martes, 11 de diciembre de 2012

Odio




Siguiendo la tradición hitleriana, stalinista y maoísta el amoroso líder ha recurrido al odio para efectos proselitistas y para fomentar la división de la sociedad, necesaria para consolidar su poder. El odio es una poderosa herramienta para unir a un sector en contra de otro al que hace responsable de sus males. Es esencialmente una proyección de la propia maldad en el prójimo al cual constituye en chivo expiatorio.


Con el reciente anuncio hecho por el jefe de Estado acerca de su grave estado de salud y la necesidad de una nueva operación quirúrgica hemos visto aflorar el dolor de algunos pero sobre todo el odio de casi todos.


En las palabras de sus seguidores en la sesión de la Asamblea Nacional llevada a cabo para discutir el permiso para viajar a Cuba para recibir tratamiento, vimos el odio desbordado contra los opositores en las intervenciones. Pero también hemos visto el odio surgir en las filas de la oposición que se ha manifestado principalmente como deseos de muerte e insultos hacia el gobernante enfermo. Han llegado hasta a las acusaciones de hipocresía contra dirigentes de la oposición que han manifestado solidaridad humana y deseos de curación.


Por una parte, en una sociedad principalmente cristiana el odio no debería tener cabida pues las enseñanzas de Jesús, el centro de su doctrina, es amar a todos, incluyendo al enemigo. Quien odia no es cristiano.


Por otra, odiar al individuo que justamente ha causado tanto daño por medio de la inoculación de su odio, es obrar exactamente de la misma manera que él lo ha hecho; conducta que tanto hemos adversado. Pero por encima de toda otra consideración, odiarlo es sucumbir a su mensaje, es darle el triunfo pues significa que tuvo total éxito sembrando el odio en nosotros. Y ese éxito, esa satisfacción me niego a dárselos.


Rechazo absolutamente su mensaje, su conducta y su pensamiento, pero jamás lo odiaré. Eso no lo logrará.




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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