jueves, 24 de enero de 2013

Confusión



Si podemos resumir en una palabra el estado que vive el país, esta es “confusión”. Por una parte, el presidente ha estado ausente –fuera del territorio nacional- y sin comunicarse directamente como acostumbra, durante mes y medio, aun cuando sus acólitos sostienen que está en ejercicio pleno de sus funciones; esto no obstante que los mismos voceros han informado que su estado de salud ha estado extremadamente delicado. Por otra, la población se ha encontrado sujeta a toda clase de rumores acerca de la enfermedad del paciente y su evolución; rumores sustentados hasta por los mismos partes oficiales en muchos casos contradictorios.

Pero dónde parece haber más confusión es en el campo oficial. En primer lugar, ante la imposibilidad de que el presidente reelecto se presentara a la toma de posesión, los segundos oficialistas en pugna interna, bajo un pacto celebrado en La Habana y contrariando las órdenes del propio jefe supremo quien había girado instrucciones precisas públicamente, decidieron violar la constitución, obviar el paso de la juramentación del paciente gravemente enfermo, y darle continuidad al régimen bajo argumentos tomados del éter de la antijuricidad al que nos tiene acostumbrados el TSJ.

Por lo demás, el discurso (si es que se puede hablar de tal cosa) oficialista en las voces de Diosdado Cabello y Nicolás Maduro ha estado signado por una pugnacidad extrema contra la oposición, insultos y amenazas; todo esto adornado ahora con la acusación de que existe un plan de asesinato contra los dos dirigentes.

Otro aspecto que se ha hecho patente en los recientes actos oficiales, en especial aquellos presididos por Maduro, es la exaltación de Cuba. La siempre presente bandera cubana y los laudes a la potencia ocupante se han hecho oprobiosos, vomitivos. Según estos debemos agradecer a Cuba todo lo que ha hecho por Venezuela y soslayar totalmente el hecho de que Venezuela alimenta gratuitamente a la depauperada isla antillana.

Mientras todo esto sucede, el venezolano ve su nivel de vida cada vez más abruptamente deteriorado. La escasez llegó a tal nivel que el gobierno se ha visto obligado a reconocer un desabastecimiento de 20%. La inseguridad es rampante, de manera que la probabilidad de perder la vida en Venezuela por medios violentos es mayor que en países en guerra, con 22.000 asesinatos para 2012 y con la rata de crecimiento de la tasa de homicidios más elevada del orbe.

Como decía al comienzo, Venezuela vive un profundo estado de confusión con respecto a su presente y a su futuro inmediato. Pero sobre algo no debe haber confusión: esto es una revolución que no está dispuesta a abandonar el poder y Cuba no permitirá bajo ningún respecto que su única fuente de ingresos se le escape de las garras; hará cualquier cosa para evitarlo.

Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

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