viernes, 25 de enero de 2013

Sincronicidad




Uno de los fenómenos más comunes de la mente humana y no por ello menos interesante, curioso y hasta misterioso, es el que Carl Gustav Jung denominó “sincronicidad”. En virtud de este, dos o más hechos que no tienen o no deberían tener conexión entre sí parecen estar conectados en el espacio y el tiempo de una manera que no es explicable por la simple casualidad.

Muchos hemos tropezado con hechos de sincronicidad por lo menos una vez en la existencia. En mi caso, ha sucedido varias veces. Uno particularmente doloroso viene a mi mente:

Desde finales de 1999 comencé a acudir a consulta psicoanalítica con el doctor Gonzalo González, psiquiatra psicoanalista. Desde esa época ya pensaba que los cambios políticos que comenzaba a vivir el país tenían un importante trasfondo psicológico de manera que una porción muy alta de la terapia versaba sobre el análisis del acontecer político desde una perspectiva psicoanalítica.

Gonzalo González era un hombre que a pesar de su juventud ostentaba una abundante barba gris, y destilaba bonhomía y sapiencia. Las terapias transcurrían en una conversación con su peculiar hablar pausado. Durante los años que estuve con él advertía la perenne presencia de un frasco amarillo extra grande de Maalox Plus detrás de su escritorio, lo que me indicaba que sufría de molestias gástricas y posiblemente se automedicaba.

Lamentablemente, al cabo de unos 3 años el psiquiatra fue diagnosticado con una forma muy agresiva de cáncer de estómago. Recibió tratamiento químico y quirúrgico y luego de varias hospitalizaciones, se encontraba en la Unidad de Cuidados Intensivos de una clínica caraqueña en estado muy delicado.

Un domingo a mediodía decidí dormir una siesta, hecho de por sí bastante extraño en mí pues no acostumbro este tipo de descanso. Mientras dormía soñé con Gonzalo: Fui a visitarlo a la Terapia Intensiva. Cuando llegué logré verlo del otro lado de un gran cristal que nos separaba. Se encontraba en su cama intubado y con múltiples catéteres que entraban y salían de su cuerpo. Al cabo de unos minutos decidí franquear la entrada a través de una gran puerta de vidrio al final del pasillo y me dirigí a su lado. Ahora no se encontraba en la cama sino boca abajo en una camilla y al yo aproximarme levantó su cabeza. Su rostro que antes era barbado ahora estaba totalmente rasurado. Me recibió lúcido y vivaz con el siguiente saludo: “¡Entonces Leonardo!, ¿hablamos de política?” Yo permanecí mudo viéndolo y sin contestarle.

El timbre del teléfono, insistente, me despertó del sueño profundo. Pesadamente  tomé el auricular y contesté. Una voz femenina en tono muy grave me habló desde el otro extremo de la línea. Era la también psicoanalista doctora Lucía Morabito: -Hola Leonardo, te llamo para informarte que Gonzalo González acaba de morir. -¿Cuándo? –Hace apenas unos pocos minutos…

Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

jueves, 24 de enero de 2013

Confusión



Si podemos resumir en una palabra el estado que vive el país, esta es “confusión”. Por una parte, el presidente ha estado ausente –fuera del territorio nacional- y sin comunicarse directamente como acostumbra, durante mes y medio, aun cuando sus acólitos sostienen que está en ejercicio pleno de sus funciones; esto no obstante que los mismos voceros han informado que su estado de salud ha estado extremadamente delicado. Por otra, la población se ha encontrado sujeta a toda clase de rumores acerca de la enfermedad del paciente y su evolución; rumores sustentados hasta por los mismos partes oficiales en muchos casos contradictorios.

Pero dónde parece haber más confusión es en el campo oficial. En primer lugar, ante la imposibilidad de que el presidente reelecto se presentara a la toma de posesión, los segundos oficialistas en pugna interna, bajo un pacto celebrado en La Habana y contrariando las órdenes del propio jefe supremo quien había girado instrucciones precisas públicamente, decidieron violar la constitución, obviar el paso de la juramentación del paciente gravemente enfermo, y darle continuidad al régimen bajo argumentos tomados del éter de la antijuricidad al que nos tiene acostumbrados el TSJ.

Por lo demás, el discurso (si es que se puede hablar de tal cosa) oficialista en las voces de Diosdado Cabello y Nicolás Maduro ha estado signado por una pugnacidad extrema contra la oposición, insultos y amenazas; todo esto adornado ahora con la acusación de que existe un plan de asesinato contra los dos dirigentes.

Otro aspecto que se ha hecho patente en los recientes actos oficiales, en especial aquellos presididos por Maduro, es la exaltación de Cuba. La siempre presente bandera cubana y los laudes a la potencia ocupante se han hecho oprobiosos, vomitivos. Según estos debemos agradecer a Cuba todo lo que ha hecho por Venezuela y soslayar totalmente el hecho de que Venezuela alimenta gratuitamente a la depauperada isla antillana.

Mientras todo esto sucede, el venezolano ve su nivel de vida cada vez más abruptamente deteriorado. La escasez llegó a tal nivel que el gobierno se ha visto obligado a reconocer un desabastecimiento de 20%. La inseguridad es rampante, de manera que la probabilidad de perder la vida en Venezuela por medios violentos es mayor que en países en guerra, con 22.000 asesinatos para 2012 y con la rata de crecimiento de la tasa de homicidios más elevada del orbe.

Como decía al comienzo, Venezuela vive un profundo estado de confusión con respecto a su presente y a su futuro inmediato. Pero sobre algo no debe haber confusión: esto es una revolución que no está dispuesta a abandonar el poder y Cuba no permitirá bajo ningún respecto que su única fuente de ingresos se le escape de las garras; hará cualquier cosa para evitarlo.

Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

lunes, 14 de enero de 2013

¿Hijo de Quién?





Desde el bachillerato hemos estudiado el paternalismo como un factor decisivo en el surgimiento del fenómeno del caudillismo. Recordemos como a Páez sus llaneros lo llamaban “el Taita” (papá). El chavismo no ha escapado a esta característica sino que por el contrario la ha exacerbado y explotado.



Durante estos catorce años hemos sido testigos de como el paternalismo -incluyendo el del Estado- se ha acentuado en Venezuela; país en el cual una altísima proporción de hogares tienen como cabeza a una madre soltera, en donde ha reinado la paternidad irresponsable; país con una de las tasas de maternidad infantil más elevadas del planeta. Un país de hijos sin padre.



Es claro que las circunstancias descritas han debilitado la figura paterna en la sociedad venezolana, lo que hace posible que una plaga del pasado como lo es el caudillismo florezca. Y es muy natural que el individuo busque satisfacer afuera del hogar las carencias que ha tenido con respecto a la figura del padre, máxime si son acompañadas de bienes materiales.



El fenómeno ha llegado a tal magnitud que hoy escuchamos frases por parte de los acólitos del gobernante enfermo tales como “él es el segundo de Dios, después de Dios, mi comandante” y más recientemente, “todos somos hijos de Chávez” o “todos somos Chávez” (portadores de sus genes).



Además de la pérdida de la identidad que esas expresiones significan, implican la negación total del propio padre y sugiere ciertas consecuencias para la figura de la madre. Son una falta de respeto a los progenitores, y por si fuera poco, un desconocimiento al mismísimo Dios, hecho de graves implicaciones en una sociedad creyente como la venezolana.



Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

martes, 8 de enero de 2013

¿En Defensa de Quién?

Los hechos suscitados en los últimos días por la ausencia del Presidente debido a su grave estado de salud revelan una situación irregular dentro del oficialismo. Así lo sugiere la conducta de sus principales voceros quienes están actuando en contra de lo instruido por el propio jefe máximo en su última cadena de despedida antes de partir para Cuba, cuando anunció la gravedad de su mal, las muy altas probabilidades de que no pudiera tomar posesión y de que los mecanismos constitucionales se activaran, caso en el cual nombró a Nicolás Maduro como su heredero político y pidió votar por él en las eventuales elecciones que tendrían lugar en caso de su falta absoluta.



Uno de los momentos cumbres se vivió con el sainete que tuvo lugar el 8-1 en la Asamblea Nacional cuando su presidente Diosdado Cabello recibió la carta de Nicolás Maduro que todos conocemos, la que esencialmente versa “el Presidente Chávez le manda a decir que no podrá venir el 10 a tomar posesión y que por favor le den permiso para venir cuando pueda” (parece un chiste pero es la realidad). Caben algunas preguntas a este respecto: ¿A quién le consta que el jefe enfermo mandó el mensaje? ¿Quién es Maduro para solicitarle a la AN tal cosa? (Solamente el Presidente de la República tiene derecho a solicitar el permiso). Si el Presidente Chávez -como sostiene el oficialismo- está en pleno ejercicio de sus funciones y de su cargo ¿qué le impide entonces firmar esa carta él mismo?



Después de algunos discursos en los que contrastaron los ponderados de la oposición con los proferidos con gritos e insultos por el oficialismo, se llegó a la absurda decisión -según palabras de Cabello- de otorgar permiso al primer mandatario para ausentarse todo el tiempo que fuere necesario (“mientras dure la causa sobrevenida”) para postergar su juramentación y toma de posesión, soslayando absolutamente lo establecido en la Constitución.



El hecho de que los segundos Cabello y Maduro se estén negando a actuar de acuerdo a las instrucciones precisas y públicas dadas por el propio jefe, indica que algún compromiso se ha debido alcanzar entre los dos hombres que representan dos facciones tradicionalmente enfrentadas dentro del partido de gobierno, posiblemente en los recientes viajes a Cuba y bajo la supervisión de los Castro, y quizás movidos por mutua desconfianza.



Lo cierto es que de efectivamente procederse de la manera decidida, el 10 de enero se romperá el hilo constitucional y Venezuela entrará en territorio no explorado.



Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe



sábado, 5 de enero de 2013

Terapia Intensiva



Hoy contemplamos el espectáculo deplorable que fue el nombramiento de la directiva de la Asamblea Nacional. La misma fue amenizada por un cantante imitador de Alí Primera que dio a pensar quién es peor intérprete si el imitador o el imitado. A este canto destemplado siguió un discurso oscuro y colmado de chabacanería, pugnacidad, amenazas y agresión contra la oposición, por parte del recién electo Presidente de la Asamblea, Diosdado Cabello, en el que dejó claro que, contrariamente a la orden establecida en la Constitución, habrá continuidad del gobierno del Jefe de Estado hospitalizado en La Habana, quien en casi un mes no ha dado muestras de cuál es su estado de salud física y mental, más allá del 10 de Enero.

En realidad la decisión de no activar el mecanismo de la falta temporal no fue sorpresa alguna; ya Nicolás Maduro lo había anunciado en entrevistas y alocuciones. La decisión la sustentan en una tesis metajurídica según la cuál éste fue el mandato del pueblo el 7 de Octubre cuando decidió que el líder máximo fuera Presidente durante los próximos seis años. Es decir, las provisiones constitucionales para hechos sobrevenidos como lo es la enfermedad y falta temporal o absoluta del Presidente son de inferior jerarquía que la decisión del pueblo y –claro está- ellos, los dirigentes del chavismo, son el pueblo.

La decisión a todas luces fue tomada en La Habana, ignoramos si con la participación del líder bolivariano, aunque si damos por buenos los partes sobre su salud emanados del propio gobierno, es poco probable que así sea pues han definido su estado como muy delicado con una grave infección pulmonar (independientemente de que hay versiones no oficiales de que tiene la respiración asistida por ventilación, lo que le impediría hablar).

Mucha suspicacia e indignación ha causado que materia de trascendental importancia para el país se discuta y decida en la isla de Cuba bajo la tutela de la jerarquía del gobierno cubano.

Pero la situación es imposible de prolongar indefinidamente. Lamentablemente la tendencia del enfermo en el largo plazo ha sido hacia el deterioro no hacia la mejoría. Esto se hace patente en las recidivas de la enfermedad, que han requerido nuevos tratamientos y terapias, y repetidas intervenciones quirúrgicas. Es evidente que desgraciadamente se trata de una enfermedad maligna recurrente. En consecuencia, llegará el momento en que los artículos constitucionales para enfrentar la falta temporal o absoluta deberán activarse, tal como manifestó el propio Jefe de Estado en la alocución de despedida el 7 de Diciembre en la que dejó ver la gravedad de su mal y nombró como heredero político a Nicolás Maduro. En esa oportunidad, por cierto, expresó claramente que la Constitución instruía diáfanamente cómo proceder ante los hechos que podían desencadenarse.

Es evidente que algún desarreglo tuvo que haber tenido lugar dentro del chavismo pues si el jefe máximo había dejado instrucciones acerca de la conducta a tomar ante su posible ausencia, no tenía mucho sentido que la plana mayor del gobierno y en particular Nicolás Maduro, llamado el candidato de los Castro, y Diosdado Cabello, jefe de la llamada “derecha endógena” y del ala militar que notablemente jamás había pisado territorio cubano, viajaran a la isla, este último, en varias oportunidades, según declaró. ¿Viajaron a buscar instrucciones para dirimir diferencias entre ellos? ¿Fueron –como algunos afirman- a suscribir un pacto de gobernabilidad para las fechas próximas? ¿Fueron a negociar un arreglo con el gobierno cubano?

Lo cierto es que ahora vienen con el argumento de que “el pueblo soberano” tiene derecho a desconocer la disposición constitucional de juramentar al presidente electo en fecha 10 de Enero, a derogarla y a extender el período que concluye el mismo 10 más allá de esa fecha. Y como ya he dicho, todos sabemos quién es el "pueblo soberano".

Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe