sábado, 27 de abril de 2013

Represión







 



Luego de cometer fraude electoral el pasado domingo 14 de abril, de haber aceptado para después rechazar la auditoría y el recuento de la votación, de haber aceptado nuevamente por presión interna y, sobretodo, externa de los socios de UNASUR la auditoría electoral, auditoría que después de aceptada condicionó y limitó; el régimen ha recurrido a la violencia pues es la única forma –por demás desesperada- de sostenerse con cerca del 80% del país en contra, de acuerdo a los últimos sondeos de opinión. Sólo la fuerza bruta le da alguna probabilidad de mantener el poder en el cortísimo plazo.

Ya en el artículo “Confesión” dijimos que las negativas, las mentiras y el guabineo del gobierno y su CNE ante las exigencias de auditoría y reconteo de votos constituían la más diáfana e inequívoca confesión de fraude. Es imposible imaginar una forma más clara de expresar “hicimos fraude”. Es evidente que así lo han interpretado el pueblo y la opinión pública internacional.


En su desesperación, el gobierno la emprendió no solamente contra quienes protestaron en las calles o quienes tocan cacerolas con sus grupos armados, sino contra empleados públicos bajo sospecha de haber votado por Capriles o simpatizar con la causa libertaria. Así, el derecho a la intimidad y el trabajo de cientos de miles fue violado por altos funcionarios rojos que públicamente declararon su desprecio por las normas y leyes. Los teléfonos celulares, cuentas de Facebook y Twitter así como de correos electrónicos de sospechosos contrarrevolucionarios fueron vulnerados por jefes de ministerios y oficinas públicas, en una deplorable maniobra por lo demás inútil que no doblegará el espíritu de las víctimas.

Para enfrentar las protestas populares pacíficas pero decididas y al liderazgo de Henrique Capriles en la conducción de las mismas, el régimen no ha tenido otra ocurrencia más que desatar represión y persecución desmedidas. De esta manera, sus voceros, cada uno en un tono más virulento y violento que el otro, aun saltándose competencias como fue el caso de la procaz Iris Varela, han amenazado con cárcel al candidato defraudado opositor y a otros importantes dirigentes demócratas.



Es muy patente para una mente medianamente capaz que si apresan a Capriles habrá dos consecuencias distintas: se enfurecerá aún más al ya muy arrecho pueblo, lo que acrecentará las protestas y el repudio hacia el régimen; y se reforzará la admisión de fraude. Pareciera que o el gobierno se desprendió de todo pudor o que está tan temeroso y desesperado que tiende a cometer errores básicos.

¿Cómo quedaría ante los venezolanos y el mundo un régimen que produce unos resultados electorales cuestionables y cuestionados, que acepta y horas después se niega a una auditoría y recuento de votos que en derecho le corresponde al pueblo, que sofoca con brutalidad las protestas pacíficas en su contra incluso violando Derechos Humanos de adolescentes y mujeres, y que para colmo, amenaza con cárcel al candidato ganador cuya victoria fue arrebatada de la manera más burda? Quedaría como lo que es: una dictadura ignominiosa desprovista de pudor, forajida, dirigida por psicópatas que en la defensa de sus intereses egoístas son capaces de los más terribles crímenes.

A las amenazas Capriles contestó de la única manera posible: “¿Que me van a meter preso?, ¡háganlo, échenle piernas!” A ninguna otra respuesta había lugar y ella fue coreada por mucho más de 8 millones de venezolanos que están dispuestos a cualquier sacrificio para preservar su voluntad y sus derechos.

Pero Venezuela no es Cuba, ni los venezolanos cubanos, ni estamos en la época de la guerra fría, ni la dictadura oprobiosa de un Batista acaba de ser derrocada por los robolucionarios bajo el liderazgo de Maduro. Venezuela es el país de un pueblo heredero de aquellos que tuvieron el brío y la valentía de acompañar en alpargatas y sin abrigo a Bolívar hasta la Bolivia del distante Sur a través de los abruptos, gélidos e inhóspitos Andes, para dar libertad a los ciudadanos de América. Los herederos por cuyas venas corre la sangre de aquellos valientes libertadores no podrán ser sometidos con represión y el intento inútil de infundirles miedo. No podrán con la voluntad del pueblo de Bolívar.







Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

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