lunes, 17 de diciembre de 2012

Abstención




Se estima que una de las principales causas del revés electoral para la oposición en las pasadas elecciones regionales para gobernadores del 16 de diciembre, fue la elevadísima abstención. Por esta razón surgieron las acusaciones e incluso los insultos contra quienes no votaron, por haberle entregado la victoria en bandeja de plata al oficialismo. En las redes sociales pudimos ver expresiones como “irresponsables, indolentes, vende patria”, entre otras.


Votar es una obligación, un deber ordenado por la Constitución. Sin embargo, reside en el sistema y en el líder la responsabilidad de convocar efectivamente a los votantes a ejercer lo que también es su derecho. El elector venezolano tiene suficientes razones para ser suspicaz de un sistema electoral que, a su juicio, no ofrece las suficientes garantías de neutralidad y pulcritud, o peor, que es abiertamente fraudulento.


En atención a esta duda bien fundada, el liderazgo opositor ofreció en el pasado para las elecciones presidenciales garantías de que velaría por la limpieza del proceso, defendería los votos opositores y que a tal fin auditaría y presentaría al país la totalidad, el 100% de las actas debidamente auditadas con sus Constancias de Verificación Ciudadana. Esto jamás sucedió. La derrota electoral del 7 de octubre, proceso en el que hubo una altísima participación, y las extrañas circunstancias que lo rodearon, crearon la apatía que llevó a la abstención del 16 de diciembre. 


Es labor del líder captar el interés de la masa electora, elevar su entusiasmo, y convencerla de que deben votar por él en razón de las bondades que ofrece su opción. No es la masa un cúmulo de borregos cautivos y sin conciencia que acude ciegamente a votar bajo la extorsión “voten por mí pues yo soy la única alternativa que tienen, si no, gana su adversario”. En un escenario como el venezolano, el líder debe presentar además, el compromiso de que defenderá los votos que recibe y efectivamente hacerlo. Pero el liderazgo opositor le falló a su pueblo cometiendo graves errores el 7 de octubre, cuando actuó de maneras que levantaron las sospechas de sus seguidores. Todavía no existe explicación plausible, por ejemplo, para el silencio que mantuvo por horas esa noche luego de haberse manifestado triunfal al comienzo de la misma. Y como se ha mencionado, las actas de votación auditadas que prometió al país todavía no las ha presentado, acto que aclararía ante los suspicaces cualquier duda acerca de los hechos y sus procederes.


Esta misteriosa conducta del liderazgo ha arrojado serias dudas acerca de su honestidad (dudas que no comparto) que han erosionado terriblemente la confianza del elector. Muchos decían “¿votar otra vez para que mi voto se lo den a Chávez y los de la MUD lo permitan?” y cosas parecidas. Se ha llegado a elaborar teorías de que existe un complot entre la MUD y el gobierno para que a cambio de ciertos beneficios, esta colabore en su legitimación a través de elecciones fraudulentas. Esto, estoy seguro, no es cierto.

No me he cansado de insistir: “no dudaré de la honestidad de los líderes de la MUD, pero por favor, por el bien de todos, presenten las actas que prometieron”. Por cierto, llamó la atención la declaración de Ramón Guillermo Aveledo en la noche del 16 de diciembre en el sentido de que esta vez examinarían hasta la última acta. El 7 de octubre aceptaron la derrota sin revisar ni una.


¿Quién es el responsable de la alta abstención y la consecuencial derrota, el elector apático, desencantado,  decepcionado, suspicaz de su liderazgo o el liderazgo que no ha obrado con claridad, ha cometido graves errores y no ha sabido conservar la confianza del elector?


No debe perderse de vista que la unidad es vital, que sin ella no sobreviviremos, pero un liderazgo cuestionado, con razón real o sin ella, atenta contra esa unidad que en este momento está resquebrajada debido a los hechos de los líderes en las pasadas elecciones presidenciales, cometidos bien por omisión, bien por error (reitero, no creo que por dolo). En aras de la unidad, los líderes deben cobrar conciencia de que son mutables. Para salvaguardar la unidad, o le hablan claro al país acerca de lo que sucedió el 7 de octubre, o deben dar paso a otras mujeres y hombres con capacidad, que en nuestro campo sobran. No podrían dar mayor muestra de compromiso y adhesión a la causa libertaria.



 

Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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