jueves, 13 de diciembre de 2012

Enfermedad




Hemos visto a los líderes chavistas exigir respeto con legítima indignación por el trance que atraviesa su líder debido a su enfermedad, exigen consideración por el dolor ajeno y es lógico que lo hagan.

Tristemente, el gobernante ha basado su estrategia para acceder y preservar el poder en la siembra de odio. Ha amenazado con total destrucción y en efecto ha destruido a muchos. Baste como ejemplo el caso del señor Franklin Brito y su familia, sin olvidar el de la doctora María Lourdes Afiuni y el de los presos políticos. Infinidad de personas que no han llegado a las páginas de los diarios han visto su existencia destruida e incluso han perdido la vida por hecho directo o indirecto de parte del Soldado de Sabaneta.


No obstante esta realidad, los partidarios del oficialismo se sienten ultrajados cuando las víctimas tienen expresiones de júbilo por la tragedia que los aqueja; y es humano que así sea. Ahora reclaman las expresiones de “todo el odio y el veneno” que en primer lugar su propio líder sembró.

Son lamentables estas manifestaciones de odio de parte de los adversarios del autócrata pues –aun como legítima defensa- constituyen la demostración fehaciente de que él tuvo éxito absoluto inoculando el odio en nuestra sociedad, de que sucumbieron a su voluntad, pero también es humano y comprensible que sucedan.


Sin embargo, así como los oficialistas están en su derecho de sentirse ultrajados por tales expresiones contra su líder, hemos visto cómo de forma asquerosa están utilizando la propia desgracia con fines proselitistas en provecho de las candidaturas regionales para gobernadores. Y esto lo están haciendo de forma estudiada y premeditada, tal como consta del documento instructivo para los candidatos emanado del comando de campaña, redactado por el psiquiatra Jorge Rodríguez.


Y es aquí donde surge la pregunta válida: ¿Qué es peor, cuál es mayor ofensa, qué es más bajo, los insultos de opositores colmados de odio o el proselitismo lleno de amor aprovechando la enfermedad del amado líder?


Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

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