domingo, 9 de diciembre de 2012

Dinastía




Ya para todos es conocido que el Líder Supremo anunció al país la gravedad de su enfermedad, dejó ver la posibilidad de su próxima desaparición y nombró sucesión. Con ello provocó diversas reacciones que ocupan todo el espectro entre el dolor extremo de sus seguidores y el júbilo de algunos de sus adversarios menos conscientes, pero sobre todo, la incertidumbre y la ansiedad que ella genera.




Para dirigirse al país se sentó rodeado de su corte con las dos principales cabezas que pudieran disputarse el derecho a sucederlo a sus costados: a la siniestra Nicolás Maduro, Vicepresidente y Canciller, a la diestra el teniente Diosdado Cabello, Presidente de la AN. Allí anunció que su sucesor sería Maduro. Cabello, de quien se dice lidera el sector militar, miraba en actitud de aceptación.


El chavismo (PSUV) no es un partido sino una secta integrada por individuos con diversos intereses y unidos por dos factores de cohesión: sus intereses crematísticos y el liderazgo patológico del líder absoluto. El segundo mucho más fuerte que el primero ya que cualquiera puede satisfacer el primero, pero ningún otro puede sustituir al guía espiritual. Y en la sesión de la AN del 9 de diciembre la bancada oficialista lo dijo claramente: “Chávez es nuestro único líder”, no existe ni puede existir otro.


A principios de año, Yépez de Datanálisis, publicó estudios en los cuales mostraba que aunque el gobernante disfrutaba alrededor de 50% de popularidad, sólo menos del 4% de la población deseaba un Estado comunista. Dentro del PSUV el 83% rechazaba el Estado comunista. Encuestas publicadas por otro grupo hacia julio mostraban que mientras el líder contaba con 50% de aceptación, el sustituto con mayor popularidad, Nicolás Maduro, contaba con 12%, los demás oscilaban entre el 2 y el 7%. En conjunto, todos los posibles sustitutos dentro del PSUV no sumaban 40%. Si comparamos con la actitud del pueblo en los diferentes estados con gobernadores oficialistas, en los que el pueblo exclamaba “¡Chavez sí, X (el gobernador) no!”, con el hecho de que a lo sumo el 40% (sumando todos los posibles candidatos) estaba dispuesto a votar por algún sustituto del líder, la conclusión es que el líder es insustituible y que su ausencia conducirá a la fragmentación de la secta: “si no es por mi Comandante, no voto”.




Se dice que en el sector civil del PSUV están a la cabeza Maduro y Jaua, mientras que los militares activos y retirados están bajo el control de Cabello. Ya es evidente que Cuba y los Castro están con el sector civil, quizás por el hecho de que es el ala marxista. Y no quepa la menor duda, los cubanos no están dispuestos a soltar su garra sobre sobre Venezuela y sus riquezas, para ellos es de vida o muerte. Para apaciguar a Cabello, sin duda el más ambicioso de los dirigentes del oficialismo, que no es precisamente hombre de izquierda y que parece no tener relaciones con Cuba, una buena cuota del país le debe haber sido ofrecida. Esto se extendería a la cúpula militar que lo acompaña, a la que se le imputa mediáticamente corrupción (y no tan mediáticamente por los organismos de seguridad de otros países).



La FAN es un reflejo de la sociedad venezolana. A los efectos del análisis especulemos que sus preferencias deben asimilarse cuando menos, a lo que se manifestó el 7 de octubre, si estas cifras se dan por buenas: 56% apoya al comandante en jefe, 44% tiene otras preferencias. No existen motivos para pensar que los números sean más favorables al partido de gobierno, máxime si tomamos en cuenta que este grupo se amolda a lo que los encuestadores llaman sectores A y B. Ciertamente, la oficialidad de la FAN no es D y E.





No es necesario ser muy suspicaz para concluir que a Venezuela se le plantea una grave incidencia dentro de la crisis política que vive, un episodio de extrema volatilidad que ofrece un escenario de extrema peligrosidad. Si la dirigencia oficialista pierde el apoyo popular con la desaparición del liderazgo morboso, le restan las armas, las cuales monopoliza, y la violencia que después de todo, era la vía principal de acceso al poder antes de plantearse la posibilidad electoral en 1998.


Y para la oposición es momento de un liderazgo con experiencia política y temple, no hay cabida para los errores ni actitudes timoratas ni para aficionados.




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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