viernes, 7 de diciembre de 2012

Diablos y División







Pocos pueden decir que no han sufrido pérdidas materiales, afectivas y hasta humanas con el ascenso de este gobierno al poder. Familias y matrimonios se han escindido y hasta destruido. Muchos se han suicidado, otros casi lo han hecho, otros han enfermado de formas diversas. La lista de “bajas” de una u otra manera es larga, se cuentan por cientos de miles. 

El principal elemento psicológico que ha utilizado el gobernante para asir y luego entronizarse en el poder ha sido dividir por medio del odio; y este odio, con su resultante división, ha llegado hasta la célula fundamental de la sociedad amenazando con deshilachar la fibra social.


Esto no es fortuito, forma parte del plan Tierra Arrasada, el cual preveía la destrucción total de la infraestructura física y social de la sociedad, vale decir de las clases media y trabajadora, la clase pensante, para que esos espacios fueran ocupados por una nueva casta dirigente y el lúmpenproletariado que vota por ella.


Esta siembra de odio se junta con la ruina del aparato económico, el avance de la inflación, la explosión de la inseguridad y la destrucción de la infraestructura para crear una población absolutamente dependiente de un Estado que, a su vez, es totalmente dependiente de un único producto de exportación: el petróleo.


A diferencia de otros experimentos comunistas en los que la productividad económica de la sociedad es indispensable para su sustento, la revolución bolivariana cuenta con la riqueza del oro negro que solo tiene que extraerlo y venderlo, los réditos repartirlos en una sociedad clientelar y el superávit ser embolsillado por los líderes y la élite dirigente. Este Estado comunista no requiere producir nada, simplemente vive de la renta y lo necesario se importa. El modelo perfecto con las condiciones perfectas para el control de la población y el expolio.


La siembra de odio es crucial dentro del plan y este no se manifiesta únicamente en el terreno propiamente político sino también en el de la delincuencia exacerbada: en la limpieza social de la “lucha de clases” que representa el crecimiento en 3,5 veces la tasa de homicidios y ya lleva 200.000 muertos, es decir, 135.000 más que los que habría de haberse mantenido la tasa de 19 asesinatos por cada cien mil de 1998 y que ahora alcanza 67 por cien mil, por ejemplo.




En estos días celebramos que la fiesta de Los Diablos Danzantes de Venezuela fue elevada a la categoría de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO (ONU), lo cual trajo a la mente la relación con la división que vive nuestro país. Esta fiesta que se realiza antes del Corpus Christi católico, simboliza el enfrentamiento entre el bien y el mal, del mundo dividido bajo esa visión maniquea, en el que el bien es siempre victorioso. El odio es indispensable para dividirnos en bien y mal, en buenos (nosotros) y malos (ellos), razón por la cual al más rancio estilo stalinista y hitleriano fue inoculado en nuestro país. Y es que la palabra “diablo” significa exactamente eso: “división”. Proviene del Griego Antiguo “diabolos” y este de diabólico o “diabollein” que también significa “desgarrar, dividir”, y pasó a la Biblia bajo el nombre hebreo de Satán, que significa exactamente lo mismo: el que calumnia y divide.


Hay diablos sueltos en Venezuela





Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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