jueves, 11 de abril de 2013

A Tres Días de las Elecciones





Ya el talante profundamente fraudulento del CNE, a diferencia de la percepción predominante para el 7 de octubre de 2012, quedó claramente definido nacional e internacionalmente. Su presidenta, la señora Tibisay Lucena, ha quedado desenmascarada en todos los ámbitos. Ya es evidente hasta para el más incauto que la señora no es una simple parcializada del régimen, sino integrante y servidora de la jerarquía del partido de gobierno; otra funcionaria del gobierno comprometida con la revolución, y militante fanática.


El hecho bochornoso del “robo” de las claves de las máquinas de votación que llegaron a manos de técnicos del PSUV, ayudó a definir de una vez por todas el carácter corrupto del CNE. Estas claves dan acceso al BIOS y cualquiera que tenga nociones de computación sabe que el BIOS es un programa que se monta antes del sistema operativo, en el cual se define la configuración del sistema, con todos sus dispositivos y formas de interactuar con la máquina. Cualquier intento de minimizar la gravedad de este hecho, recurre a la mentira. Y aun si fuere cierta la inocuidad del delito, el hecho de que los secretos del árbitro electoral estén en manos del partido de gobierno, de la fuga de información, es gravísimo. Por cierto, la señora Lucena, luego de callar sobre esta denuncia durante una semana y de haberle contestado a la comisión de la oposición que fue a su despacho a denunciar que constituía un delito muy grave, declaró públicamente que no reviste ninguna irregularidad y no procederá judicialmente contra los agentes implicados, pues estas claves son de dominio público. Si estas claves son públicas, ¿para qué existen? El argumento de la buena señora Lucena es inverosímil y se derrumba por su propio peso.


El expresidente colombiano Andrés Pastrana acaba de rechazar la invitación del CNE para asistir al proceso electoral argumentando las condiciones profundamente antidemocráticas prevalecientes en Venezuela. Por otra parte, el expresidente peruano Alejandro Toledo declaró en esta fecha que América Latina no permitirá fraude en contra de la decisión del pueblo venezolano. Es claro que ante la conducta inequívocamente dolosa del árbitro electoral venezolano y los abusos del gobierno, la opinión mundial distinta a la de la izquierda comprometida con el Foro de Sao Paulo y asalariada de la revolución bolivariana, tiene puestos sus ojos suspicaces y escrutadores en las elecciones presidenciales de Venezuela.




Pero el clima que se percibe no es similar al que precedió al 7 de octubre de 2012. Tenemos a un candidato Capriles que no elude la confrontación sino que embiste decididamente en sus denuncias del régimen, incluyendo al CNE. Capriles aseguró que no está dispuesto a cometer el mismo error de aquella fecha cuando aceptó mansamente la victoria del difunto presidente sin conteo y auditoría previa de los votos. Y el candidato de gobierno, como bien reza la consigna popular, “no es Chávez”. Ha resultado un pésimo candidato en todos los aspectos: es percibido como iletrado, mentiroso, mal comunicador y oportunista en el uso de la imagen del finado Comandante; y lo que es más grave, esa es la percepción dentro del mismo chavismo. En la FAN goza de rechazo por las mismas razones. Además, las fuerzas democráticas y sus simpatizantes han cobrado conciencia de que son mayoría y de que sólo con fraude puede ganar el oficialismo. Las concentraciones de Capriles convocan en promedio al doble del público que acudía en la pasada campaña. Las de Maduro en contraste, se ven casi desiertas, aun con el uso grosero de los recursos del Estado. La asistencia espontánea y entusiasta a la marcha y mitin de cierre de campaña de Capriles en Caracas marcó un récord. Para la de Maduro los miles de autobuses provenientes del interior del país con personas arreadas congestionaron la ciudad; todos pagados por PDVSA y aún así no reunió a la masa que logró el demócrata solamente con caraqueños.


En las presentes condiciones sigue siendo posible el fraude pero sólo estaría condenado a quedar en evidencia ante Venezuela y el mundo, con un ganador que no tiene ni el carisma, ni el talento, ni el piso político, ni la ascendencia sobre la FAN del occiso para sostener tal fraude y mantener el poder. Es previsible que si intentaren hacerlo -lo que es altamente probable pues es mucho lo que está en juego, incluyendo el bienestar de Cuba- la protesta popular será masiva e irreductible, de manera que la institución militar puede verse obligada a intervenir. Y contrariamente a lo que muchos habían predicho, la amenaza real de fraude ha enardecido a los electores y ha alimentado su determinación de votar. El pueblo está bravo.


Diversas encuestas que han trascendido al público tanto dentro como fuera del país dan o a Capriles en ascenso a punto de superar a Maduro, o a Capriles francamente ganador. Este hecho también ha tenido importancia en la percepción mundial de la realidad electoral venezolana y coincide con la observación del acontecer en las calles.


Es de esperar pues que la tarea del 14 de abril y días subsiguientes será ardua. No bastará votar, habrá que defender el voto en diferentes terrenos legítimos y pacíficamente, desde las auditorías en las mesas hasta la lucha callejera no violenta. Los venezolanos debemos estar preparados para todo ante este régimen transgresor -y su CNE- que no está dispuesto a abandonar el poder bajo ninguna circunstancia.




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe


No hay comentarios:

Publicar un comentario