lunes, 18 de marzo de 2013

Los Primeros Días de Campaña





Ante las declaraciones de la funcionaria del Departamento de Estado de EUA, Roberta Jacobson, acerca de que en Venezuela no habría elecciones limpias, la presidenta del CNE, Tibisay Lucena, reaccionó airadamente en una rueda de prensa en la que contestó que Venezuela gozaba del sistema electoral más transparente del planeta. Acompañó estas aseveraciones con una serie de cuestionamientos al Imperio. La Dra. Lucena lucía indignada de que su pulcritud y neutralidad se pusiera en tela de juicio. Es la misma Dra. Lucena que asistió a las exequias del líder bolivariano ostentando la banda alusiva al intento de golpe del 4F en el brazo, que se abrazó con Nicolás Maduro el candidato oficialista, y que gritó consignas revolucionarias en ese acto.


No es un secreto que Tibisay Lucena es militante del partido de gobierno. Su actuación en las pasadas elecciones presidenciales, absolutamente parcial y licenciosa con el régimen, permitió el apabullamiento del candidato opositor. Su CNE está al servicio del régimen. Ahora la historia se repite. Se hace la vista gorda ante las innumerables cadenas nacionales de propaganda oficialista y permite 24 horas al día de programación a favor de la candidatura de Maduro en la red de medios del Estado. Tenemos sobrados motivos para dudar de la neutralidad y la honestidad como árbitro de esta funcionaria y el organismo que preside, de cara al proceso electoral que concluye el 14 de abril.


Por su parte, el candidato Maduro, ha presentado un discurso pendular. Combina los insultos y las amenazas frenéticas, vociferando el nombre de Chávez; acusaciones descabelladas sobre el “asesinato” del líder por la inoculación del cáncer; para luego caer en el llanto al tiempo que se declara “hijo” del difunto. Pareciera que se desplazara de la manía a la melancolía en fracciones de segundos. Por cierto que esto de declararse hijo del fallecido gobernante deja muy mal parados a sus propios progenitores, en especial, a la madre.


Es muy claro que Maduro no tiene la capacidad para afrontar la situación que se le ha planteado. Su discurso, apartando lo ya descrito, se basa en la repetición incesante el nombre de Chávez ligado a consignas; por lo demás, es absolutamente desértico en ideas.


A pesar de la baja calidad del oponente, Henrique Capriles se enfrenta a un Estado todo poderoso, con recursos casi infinitos; a un candidato que cabalga en la imagen del difunto apelando así a los sentimientos de la masa; a una FAN a cargo del Plan República cuya cúpula se declara militante de la revolución; y a un CNE totalmente al servicio de la candidatura oficial. Capriles adversa a un Estado controlado por un grupo que no está dispuesto a dejar el poder bajo ninguna circunstancia, y que no tendrá ni límites ni escrúpulos en lograr la meta de perpetuarse en él.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe



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