sábado, 20 de abril de 2013

Dictadura Over Parador






En la película “Moon Over Parador” (Luna Sobre Parador), Richard Dreyfuss encarna a un actor que vacacionando en un país tropical bananero, es reclutado contra su voluntad bajo amenaza de muerte para asumir el rol del recién fallecido sangriento dictador que tiranizaba al pueblo y así mantener el poder para los acólitos sobrevivientes. Para encarnar el personaje, el actor vistió el uniforme del general, se puso negros bigotes postizos e imitó su voz, gestos y maneras. La suplantación fue perfecta.


El ilegítimo “presidente” Nicolás Maduro hace un ejercicio parecido tratando de encarnar el papel del occiso líder de la revolución bolivariana en un lastimoso, ridículo y grotesco espectáculo, desde su fallecimiento y durante todo el transcurrir de la campaña electoral, hasta el presente.


Luego del evidente y burdo fraude de las elecciones presidenciales pasadas, el bigotudo dictador Maduro intentó adoptar una conducta autoritaria a lo Chávez en lo que realmente se transformó en una manifestación vergonzosa de desesperación, miedo y debilidad. Así, en su nerviosismo ordenó una represión brutal contra los manifestantes que protestaban contra su maniobra dolosa del domingo en perjuicio del pueblo.


Después de que el despojado ganador Capriles canceló la marcha hacia el CNE prevista para el miércoles y ordenó cacerolazos nocturnos que se verificaron durante cuatro días, de que la presión interna e internacional –incluyendo la de los proxenetas de UNASUR-, el reclamo de las jerarquías medias honestas en los cuarteles y la opinión pública internacional; el régimen, en la persona de la “neutral” y despreciable “señora” Tibisay Lucena, presidenta del “impoluto y confiable” árbitro electoral, parcialmente aceptó la exigencia que en principio el ilegítimo Maduro también había aceptado el domingo, pero que el lunes, al unísono con toda la jerarquía del PSUV, rechazó en una recogida de cable que irremediablemente lo puso en evidencia ante el orbe: la auditoría de 46% de las urnas electorales confrontadas con sus correspondientes actas y cuadernos de votación.


Es cierto que la solicitud de los demócratas representados por el liderazgo capaz y legítimo de Capriles se refería al ciento por ciento de las urnas, pero inmediatamente después del anuncio al país por parte de la deleznable Lucena, verdugo electoral del régimen en los últimos años que se ha enriquecido groseramente con las recompensas a sus depravados servicios, el presidente defraudado de Venezuela informó públicamente que aceptaba la propuesta pues confiaba y aseguraba que en las 12.000 cajas en las que se realizaría la auditoría se detectarían las irregularidades y los votos escamoteados. Capriles la declaró una victoria para el pueblo aunque la realidad es que desde el domingo el triunfo, potenciado por el fraude, ya era innegable.


Muchos sentimos que la aceptación de la desvergonzada Lucena bajo sus condiciones, no es más que otra emboscada. La experiencia ha demostrado que en estas lides la robolución jamás se arriesga a perder el poder que no está dispuesta a entregar bajo ninguna circunstancia; así que podemos adivinar que el resultado de la muestra que aceptaron entregar será favorable a los intereses de ella, máxime cuando la robolucionaria presidenta del CNE declaró al día siguiente “no se hagan ilusiones con la auditoría (…) servirá para demostrar la perfección de nuestro sistema electoral”. Ojalá esté en un error y la opinión de los técnicos de la oposición que asesoran a Capriles prive.


De esta manera, y desafiando el sentido común y la prudencia, el “presidente” ilegítimo tomó posesión ante una Asamblea Nacional antidemocrática que a todos los efectos prácticos fue disuelta por su atrabiliario, fascista y totalitarista presidente Diosdado Cabello, quien con un estilo gangsteril de bajos fondos, prohibió el derecho de palabra a los diputados opositores que no reconocieran a Maduro como presidente (todos) y los invitó a abandonar el recinto del parlamento, en una sesión en la que la bancada oficialista asaltó físicamente a la opositora causándole lesiones de importancia al parlamentario de oposición William Dávila. Un parlamento en el que no se puede parlamentar, no es parlamento. Como sabemos la palabra “parlamento” viene del provenzal antiguo y medieval “parlar” que significa hablar, y este a su vez del latín vulgar “paraulare” que significa lo mismo. Es la esencia del parlamento, entonces, hablar en nombre del pueblo que elige a cada diputado, en este caso, el 52% del pueblo eligió a los parlamentarios opositores en unas elecciones que como todas en la Venezuela de los últimos trece años, han sido viciadas de fraudulencia. El parlamentario es la voz del pueblo y callarlo es violarle los derechos a ese pueblo, es silenciarlo. Así pues, el fascismo brutal e ignorante disolvió la Asamblea.


Sin embargo, todos estos hechos que equivalen al establecimiento de la dictadura totalitaria de ideología castrocomunista no deben interpretarse como derrota de la oposición. Muy por el contrario, constituyen junto con los demás hechos ocurridos desde el domingo 14 de abril de 2013, una gran victoria: la dictadura se desenmascaró ante la civilización y ya nadie medianamente sensato en el planeta se atreve a afirmar que en Venezuela hay democracia, salvo por los asalariados de la izquierda mundial y las garrapatas que succionan la sangre negra de Venezuela, como los países de la ALBA, algunos de UNASUR, de Petrocaribe, y los aliados forajidos como Irán y Norcorea, entre otros. Es triste, lamentable, vergonzoso e indignante que los venezolanos hayamos obtenido la solidaridad de EUA y la Unión Europea mientras hermanos latinoamericanos nos la niegan, pero un dólar jala más que una yunta de bueyes.


Independientemente del resultado de la auditoría electoral, como dije, ya la oposición obtuvo un triunfo moral inmenso. La presidencia de Maduro está condenada al fracaso y solo la fuerza bruta podrá sostenerla pues está viciada de origen, carece de legitimidad y perdió la escasa base popular de que gozaba. Mucho más de la mitad del país se le opone asqueada y militantemente. El ilegítimo ya comienza a enfrentar una crisis de gobernabilidad empeorada por su patente incapacidad para gobernar. Un “presidente” que en su discurso inaugural aclara que sí tiene “con qué” gobernar pues Chávez lo preparó, claramente confiesa su propia incompetencia e inseguridad; abc de Freud y Adler. La crisis económica que está en el umbral disminuirá la poquísima popularidad que aún le pudiere quedar luego de sus torpezas y atropellos en los cinco días subsiguientes al fraude electoral. No se sabe por cuál vía sucumbirá, quizás por la del referéndum revocatorio a pesar del CNE servil y los demás entes controlados por la dictadura. La presidencia espuria de Maduro fenecerá prematuramente pero con un formidable costo para el pueblo venezolano.




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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