domingo, 28 de abril de 2013

¡Fascistas!




Una característica destacada del fascismo es su capacidad de proyectarse en quienes percibe como adversarios o, mejor, como enemigos. Esta materia ha sido exhaustivamente estudiada por el Psicoanálisis, en particular por autores como Jung, Von Franz y Reich. El fascista, como lo hicieron Mussolini y Hitler en la tradición de Stalin, proyecta inconscientemente en terceros su maldad, atribuyéndoles características que le son propias, sus propios defectos, y culpándolos por todos sus males; trátese de comunistas en el caso de los Nazis o el Macartismo, o de traidores lacayos del capitalismo en el caso de los comunistas. El fascista deposita sus culpas en el prójimo a quien persigue en una suerte de ritual de purificación de las mismas. Al destruir al adversario culpado, mata su propia esencia que tanto le avergüenza y odia.

La palabra fascismo viene del Italiano “fascio” y este del Latín “fasces”, que significa “haces” y se refiere al símbolo que los generales romanos ostentaban en el casco conformado por un haz de espigas de trigo.



Nacido en la Europa de entre guerras, el fascismo plantea el rol absolutista del Estado como empresario y su intervención en todos los aspectos de la existencia ciudadana, una economía cuyo manejo es totalmente dirigida por el poder central, y el nacionalismo extremo con características revanchistas en el que el pensamiento disidente es considerado traidor a los intereses de la patria y la agresión física es justificada contra los “traidores”. El fascismo se considera a sí mismo monopolista del patriotismo. Su talante es completamente totalitario y no admite la participación política de otros partidos; la hegemonía partidista es su esencia. Otra característica importante del fascismo es su exaltación del militarismo y la violencia.

Curiosa pero no sorprendentemente, el antifascismo de la izquierda adquiere exactamente las mismas características del fascismo de derecha. Adopta los mismos elementos esenciales. Recurre a las mismas proyecciones, quizás con mayor intensidad. Así, Pier Paolo Pasolini, el gran cineasta y pensador italiano llegó a decir “no existe peor fascismo que el antifascismo”. Según apuntan Fernando Savater y Manuel Caballero de forma independiente, no existen diferencias sustanciales entre el fascismo militarista nacionalista de derecha y el de izquierda.

En los años recientes y especialmente en las últimas semanas siguientes al fraude electoral del gobierno, hemos visto que el régimen ilegítimo de Nicolás Maduro y sus acólitos continuamente acusan de fascistas a opositores, en particular, al líder ganador defraudado en las elecciones presidenciales del 14 de abril, Henrique Capriles Radonski. Las agresiones físicas contra disidentes son acompañadas con el grito “¡fascista!”, como fue el caso del diputado William Dávila, quien fue salvajemente herido por sus pares “antifascistas” de la bancada oficialista. Las amenazas de muerte que recibimos muchos por el solo hecho de pensar distinto, a través de diferentes vías, incluyendo mensajería de texto, son siempre acompañadas con las palabras “fascista”,“traidor” y “vende patria”.

Los fascistas “antifascistas” rojos desataron una brutal represión contra los estudiantes, muchos de ellos adolescentes, que protestaban contra el fraude y pedían recuento y auditoría de votos. Aun mujeres sufrieron abusos de autoridades militares que torturaron a los detenidos. Ayer, el general disidente Antonio Rivero fue convocado a una reunión con el Ministro del Interior, general Rodríguez Torres, su compañero de promoción, y fue arrestado al acudir de buena fe, por el solo crimen de pensar diferente y denunciar la invasión cubana en todos los niveles, incluyendo el sector militar.

La conducta extrema de recurrir a las persecuciones y la represión en contra de aquellos designados como enemigos; conducta proyectiva fascista exacerbada por el temor y la desesperación de saberse descubiertos en el fraude; de saberse acorralados por las solicitudes democráticas y constitucionales de Capriles y la oposición, a las cuales no se pueden resistir sin evidenciar la culpa en el fraude; y de saberse atrapados –en fin- por su propia mentira insostenible y la extrema debilidad por la ilegitimidad derivada de la confesión involuntaria de fraude contenida en la negativa a una auditoría completa con revisión de los cuadernos electorales, solamente llevará al eventual colapso al gobierno tambaleante que groseramente conculcó los derechos del pueblo venezolano.



Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

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