miércoles, 12 de diciembre de 2012

Miedo




Desde la sesión del domingo conducida en la Asamblea Nacional a los efectos de otorgar el permiso para el viaje del líder máximo, hemos escuchado repetidas veces “estamos tristes pero no es debilidad”, por parte de los dirigentes del oficialismo. Lo ha reiterado Nicolás Maduro en las cadenas de radio y televisión para dar los partes del estado de salud del gobernante. Se ha mostrado legítima y comprensiblemente contrito pero ha culminado siempre con amenazas contra quienes osen ofender al mismo autor de las frases “odio con todas mis entrañas al Estado de Israel, pulverizaré a burgueses y oligarcas” y “la Iglesia Católica es un tumor”, ¡imputándoles siembra de odio!


Estamos claramente ante lo que los psiquiatras llaman Proyección Identificativa: los hechos y condiciones propios, la propia esencia, el individuo la ve reflejada en otros. Desde esas intervenciones que comenzaron con las de algunas damas diputadas envueltas en el paroxismo de la histeria y la de Diosdado Cabello, han sido continuas las amenazas contra quienes manifiestan odio hacia el jefe enfermo.
 

El “no es debilidad” se ha convertido en un mantra que repiten para convencerse de que no sienten pánico ante la perspectiva de orfandad. Lo que resulta evidente de la actitud del oficialismo en la voz de Cabello primero y ahora de Maduro en su calidad de Vicepresidente es de que –cuando menos- existe inmenso nerviosismo ante la situación que están viviendo. ¿Tiene necesidad de repetir quien se siente fuerte “no estoy débil”? ¿Tiene necesidad de repetir quien se siente fuerte amenazas contra quienes no deben representar peligro alguno?


Sin embargo, no nos engañemos, el hecho de que en estos momentos cunda el pánico en el oficialismo no significa que el peligro de violencia no sea extremo. No existe promotor de la violencia más eficiente que el miedo. Es el estímulo que provoca la respuesta de agresión que le permite sobrevivir al animal acorralado.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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