarín y exámenes médicos forjados para denunciar con la pobre dicción que la caracteriza, a su víctima hospitalizada de asalto y lesiones personales; una conducta que sólo mueve a una mixtura de asco, indignación y risa.


Los pocos observadores en todo el orbe que para el momento de los hechos todavía pudieran abrigar alguna duda acerca de la comisión del fraude electoral por parte del oficialismo y su CNE, quedaron convencidos de la capacidad de los inescrupulosos criminales para cometer el grave delito. Fue un golpe noble al ya ilegítimo y deteriorado gobierno de Nicolás Maduro, después de los valores democráticos, el principal sufridor de la barbarie cívico-militar de los fascistas del PSUV.


No está claro si la maniobra fue planificada por Cabello para tratar de imponer su pensamiento favorable a la posición del fraudulentamente electo presidente, o para lesionar aún más al tambaleante Maduro, desprestigiándolo al extremo ante el país y el mundo. Con amigos como el teniente de El Furrial el ilegítimo no necesita enemigos.


La masacre fue sin duda alguna una enorme victoria para las fuerzas opositoras, no solamente porque demostró la naturaleza delincuencial de los robolucionarios, sino porque logró el máximo objetivo de la lucha no violenta: que se manifieste la violencia del adversario opresor.


El acto criminal del oficialismo también puso de manifiesto inequívocamente el miedo y la desesperación que embargan a las filas robolucionarias como consecuencia de haber quedado en evidencia y confesos del fraude del 14 de abril, y de haberse hundido en un océano de desatinos en los días subsiguientes. Sencillamente, quien tiene control de la situación en una posición de fortaleza no tiene necesidad de recurrir al expediente de la violencia extrema.




Es patente que el gobierno ilegítimo y espurio, viciado y tarado de origen de Nicolás Maduro está en caída libre. Que solamente la fuerza bruta y la mentira podrán sostenerlo precariamente en el corto plazo. Situación política que está agravada por la económica y social, deteriorada por la ultrajante inseguridad y el colapso de los servicios públicos incluyendo el de salud. La secta destructiva chavista se desmorona y su poder colapsa a pasos agigantados. Más del 70% del país exige una auditoría comicial completa, no el burdo teatro que está llevando a cabo el CNE autoauditándose sin cuadernos ni recuento de votos. La aceptación de Maduro de acuerdo a los sondeos más recientes es inferior a 30%, fenómeno inaudito en un gobierno recién instalado. El pueblo está harto y enardecido ante los desmanes del usurpador y sus secuaces.


Todo hace pensar que son nulas las probabilidades de que el espurio permanezca en el poder en el mediano plazo, pues ni aun la represión más feroz doblegará al pueblo heredero del temple de sus libertadores en su gesta libertaria. El futuro es de ese pueblo y es de libertad, de independencia de la dominación cubana y de victoria sobre la bestialidad corrupta que es el Socialismo del Siglo XXI.




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe


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