martes, 16 de abril de 2013

La Quema del Reichstag Tropical





Buscando una excusa para solicitar al congreso poderes especiales y utilizarlos para instaurar y consolidar su dictadura, Adolfo Hitler ordenó la quema del edificio del parlamento alemán, el Reichstag, el 27 de febrero de 1933. El congreso le concedió tales poderes y de inmediato el austríaco desató una salvaje persecución contra comunistas, opositores y aun contra miembros del mismo parlamento que le habían dado sus votos. El resultado fue el establecimiento definitivo del régimen que casi destruyó a Europa, llevó a Alemania al borde de la aniquilación, incendió al mundo en la más destructiva guerra que ha conocido la Humanidad, causó la muerte de cerca de 100 millones de seres humanos y condujo al suicidio al propio autor del ignominioso crimen, cuyo cadáver terminó en una pira en absoluta soledad.


Con la indignación y la rabia que embargó al pueblo venezolano a consecuencia del patente fraude electoral perpetrado por el gobierno y su CNE el pasado domingo 14 de abril de 2013, se originaron protestas en todos los rincones del país. Venezuela amaneció el lunes alzada en todo su territorio.


Pero los grupos armados del oficialismo que estaban activos desde el día de las elecciones obstruyendo violentamente  a los electores opositores, también operaron ese lunes 15 provocando incidentes criminales en todo el país. Por orden superior, diversas sedes del partido de gobierno en distintas regiones fueron atacadas e incendiadas por estos delincuentes con licencia oficial para ejecutar actos terroristas. Además, un número importante de CDI a nivel nacional fue atacado y destruido. De inmediato el régimen culpó a las fuerzas democráticas y al presidente electo despojado Capriles de tales atentados. Maduro ordenó la quema del Reichstag tropical.


Violando el derecho constitucional inalienable a protestar, la fuerza pública reprimió la protesta callejera pacífica del sector democrático en todo el territorio. En distintas ciudades la Guardia Nacional y la Policía Nacional, así como grupos de choque oficialistas, reprimieron salvajemente al pueblo enardecido ejerciendo su derecho a manifestar. El resultado fue un número importante de heridos.


Con reiterados pero hipócritas llamados a la paz y el amor, palabras que repite en cansona letanía, el usurpador Maduro amenaza a Capriles y denuncia un supuesto golpe de estado fraguado por el candidato defraudado, quien solo ha solicitado un reconteo y auditoría de votos, y ha convocado a cacerolazos en manifestación no violenta. Cobardemente, Maduro prohibió la marcha pacífica convocada por Capriles para llevar la solicitud de auditoría electoral al CNE con él a la cabeza, denunció que tal marcha era para provocar la muerte de manifestantes y “provocar la intervención gringa”. En respuesta, Capriles la suspendió y convocó a otro cacerolazo nocturno. Maduro de inmediato, en una cadena nacional que interrumpió la transmisión de la rueda de prensa de Capriles ante la prensa internacional en la cual presentaba evidencias vehementes de fraude e hizo claras declaraciones de que su lucha era no violenta, llamó a un “cohetazo” del “pueblo”. Pero es de preguntarse: ¿puede acaso el pueblo comprar los costosísimos cohetes? ¿Acaso no sabe el pobre en su choza cuando los escuche que sólo los ricos o el gobierno los puede comprar? Nicolás Maduro no engaña al pueblo cuando le dice que él lanza esos cohetes, sólo se engaña a sí mismo y a la nomenclatura en un ejercicio onanista y –como todo él- fraudulento.


Además de los atentados terroristas a sus propias instalaciones, Maduro también llamó al pueblo a la calle. Pero lo vivido el día de las elecciones y los resultados oficiales y forjados publicados, indican que no le queda tal pueblo. Su votación –sabemos ahora- está conformada en alta proporción por electores conducidos a las urnas electorales bajo coacción, incluso, con supervisión del acto del sufragio, o por individuos sobornados con electrodomésticos, promesas de vivienda o dinero en efectivo. A la calle solo saldrán las organizaciones oficialistas armadas.


Es obvio que un país escindido por la mitad (si aceptamos que las cifras oficiales de votación son ciertas, que no lo son) no tiene futuro. La conducta desesperada y demencial asumida por Maduro al verse en evidencia ante el mundo como perpetrador de fraude electoral –propia además de una personalidad profundamente primitiva, criminal e iletrada, posiblemente psicopática-, con un discurso plagado de acusaciones infundadas contra el grupo opositor que recuerda las palabras de Adolfo Hitler, no puede sino llevarnos a la conclusión de que desea la guerra civil, una guerra pacífica y amorosa si tomamos como buenas sus palabras; pero genocida, fratricida y filicida. Sin embargo, para la guerra son necesarios dos bandos armados y como solamente uno lo está, podemos concluir que su objetivo es el exterminio de la oposición. Jamás estuvo la Venezuela moderna bajo una amenaza tan cierta y
criminal. Abriguemos esperanzas de que sectores sensatos impidan que este incendiario de un Reichstag tropical pueda llevar a cabo sus intenciones depravadas.









Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

No hay comentarios:

Publicar un comentario