sábado, 17 de noviembre de 2012

Por Qué Votar




Desde que tuve la absoluta convicción de que en el Referéndum Revocatorio de 2004 hubo un descarado fraude electoral, llegué a la conclusión de que con la presencia de opositores en los centros electorales y sus votos se legitimaba la dictadura, y se colaboraba en sostener la ficción de Democracia que es lo que ha sido el sistema político Venezolano en los últimos 13 años. Ciertamente, nada más sencillo para el régimen que afirmar que las interminables colas de adversarios “son en realidad” de seguidores del gobernante, por ejemplo, y en consecuencia voltear los resultados electorales.

Pero algo tuve claro, a menos que se lograra una abstención total, cercana al 100%, no tendría éxito la estrategia abstencionista para poner en evidencia y deslegitimar a la dictadura. Sin embargo, tal consenso era imposible. En todo caso, la estrategia de no votar corresponde a otro momento en la Historia, no al presente. Por lo demás, la experiencia de las elecciones anteriores en las que se jugó a la abstención demuestra el total fracaso de esta estrategia.

Ahora, ante los extraños hechos del 7 de octubre pasado y la conducta objetable –o por lo menos oscura- del liderazgo opositor, un importante sector de la oposición se muestra decepcionado y contemplando la alternativa de no ejercer su deber y derecho al sufragio, no sin razón dicen “no colaboraré más con esta sinvergüenzura; con mi voto y un liderazgo blandengue no seguiré legitimando la barbarie”.

Pues bien, a quienes se muestran decepcionados y en alguna medida perdidos con respecto al camino a seguir les digo “debemos votar, no nos queda más opción”. Pero no solamente votar: El voto y la resistencia civil pacífica pero decidida es lo único que nos resta. No obstante, ni el voto ni la resistencia no violenta de forma autónoma son suficientes para enfrentar a este monstruo de mil cabezas. Uno es complemento del otro.



El voto solitario sin el complemento de acciones necesarias para exigir un mínimum de condiciones equitativas para el proceso electoral y la defensa del mismo, no conducirá a nada. La protesta sin el respaldo del voto, también conducirá al fracaso. Por una parte, no podemos lucir ante el mundo como rebeldes sin control que sólo saben protestar y no comportarse civilizadamente por los canales regulares que brinda la supuesta Democracia que buena parte del planeta todavía piensa existe en Venezuela. Por otra, es indispensable dejar constancia en alguna parte de cuántos realmente somos y de cómo pensamos. Dejar, por lo menos, las papeletas de votación con la opinión de la mayoría como prueba de la realidad. Es imposible en este estado de desarrollo de la Civilización y la Informática desaparecer toda la evidencia de lo que realmente aconteció. Y no está de más que ellos, nuestros opresores, sepan en realidad cuántos somos.



Aunque es en apariencia plausible, el argumento de que con el voto se conservarían los espacios ahora detentados por la oposición es falaz. Con la promulgación de la nueva Ley de Comunas (por cierto, absolutamente anticonstitucional y contraria a lo dispuesto por el pueblo en el Referéndum Consultivo de 2007) los gobernadores y alcaldes que resultaren electos serían poco más que figuras decorativas. Y usar esta clase de argumentos falaces resultará contraproducente a la causa. En este punto es indispensable destacar que exigir respeto al resultado de ese referéndum es crucial pues la Ley de Comunas sería violatoria del resultado de esa consulta y si se suspendiere su promulgación entonces sí sería válido el argumento de la preservación de espacios.



Reitero que es hora de que el liderazgo opositor active al pueblo en el justo reclamo por sus derechos; por un REP depurado; por el cese del ventajismo fraudulento del oficialismo; por respeto a lo manifestado por el pueblo en el Referéndum 2007; por respeto a la Constitución y las leyes. No basta con que ese liderazgo nos solicite el voto para preservar una gobernación o una alcaldía con una conducta que parece hacerle el juego a los intereses del régimen, pues sus propios intereses coinciden circunstancial y temporalmente en el cortísimo plazo. No hace falta ser Walter Mercado para predecir que en el mediano y no muy largo plazo los mencionados espacios que se pretenden conservar se perderán indefectiblemente, bien a manos del fraude que no se ha enfrentado con decisión bien por el avance del Estado Comunal.

O se activa la protesta pacífica no violenta en defensa de nuestros derechos ciudadanos, reitero, en defensa de los resultados del Referéndum 2007 y de elecciones limpias, o todo, comenzando por el voto se perderá. Y no existe otra vía que la no violenta para el logro de la libertad. Rechazo las armas y estas las tiene nuestro adversario. Así que no queda otro camino que votar y protestar.





Y dejo a la responsabilidad de cada uno de mis compatriotas su decisión soberana de sufragar así como la de los líderes de cumplir a cabalidad su rol haciendo a un lado sus intereses particulares. Sé que votaré y trataré de luchar a favor de la decisión de hacerlo; sé que cumpliré con mis hijos y mi país. Queda en aquellos que conducen nuestros destinos la decisión de tomar el camino correcto, de cumplir con quienes los respaldamos. Sus conciencias, sus hijos y Dios les exigirán cuentas. Las mías estarán claras.


No votar en las presentes condiciones sería violencia, pues eventualmente conduciría a ella.





Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

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