domingo, 2 de diciembre de 2012

Prioridades




Mucho se especula en estos días acerca de la salud del líder bolivariano. El velo de secreto que el mismo paciente y los regímenes de Cuba y Venezuela han pretendido arrojar sobre la materia, se ha tornado en el propio combustible de la especulación. Las teorías sobre su enfermedad van desde la conspiración que propone que está fingiéndola para levantar simpatías, hasta que está agonizando en La Habana. Hay síntomas como su desmesurada hinchazón que hacen pensar que algo grave padece. Aunado a esto está su notoria ausencia del escenario político del país. Pero la atención sobre este punto hace distraer a la oposición de lo que realmente es importante en este momento: las elecciones de gobernadores del 16 de diciembre y la casi segura reforma constitucional que intentará el régimen para garantizar su permanencia en el poder y la instauración del Estado Comunal, entiéndase, comunismo.



Es indudable que el estado de salud de quien conduce los destinos de un país es de primera importancia, pero no debe distraer de lo que en el cortísimo plazo son prioridades. Existen indicios de que por factores psicológicos como el desencanto y la sobresaturación de política, hay peligro de una alta abstención por parte de los opositores al régimen que perjudicaría a la causa de la libertad. Además, vemos con preocupación que no existe verdadero interés y no se está adversando con la vehemencia que merece el caso, la materia de las maniobras que planifica la revolución para lograr la instauración del Estado Comunal, y su perpetuación en el poder aun en el evento de la ausencia del Soldado de Sabaneta.



También hay indicios de que la decisión de los hermanos Castro es prolongar en lo posible y a cualquier costo la vida del Jefe de Estado venezolano para tener tiempo de tomar las medidas necesarias para mantener su dominio sobre Venezuela. Es imposible predecir cuánto tiempo de vida le reste pero solo hace falta pocos meses para proponer y realizar un referéndum que conduzca a las reformas que ya fueron rechazadas en 2007, y a cambios en la sucesión en el orden constitucional para asegurar la entronización de un gobierno títere de Cuba, o a la organización de una Asamblea Constituyente con los mismos fines (la cual como ya he argumentado en el artículo “Constituyente”, tendría efectos nulos, pues se realizaría con un CNE corrupto y parcial, y en un clima de absoluta división del país, dos elementos que la viciarían).




De manera que es claro que los esfuerzos de todo opositor y especialmente del liderazgo deben dirigirse a movilizar a la ciudadanía para exigir condiciones mínimas de pulcritud en el proceso electoral, que tengan efecto no solamente para las elecciones del 16 de diciembre, sino para los posibles procesos que seguirían, y para obstaculizar las maniobras ya en marcha para la instauración del comunismo y la perpetuación de la revolución en Miraflores.




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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