miércoles, 27 de marzo de 2013

Segunda Semana de Precampaña




Venezuela contempló estupefacta cómo en cadena nacional, en un acto de graduación de “Médicos” Integrales Comunitarios venezolanos en el estado Zulia, Nicolás Maduro junto con el nutrido grupo de graduandos interpretó el himno nacional de Cuba, La Bayamesa. No se trataba de un acto internacional de los dos países, era un acto venezolano para venezolanos. Fue notable ver que no solamente Maduro, sino todos los presentes, conocían a la perfección la letra del mismo. Constituyó una afrenta, un insulto y una provocación a todos los venezolanos. La reacción nacional fue de repudio ante el acto de exaltación a la potencia ocupante de nuestra patria, ductora política de la revolución, metrópolis del Imperio Cubano, nuestro opresor. Se ha podido saber que hasta dentro del PSUV la reacción fue negativa. El experimento de Maduro falló y seguramente no se atreverá a repetirlo antes de las elecciones. Pero es presagio de lo que le aguarda a Venezuela si triunfa en las elecciones, como es probable que suceda.


Es natural que Maduro conociera la letra de La Bayamesa a la perfección. Desde la década de 1980 fue formado como agente subversivo cubano en la propia isla. No se conoce cuánto tiempo duró tal formación pero se sabe que a principios de la década de 1990 fue insertado por la inteligencia cubana en Venezuela. Hay mucha oscuridad con respecto a la biografía del personaje. Lo realmente alarmante fue ver los rostros emocionados de los graduandos cuando la cantaban, muestra inequívoca del lavado de cerebro y posterior adoctrinamiento que reciben los jóvenes en los centros de estudios bolivarianos.


Maduro ha resultado un pésimo imitador del fallecido líder. Ha tratado fútilmente de copiar su estilo, su discurso, gestos y palabras. Se ha desbocado en insultos y amenazas. Ha fungido hasta de comediante en su intento grotesco, con chistes y bailes en un ejercicio inútil de proyectar la imagen del difunto cuyo nombre, hasta la presente fecha, ha pronunciado más de 4.000 veces en sus alocuciones. Por cierto, es llamativo el hecho de que en el lapso de una semana, los llantos de Maduro, quien se declara hijo de Chávez, se tornaron en risas, chistes y bailes. Además, se ha deshecho en imputaciones falsas contra Capriles. Como el homofóbico que es, lo ha acusado de homosexual como si eso, de ser cierto, fuera un crimen. También lo ha calificado infundadamente de drogadicto. Si Capriles no representa una amenaza a sus aspiraciones, ¿por qué Maduro se deshace en insultos a su persona?


Del lado oficialista, la precampaña se ha tornado escatológica y abusiva a niveles que no se veían ni en las de Chávez, con tretas de toda clase tales como el soborno a gente de la oposición. Varios “artistas” de la farándula, de cuestionable talento, que hasta fecha reciente fueron abiertamente opositores, repentinamente aparecieron brindando su apoyo al oscuro Maduro. Se ha filtrado la información de que recibieron un soborno de Bs F 500.000 y otras recompensas por su pronunciamiento. Lo anterior no ha sido confirmado. Además, tres políticos opositores de tercera importancia anunciaron su retiro de la alianza opositora y su adhesión al oficialismo. Varias fuentes en las redes sociales aseguran que hubo sobornos de por medio. ¿Por qué necesita la campaña de Maduro esta clase de estratagemas, especialmente con individuos cuya importancia es nula?


De gran relevancia es el hecho de que en pleno período preelectoral el gobierno ha tenido que devaluar nuevamente la moneda bajo un subterfugio que se llama SICAD, con un sistema de subastas de divisas. En la primera subasta, el dólar se negoció hasta por Bs F 15 por unidad, lo que equivale a una devaluación total del orden del 250%. Las distorsiones que una devaluación de esta magnitud son brutales. La hiperinflación y el estancamiento serán inéditos en el país. Las clases de menos ingresos sufrirán terriblemente. El costo social será enorme.


Pero por incapaz, desatinado y anodino que sea el candidato oficialista, cabalga sobre el cadáver del comandante que aún despierta pasiones, y cuenta con todas las instituciones del Estado, especialmente el CNE, el cual en sus primeras actuaciones ya ha demostrado ser parte del comando de campaña del régimen. Es una lucha muy desigual para la oposición que se enfrenta al Estado con un árbitro absolutamente corrupto, que más que árbitro es adversario.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

No hay comentarios:

Publicar un comentario