martes, 6 de noviembre de 2012

Secta






Los griegos antiguos definieron el concepto de “Oclocracia” como gobierno de la muchedumbre o turba y lo contrapusieron al de “Democracia”, gobierno del pueblo. La distinción es importante por varias razones, entre ellas porque el pueblo es una institución (del Estado), mientras que la turba es una masa amorfa sin propósito más allá de la venganza, el linchamiento y la posible solución de sus necesidades más inmediatas, si se quiere, fisiológicas. En su libro “Ponerología Política: Una Ciencia de la Naturaleza del Mal Asociada a Propósitos Políticos” (Ponerología: estudio del mal), escrito en reacción al comunismo y su adoctrinamiento en centros de estudios que sufrió en carne propia, el psiquiatra polaco Andrew Lobaczewsky acuña y define el término “Patocracia” como una enfermedad: gobierno de psicópatas (o sociópatas). 





En sus estudios sobre militarismo, Fernando Savater considera el fenómeno Mob (turba) y la conveniencia de la conformación del mismo para la consecución de los propósitos de los líderes militaristas nacionalistas fascistas (como es natural no distingue entre fascismo de izquierda y de derecha, principalmente, por que son uno solo). La turba es impulsada, en gran medida, por el sentimiento del odio contra un chivo expiatorio, un Cristo cualquiera.


Movido por lo que observaba en la escena política venezolana, desde 2001 consulté con mi tutor doctor Julio Aray, psiquiatra-psicoanalista, y con otros dos expertos, el muy lamentablemente fallecido Gonzalo González y Tomás Godoy Barrio. Discutimos en profundidad la ocurrencia del acceso de personalidades sociopáticas y psicopáticas al poder y su vocación asociativa para el logro de sus fines comunes y egoístas. Tuvieron a bien orientarme en tal estudio.



No pretendo hacer un análisis de este tipo de personalidades que tienen rasgos comunes pero no son exactamente iguales. Ambas comparten la capacidad de causar daño (sin que se clasifiquen como malvadas propiamente pues el malvado se representa la culpa y estas no; y que no siempre sean delincuentes), del narcisismo exacerbado y patológico, el egoísmo desmedido, la deshumanización, entre otras características, pero difieren en su comportamiento con respecto a las normas morales y legales: para el sociópata, sencillamente, no existen. En psiquiatría los han llamado “imbéciles morales” por su ausencia de moral. En aras de la brevedad usaré indistintamente los términos.


Lo importante a los efectos de lo que pretendo esbozar es que estos individuos trastornados tienden a asociarse para satisfacer sus intereses particulares. El FBI estima que un porcentaje importante de los más de 500 asesinos en serie que se piensa operan en Norteamérica, lo hacen en algún tipo de asociación. Este fue el caso de los famosos primos Buono y Bianchi, The Hillside Stranglers de California en 1977: se asociaron para violar, torturar y asesinar mujeres jóvenes. Otro es el de la infame Familia Manson, del psicópata Charles Manson, asesinos de Sharon Tate y su nonato. Aún otro famoso caso es el Tercer Reich. En él vimos personalidades que –además de la trastornada muy conocida de Hitler- incluía la de Hermann Göering, perverso sexual y adicto maníaco los opiáceos, y Martin Borman, quien participó en homicidios rituales y cuyo narcisismo manifestado en la violencia sexual es conocido, para nombrar solo a dos. ¿Y qué fueron Pol Pot y su Khmer Rouge? ¿Stalin y su banda? En la película "La Naranja Mecánica” Stanley Kubrik nos presenta un grupo de jóvenes sociópatas asociados para cometer sus fechorías.






Desde hace algunos años el también psiquiatra Franzel Delgado Senior ha sostenido que el chavismo (PSUV) se comporta como una secta fanática destructiva bajo un liderazgo socio-psicopático. Lo ha asociado con otra secta de esta naturaleza: la del reverendo Jim Jones. Sabemos bien que este grupo encontró su final en las selvas de Guyana cuando bajo órdenes de líder, 900 hombres, mujeres y niños cometieron suicidio colectivo. La secta chavista, que sólo consta de un liderazgo patológico vinculado por intereses personales económicos y de poder, y de una turba perturbada sumisa, ha demostrado vocación suicida votando por la autodestrucción. Y no quepan dudas, para matar sin sentir culpa como algunos lo hicieron en 1992 y en este gobierno (caso hermanos Fadull, por ejemplo), se requiere de este tipo de personalidad socio-psicopática.



El caudillismo juega un papel fundamental en la formación de esta clase de agrupaciones, máxime en una Venezuela signada por él desde hace más de 200 años. Y en bachillerato nos enseñaron que la figura del caudillo se relaciona con la del padre (posiblemente del que no se tuvo). La imagen del padre es fundamental en la definición de la personalidad del individuo, tanto como la de la madre. Es “abc” de Freud, quien lo analiza en diversos escritos, muy brillantemente en su análisis acerca de Leonardo Da Vinci.


La crisis estructural de la familia venezolana, en general, plagada por la paternidad irresponsable y aun, inexistente; por la mayor incidencia continental de ¡maternidad infantil!; por la lucha de madres heroicas pero ausentes que por ir a buscar el sustento dejan a sus menores a merced de los enfermos –incluyendo los sexuales- del barrio; madres que como una vez le dije a un amigo son la verdadera célula fundamental de la sociedad en Venezuela; posiblemente hace terreno fértil para el caudillismo populista de derecha o izquierda. Un porcentaje muy alto –incluyendo a su liderazgo- de venezolanos  o carecen de la figura de padre o la tiene muy debilitada, y por lo tanto busca sustituto o en una relación erótica con un uniforme militar o con algún habitante de las Antillas Mayores. (1)


En 2001 tuve diáfanamente claro que –más que político- el problema de la sociedad venezolana era psiquiátrico, y pienso que los hechos recientes confirman esta tesis. Independientemente del fraude electoral, es incuestionable que el líder que ha fracasado estruendosamente en el gobierno; que ha promovido el hundimiento y ruina de la economía con uno de los índices de inflación más elevados del planeta; que ha abonado el terreno para que no menos de 160.000 madres, 400.000 hermanos, y quién sabe cuántos amigos lloren a sus muertos asesinados por el hampa; que permite que sus ciudadanos, desde el humilde habitante de Mamera hasta el potentado del Country Club sean secuestrados a diario; que por falta de electricidad ni sus cadenas televisivas pueden ser disfrutadas por su amante audiencia; en fin, que tiene sumido al país en el fango del caos; goza de un número importantísimo de fanáticos seguidores. Esto solamente lo explica la existencia de una relación absolutamente patológica entre la turba empobrecida y su amo.



Luego, es indispensable que la UNIDAD opositora comprenda que no se enfrenta a una institución, a un partido político, sino a una secta cuyo liderazgo sociopático no conoce el límite de las normas y la moral (si existen dudas con respecto a esto invito a pensar qué significado tiene el apodo cariñoso de “La Bicha” para referirse a su propia Constitución, o qué hizo con la prohibición expresa en el resultado del Referéndum 2007 de instaurar las reformas comunistas; nada reviste carácter legal más elevado que la decisión de un pueblo). Que no bastan los mecanismos pseudo-institucionales –incluyendo al voto- que ofrece la ficción de Democracia socialista, y que la movilización ciudadana, de todo individuo, es la única forma de enfrentar a un monstruo que hasta características suicidas tiene. Es la hora de la Resistencia Civil, pacífica, no violenta, lícita, decidida, indoblegable; es, como complemento al voto, lo único que nos queda.

(1) El tema relacionado con la ausencia de figura materna lo he analizado en mis artículos "La Madre" y "¿Madre Revolución?"

Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

1 comentario:

  1. Interesante lo que planteas sobre la genealogía del mal que padecemos. No es heroíca la presencia de la madre si la del padre ha permanecido ausente. Por ahí está el origen del culto desmedido a un sociópata como Hugo Chávez.

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