miércoles, 17 de abril de 2013

Pavor










La noche del domingo 14 de abril de 2013 cuando pronunciaba su discurso de celebración del “triunfo” electoral por la presidencia de Venezuela, Nicolás Maduro anunció que estaba dispuesto a aceptar el recuento de los votos y la auditoría del la totalidad de las actas de votación, cotejadas con las boletas electorales contenidas en las urnas selladas con precinto. “¿Quieren auditoría? Hagamos la auditoría (…) que se abran todas las cajas (…) que las cajas digan la verdad”, declaró. Los simpatizantes y jerarcas presentes aplaudieron sus palabras. Maduro, en cadena nacional, se comprometió así a aceptar la revisión que exigía el candidato opositor “derrotado”.


Pero el lunes el voluble “triunfador” tuvo un cambio inesperado de opinión. Su discurso cambió, adoptó un tono más virulento y se negó rotundamente a aceptar la exigencia de Henrique Capriles. Ya su jefe de campaña, el avieso psiquiatra Jorge Rodríguez, lo había contradicho luego de aceptar la revisión y el reconteo. ¿Por qué se niega el régimen luego de que Maduro había aceptado? A partir de ese momento los acontecimientos se precipitaron en un vórtice que llevó al país a la más grave crisis político-social de los últimos 110 años.


En cadenas nacionales a lo largo del día, Maduro acusó a Capriles y la oposición de desconocer al árbitro electoral y de violar la Constitución y las leyes con una conducta antidemocrática. A medida que transcurrían las horas el verbo del supuesto ganador se hacía más agresivo y violento. El CNE en una decisión sin precedentes convocó con premura al acto de proclamación del candidato “electo”. En ese acto, la presidenta del CNE, la infame Tibisay Lucena, rechazó de plano la solicitud de Capriles con argumentos baladíes, desconociéndole un derecho que le otorgan las leyes. A ella siguió Maduro con un torturante, vehemente y primitivo discurso que duró dos horas en el cual volvió a acusar de diversas transgresiones al líder opositor, desde el irrespeto al árbitro electoral hasta de atentar contra la democracia (¿cuál democracia?).


Mientras el presidente “electo” pronunciaba su discurso, en todas las ciudades del país, tenían lugar protestas que eran reprimidas brutalmente por los cuerpos de seguridad del Estado, con violación de Derechos Humanos, y saldo de innumerables heridos y cientos de detenidos.


Los acompañantes extranjeros de la Unión Europea se negaron a aceptar el resultado electoral hasta tanto no se hicieran de nuevo los escrutinios manuales con auditoría de la votación. Consideraron que existiendo un conflicto y una exigencia en ese sentido propuesta por el “derrotado” y aceptada por el “ganador”, debía esperarse a la verificación en cuestión, máxime tratándose de un margen de ventaja tan estrecho a favor del candidato del gobierno que llama a la suspicacia. Como millones de Venezolanos, jefes de estado, prensa extranjera, y cuerpo diplomático, no entendían las razones de Maduro para no aceptar la solicitud de Capriles que ya inicialmente había aceptado. Hasta tanto no se resolviera el punto, no habría aceptación de la UE. Países como España1 y Estados Unidos se pronunciaron de la misma manera. El Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, aliado del gobierno  y de quien se dice está en su nómina, también apoyó la posición de Capriles.


El día martes el discurso de Maduro había empeorado, su verbo se hizo más violento. Alegó que Capriles estaba fraguando un golpe de estado patrocinado por EUA. Prohibió y mandó a reprimir ferozmente las protestas, hasta la marcha para el CNE pautada por Capriles la prohibió con amenazas. Ordenó al “pueblo” tomar la calle contra los “fascistas”. Furioso por las protestas con cacerolas que retumbaron como jamás lo habían hecho en todo el territorio, ordenó al “pueblo” lanzar cohetes. Aseguró que tomaría acciones penales contra el candidato “derrotado” a quien además de las otras imputaciones, acusó de asesino por la muerte de 7 personas que supuestamente protestaban. Aseguró que querían derrocarlo. Parecía haber enloquecido a juzgar por su atropellada actitud e incendiarias palabras. Maduro parecía estar apostando  a la crisis social; a la guerra.


Por otra parte, en la sesión de la Asamblea Nacional, la bancada opositora recibió toda clase agresiones. Al grito de “¡asesinos!” por parte de los diputados oficialista, fueron acusados de desconocer al presidente fraudulento. El presidente de la Asamblea, el maligno Diosdado Cabello antes de conceder derechos de palabra preguntaba a cada diputado opositor “¿reconoce usted a Nicolás Maduro como presidente?” Ante la respuesta negativa negaba el derecho a cada diputado en violación de la Constitución Nacional y todas las normas en la materia. Un diputado es electo por el pueblo, es el pueblo mismo y no puede ser callado. Cabello llegó al extremo de amenazar diciendo “el muro de contención de esta revolución era Hugo Chávez y ya no está, no nos provoquen” y conminó  a los parlamentarios opositores a abandonar el recinto, con un estilo fascista de la más baja estofa, en el que traslucía una advertencia mortal . La violencia llegó al punto de que gritando “¡’fascistas!” algún diputado del PSUV agredió a William Dávila causándole una herida contusa en la cabeza que requirió atención médica y ocho puntos de sutura. Poco faltó para la disolución de la Asamblea.




La conducta de Maduro y Cabello indica diáfanamente que se ha instaurado una dictadura totalitaria nada ilustrada y particularmente delincuente. Pero también es el síntoma de que el pavor y la desesperación al verse descubiertos como autores del fraude electoral más burdo y oprobioso que conozca la historia nacional, de que son por mucho minoría, los embarga. El pánico domina a los personeros del régimen y es especialrmente patente en estos dos personajes que bajo la pretensión de demostrar poder, valor y autoridad, en efecto demuestran miedo extremo, cobardía y debilidad.


Los atropellos son directamente proporcionales al miedo y la debilidad.

1 Para el momento de la publicación del presente España aceptó la investidura del ilegítimo Maduro.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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