miércoles, 6 de marzo de 2013

Chavismo sin Chávez





Son patentes las manifestaciones de dolor y la multitudinaria participación del pueblo en el traslado del féretro de Hugo Chávez desde el Hospital Militar hasta la Academia Militar. Mujeres y hombres llorando en profundo duelo. Puños cerrados elevados en el aire. El mar rojo de gente mostró el formidable arrastre que el Comandante tenía sobre el venezolano. ¿Pero trascenderá en el tiempo ese arrastre?, ¿será transmisible ese encanto a la dirigencia que lo sucede en el chavismo?


Se puede esperar que en el corto plazo se mantenga y aún se incremente el efecto de la memoria del fallecido gobernante como cemento que mantiene unida la diversidad del chavismo. Sin embargo, en el mediano y largo plazo perderá su efectividad para mantenerlo unido y veremos no su desaparición, pero sí su fragmentación.


Eventualmente la pugna entre los sectores militar y civil del PSUV hará imposible su convivencia. Pero es ingenuo dividir al partido oficial en sólo dos facciones. En efecto, son diversas las corrientes dentro del mismo, que ocupan un espectro que va desde la extrema derecha representada por militares, hasta la izquierda radical, en donde encontramos elementos como los Tupamaros o los colectivos como La Piedrita.


Ya hemos visto que expertos como el psiquiatra Franzel Delgado Senior sostienen que el chavismo, más que una institución política se comporta como una secta fanática destructiva con un liderazgo sociopático. De acuerdo con esta tesis, la desaparición del líder causa la desaparición de la secta.


Enfrentamos tiempos difíciles, no sólo por la tragedia económica que comenzará a vivir el país, sino porque la dirigencia que sucede a Chávez en el chavismo y el gobierno no tiene la capacidad ni la autocensura de él. Nicolás Maduro ha mostrado en los pocos días que ha estado al frente del gobierno gran violencia y virulencia en su discurso. Ha seguido fielmente pero con más intensidad, la receta hitleriana-stalinista del caudillo de la siembra de odio y división para lograr cohesión en sus huestes. Esto reviste extrema peligrosidad pues puede llevar a una conflagración fratricida y los líderes herederos no tendrán el mismo control sobre la masa seguidora que tenía el fallecido.


El liderazgo de Chávez en gran medida fue comprado. Costó al país una erogación en Gasto Social de $ 772.000 millones en 14 años. Chávez deja un país partido por la mitad, sin obras importantes de infraestructura que mostrar. Después de haber dilapidado un billón y medio de dólares, deja una deuda de no menos de $ 250.000 millones. 


Los herederos políticos del superlíder no gozarán del favor fervoroso de la masa. Sin embargo el chavismo no desaparecerá, pero quedará reducido a su justa proporción, posiblemente de él surjan diversos partidos y corrientes políticas. Sin embargo, no trascenderá como institución a la manera del justicialismo peronista en Argentina pues ni siquiera un cuerpo doctrinario tiene. 


El nuevo chavismo no podrá continuar con la compra de lealtades. Sencillamente, las arcas quedaron vacías. La capacidad de endeudamiento del país está exhausta. Los ingresos petroleros no alcanzarán para continuar con la molienda de dinero. Esto causará gran desencanto en los acólitos.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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